Cannabis libre, no liberal

Por Daniel Seixo


Hará falta una habitación que no abandonarás. Música relajante. Sopa de tomate, 10 latas. Sopa de champiñón, 8 latas, para tomar en frío. Helado de vainilla, tamaño familiar. Evacuol, un frasco. Paracetamol, enguaje bucal, vitaminas. Agua mineral, bebida isotónica. Pornografía. Un colchón. Un cubo para la orina, uno para las heces y otro para los vómitos. Una televisión y un bote de Valium, que ya he obtenido previamente de mi madre, que es también, a su modo casero y socialmente aceptable, una drogadicta. Y ahora estoy listo. Sólo necesito un último chute para aliviar el dolor mientras el Valium hace efecto.

Trainspotting

La ilegalidad del cannabis es horrible, un impedimento a la completa utilización de una droga que ayuda a producir la serenidad y revelación, sensibilidad y camaradería que necesitamos tan desesperadamente en este mundo cada vez más loco y peligroso.

Carl Sagan publicado bajo el seudónimo Mr. X

En los sesenta la gente tomaba ácido para hacer el mundo raro. Ahora que el mundo es raro, la gente toma Prozac para hacerlo normal.

Damon Albarn

A finales de la década de los 60, el joven galés Howard Marks probaba por primera vez el cannabis. Lo que en principio podría haber supuesto simplemente una experiencia más para un estudiante de la Universidad de Oxford, pronto pasaría a convertirse sin previo aviso en un autentico quebradero de cabeza para las autoridades antidroga de Estados Unidos y en el fulgurante auge del que sería uno de los grandes héroes populares para los consumidores de cannabis de todo mundo. Casi de forma instantánea tras esa primera experiencia con la droga, el joven estudiante de física nuclear y filosofía, quedó irremediablemente seducido por los efectos del cannabis, hasta el punto de que algo en su interior le hizo encaminarse a una delirante carrera como “suministrador” de marihuana que lo llevaría del tráfico a pequeña escala entre amigos y conocidos a verse involucrado en una gran red capaz de trasladar hasta treinta toneladas de droga desde Pakistán o Tailandia hasta Estados Unidos y Canadá. Howard Marks pasaba de este modo a convertirse en Mr.Nice, para unos un peligroso narcotraficante, para otros simplemente un activista que intentó, con métodos poco convencionales, dar a conocer a un precio razonable la experiencia del consumo de cannabis al gran público.

La experiencia de Howard Marks es una entre tantas otras relacionadas con una droga que lleva demasiado tiempo entre nosotros como para recordar sus orígenes exactos, podríamos en este artículo retrotraernos a la cueva de Shanidar, la Cultura de los Vasos Campaniformes, el Kykeon de Deméter, los comedores de hachís de las mil y una noches o incluso a los primeros estudios de Willian Brooke O’Shaughnessy. Pero lejos de profundizar en tediosos y superados debates y exposiciones históricas, médicas o filosóficas sobre las drogas y concretamente sobre el uso y consumo del cannabis, permitanme dar un pequeño gran salto expositivo, para situarme directamente en el espacio que actualmente nos ocupa: el de la paulatina regularización del uso de esta sustancia en el mundo.

A nadie se le debe escapar ya a estas alturas, la creciente ola de regularización del cannabis que en distintas formas ha propiciado marcos de consumo y cultivo en numerosos estados de nuestro planeta. Países como Uruguay, Nueva Zelanda, Canadá, Costa Rica, Holanda, Colombia, Portugal o incluso el antaño capitán antidroga Estados Unidos, el cannabis ya goza de una legislación que parece comenzar a romper definitivamente el discurso político prohibicionista, nacido precisamente en los años 20 en Norteamérica, con el objetivo de criminalizar y acorralar legalmente a las poblaciones afroamericana y méxicana a las que socialmente se les  atribuía el consumo de dicha sustancia.

Bajo el paraguas de la Acta Harrison, la inquisición comandada por Harry J. Anslinger y la inestimable ayuda del periodismo y la publicidad altamente sensacionalista, nacía de ese modo la guerra contra el cannabis. Un conflicto en el que las grandes farmacéuticas, las compañías químicas especialmente interesadas en desprestigiar al cáñamo para poder substituirlo por nuevos productos derivados del petróleo y las poderosas tabacaleras, no dudaron en aportar su grano de arena para proteger sus propios intereses económicos aún a costa de criminalizar al cannabis y a sus consumidores.

El OECCC solicita que una ley del cannabis medicinal, clara, transparente y que incluya el autocultivo medicinal, así como la tenencia y uso de cannabis medicinal

Pero los tiempos cambian mis amigos y pese a los cerca de tres billones de dólares que el gobierno estadounidense ha dedicado a la lucha contra las drogas, de acuerdo al Informe Mundial sobre Drogas del año 2015, cerca de 183 millones de personas habían consumido cannabis durante el año anterior al estudio, lo que convertía a esta sustancia en la droga ilegal más consumida del planeta. No debemos por tanto bucear demasiado en los motivos concretos para conocer el cambio de postura de la administración estadounidense a la hora de abrir la mano a un negocio que en el año 2017 ha manejado unas cifras cercanas a  los 9.000 millones de dólares en ventas en Estados Unidos. Nunca se había tratado de nuestra salud, ni tan siquiera de la peligrosidad del cannabis o sus potenciales riesgos para la sociedad, en realidad se ha tratado siempre de poder y economía. Con los beneficios económicos, la guerra contra las drogas de  Reagan, ha pasado en apenas unas décadas a dar paso al American way of drugs. Una industría lucrativa en la que los intereses económicos y los juegos de poder hacen su puesta en escena para en demasiadas ocasiones intentar guiar los nuevos marcos de cara a transformar a la nueva realidad del cannabis en un marco cerrado al autocultivo.

Y es aquí en donde entramos en un punto que realmente debe interesar a todos los consumidores de cannabis en España. La Junta Directiva del Observatorio Europeo del Cultivo y Consumo de Cannabis (OECC) ha presentado recientemente el informe “Licencias para el cultivo de cannabis, análisis a partir de las últimas informaciones dadas por AEMPSE”, un estudio que viene a detallar la grave falta de transparencia y las contradicciones del Gobierno de España a la hora de garantizar un procedimiento administrativo claro que proporcione un acceso en igualdad de oportunidades a las licencias de cultivo en nuestro país.

En un acto reivindicativo ante las instalaciones de Monsanto en Cartagena, lugar en el que según diferentes fuentes del citado organismo se sitúa la única licencia concedida para la producción y exportación de cannabis con más del 0.2% de THC, el OECCC ha denunciado la total opacidad de un proceso de concesiones que ha llevado a que esta licencia originalmente concedida a Alcaliber, se haya traspasado finalmente a Linneo Health tras el proceso de venta de la farmaceutica al fondo británico GHO. Una actuación con más sombras que luces, que propicia un peligroso precedente para la adjudicación de licencias de cultivo en nuestro país, al dejar la puerta claramente abierta al modelo liberal más depredador y el caciquismo más rancio en este proceso.

Por ello, desde OECCC hacen especial hincapié en la necesidad de una ley de cannabis medicinal completa e integral que deje sitio a las personas y no vincule la producción de cannabis exclusivamente a grandes conglomerados a quienes se les adjudica la licencia tras un proceso cuanto menos espurio, llegando a asegurar que Ni siquiera a los parlamentarios se les informa en detalle, ya que en cuatro respuestas al Gobierno se ofrecen 4 cifras diferentes, que tampoco concuerdan con lo recientemente expuesto en la web de la AEMPS. Así el 12 de diciembre del 2017 habla de 6 licencias a 5 empresas, el 15 de enero de 2018 de una licencia, el 15 de febrero del 2018 de 12 licencias y el 28 de diciembre de 8 autorizaciones a 7 empresas. Además la información facilitada en estas 4 respuestas tampoco coincide con la publicada en la página web de la AEMPS desde el 18 de diciembre del 2018. Así en las respuestas del Gobierno solo aparece una empresa con Licencia de producción, Alcaliber. En cambio en la web de la Agencia esta licencia aparece atribuida a Linneo Health. También aparece Cafina con licencia de producción y además aparece una empresa no citada en las respuestas al Gobierno, Oils4Cure Sl. Además en la web de la Agencia no constan dos empresa que si aparecen las respuesta del Gobierno, Parque Etnográfico Pirámides de Güimar S.A.U y DJT Plants. A esto se suma que dos de las respuestas al parlamentario Miguel Vila, fechadas el 15 de enero de 2018 y 15 de febrero de 2018, ni siquiera han sido publicadas en la web del Congreso.”

Ni siquiera a los parlamentarios se les informa en detalle, ya que en cuatro respuestas al Gobierno se ofrecen 4 cifras diferentes, que tampoco concuerdan con lo recientemente expuesto en la web de la AEMPS

Bajo el paraguas de un marco legal a todas luces desfasado para la regularización del cannabis en el estado español y con la aparente intención de sustituir décadas de cinismo y criminalización de los consumidores de cannabis, por décadas de privatización del cultivo y mercantilización del consumidor, el gobierno actual gobierno socialista debe dar respuestas creíbles y concretas a una situación que puede marcar el marco legal para el consumo y el cultivo de cannabis en España de cara a las próximas décadas.

Desde el Observatorio Europeo del Cultivo y Consumo de Cannabis se asegura que una vez las licencias ya se han comenzado a conceder y por tanto existen unas pautas mínimas, ahora es el momento de cumplir con el ordenamiento jurídico, es decir, que la administración, tal y como es su obligación, debe establecer un procedimiento administrativo debidamente delimitado para que cualquiera de las empresas que quieran desarrollar estos proyectos lo puedan hacer en igualdad de condiciones, dentro de un margen que aporte transparencia y seguridad jurídica. Con ello se podría establecer un marco para la gestión de una regularización general sobre el cannabis en nuestro país, que termine con las actuales restricciones y sanciones a sus consumidores. Pese a las carencias e injusticias de nuestras leyes, debemos caminar de cara a un modelo más cercano a la filosofía inicial de Howard Marks que al ansía capitalista de farmacéuticas y conglomerados como Purdue.

“A pesar de las recientes recomendaciones de la OMS de 24 de enero de 2019 a la ONU sobre las evidencias de que el cannabis esta clasificado inadecuadamente en las listas de los convenios internacionales, no se permite el autocultivo de los usuarios medicinales que siguen sufriendo procedimientos penales, sanciones por tenencia y conducción e incluso en algunos caso penas de prisión. Al mismo tiempo, se autoriza, en régimen de oligopolio, el cultivo a grandes compañías, algunas de ellas internacionales u operadas desde paraísos fiscales, con criterios poco claros. El OECCC solicita que se acabe esta bipolaridad con una ley del cannabis medicinal, clara, transparente y que incluya el autocultivo medicinal, así como la tenencia y uso de cannabis medicinal. ¡Primero las personas, luego las empresas!”

 

Observatorio Europeo del Consumo y Cultivo de Cannabis

hola@observatoriocannabis.com www.observatoriocannabis.com

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