Los caballistas

Por Daniel Seijo

«Salvaré a España del marxismo cueste lo que cueste. No me importaría matar a media España si tal fuera el precio a pagar para pacificarla.«

Francisco Franco

«El franquismo ha sentado las bases para una España con más orden. De hecho, no hay más que comparar la España de hoy con la de los años treinta.«

Manuel Fraga Iribarne

«Si los españoles hablásemos sólo de lo que sabemos, se generaría un inmenso silencio, que podríamos aprovechar para el estudio.«

Manuel Azaña

«La guerra se pierde cuando da uno la guerra por perdida. El vencedor lo proclama el vencido: no es él quien se erige en vencedor. Y mientras haya espíritu de resistencia, hay posibilidad de triunfo«

Juan Negrín

Todo lo que exalta y expande la conciencia es bueno, mientras que lo que la deprime y la disminuye es malo

A imagen y semejanza de las tropas caballistas que durante el genocidio que supuso la Guerra Civil para nuestro estado patrullaron los pueblos de Andalucía a la caza de hombres y mujeres libres, la ultraderecha y la derechona, retoman hoy de nuevo viejas costumbres y hábitos nunca del todo perdidos para defender su cortijo, ese espacio al que otros, con mayor o menor convencimiento, nos referimos como estado español.

No necesitan hoy los acaudalados empresarios, ni los viejos aristócratas, una cohorte de legionarios para defender sus intereses, ni tampoco son ya los falangistas del agrado de la jet set. Los tiempos han cambiado y por ello los «moros» que vienen a España, lo hacen para ellos en mayor medida para recoger fresas en los campos andaluces o simplemente para buscarse la vida a duras penas, despreciados como tantos otros por la vieja sangre española que un día los utilizó de fuerza de choque contra la democracia y la libertad. No son ya los mejores jinetes de la aristocracia sevillana cuerpos paramilitares dedicados a la caza de rojos y desviados, ni los toreros, banderilleros y picadores lidian durante las noches crueles matanzas contra los ayuntamientos del Frente Popular. Hoy el asesinato de inocentes animales, como parte de su ocio o como profesión, afortunadamente desvía los impulsos asesinos de los viejos fascistas lejos del pueblo. No resulta ya necesario el derramamiento indiscriminado de sangre para domesticarlo.

Prefieren todos estos patriotas de pulserita y bandera una España decadente, un estado roto, una sociedad temorosa y apesadumbrada a una tierra libre, proletaria y orgullosa

Los cambios de chaqueta, los pactos bajo el secreto de estado, los maletines, los asesinatos, los desaparecidos, los torturados, los comprados, los acusados, los amenazados, los silenciados, todos ellos fueron y son necesarios para mantener intacto el relato del viejo príncipe fascista al que la transición beso y se convirtió en demócrata. Un cuento digno de las mejores novelas infantiles, impecable en su planteamiento y su desarrollo, hasta que la corrupción, el alcohol, las meretrices y las multimillonarias mordidas arabescas se metieron por medio. 

A día de hoy, pocos son los que se tragan sin rechistar el cuento de la transición, ya nadie olvida deliberadamente las corruptelas, las traiciones o los personajes que durante aquel período se enriquecieron a costa de todos los españoles. No existe algo así como un pacto común por el bien de todos y los Pactos de la Moncloa, oportunamente hoy rescatados, nos suenan a muchos a rancio, a «quiero y no puedo» de la izquierda y a apuesta segura hasta nuevo aviso de la derecha. Un alto el fuego momentáneo, que como siempre, comienza a romperse de nuevo por parte de los poderes fácticos que gobiernan cualquier estado con mayor o menor interés directo por la política. 

Los tiempos están cambiando, las aguas comienzan a bajar revueltas y ante el creciente temor ante el posible descontento y el hartazgo social, existen quienes no pierden tiempo en mover ficha. Los Abascal, Negre, Seguí, Campos o Inda de turno simplemente son sus voceros, sus muñecos, oportunamente posicionados sobre el tablero, su toma de contacto y avanzadilla. La deriva antidemocrática, las fake news, la duda o el miedo, simplemente son estrategias previas al desastre, el abono para el terreno que vendrá después. No pierdan el tiempo razonando lo irrazonable, ni se confíen ante el deleznable oportunismo o la constante mezquindad de tales elementos, porque a los muertos del 11M o a los del coronavirus, se sumaran los nuestros si es preciso, si el tiempo lo requiere. No hablo de un inminente guerracivilismo armado, sinceramente no lo espero así al menos, pero sí me refiero a nuevos y cercanos tiempos de recortes, paro, precariedad, miseria y abandono institucional. Hablo del neoliberalismo económico que pretende imponerse en un futuro como falsa solución de emergencia bajo la premisa del patrioterismo y la táctica del golpe de estado, sea este judicial o mediático. Como ya he dicho antes, los fusiles no serán necesarios, ya que los tiempos han cambiado. Las resistencias sin duda también han menguado, contribuyendo definitivamente a ello.

A día de hoy, pocos son los que se tragan sin rechistar el cuento de la transición, ya nadie olvida deliberadamente las corruptelas, las traiciones o los personajes que durante aquel período se enriquecieron a costa de todos los españoles

Y no se equivoquen, no son amplias nuestras fuerzas, ni tampoco nuestras herramientas. Muchos de los que hoy se dicen en esta trinchera del pueblo son los mismos que forzaron la entrada del partido de Abascal y los suyos en los debates electorales sin motivo legal alguno, los que en busca de audiencia, o quizás oscuros intereses, los auparon a los parlamentos y tras ello, crearon ficticios nuevos campos en el periodismo para «intentar contenerlos», cosa que cada día se antoja más improbable, y de paso conseguir culpar de todos los males al gobierno ruso.

Los viejos caballistas, los fascistas de siempre, acuden hoy al terrorista con pluma, al autoritario parlamentario o al bulo en redes y la ignorancia, dejadez y odio fomentado por su sistema económico y social para implantar su agenda, para sembrar el campo yermo en el que únicamente tiene sentido su gobierno en nuestro estado, sobre nuestra libertad. Prefieren todos estos patriotas de pulserita y bandera una España decadente, un estado roto, una sociedad temerosa y apesadumbrada a una tierra libre, proletaria y orgullosa. Esa es su herejía y nuestra condena, la de un patrioterismo barato únicamente sintiente en el desprecio a la otra mitad de España, en la venganza, el odio y el genocidio, si llegado el caso hiciese falta.

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