Bruno Sgarzini: «Con la crisis del COVID19 el chavismo ha salido reforzado como fuerza social cohesionada y organizada de Venezuela».

Como viene siendo la norma general, que podría ser ya tradición, ante cualquier fenómeno de movimiento de la estructuración geopolítica e incluso de cualquier ínfimo proceso interno de cualquier país, Venezuela se encuentra en el ojo del huracán de las grandes corporaciones mediáticas. Siempre, obviamente, de forma superficial. Aunque en estos instantes lo superficial roza el más ínfimo sadismo, porque en el contexto de la pandemia que acaece a nivel global lo que se obvia son vidas humanas.

Ante este panorama desolador a nivel informativo destaca el absoluto silencio por parte de estos mismos medios sobre el contexto y las medidas que se están llevando a cabo, y que en definitiva pueden llevarnos a analizar sobre el pasado, el presente y el futuro del país.

A pesar de que los tiempos discurridos recientemente auguraban un mal desenlace frente a esta crisis actual para el estado venezolano, la estrategia llevada a cabo está resultando absolutamente acertada. Hecho que se contrapone diametralmente contra toda demonización segmentada, consensuada bajo un sesgo cognoscitivo hegemónico.

Como nos cuenta el periodista argentino, quién reside en Venezuela desde hace siete años, Bruno Sgarzini, Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2019 como parte del equipo de Misión Verdad, «lo más interesante de esta estrategia es que ha sido triangulada entre Cuba, Venezuela y China para atajar de raíz está pandemia».

No obstante, y antes de adentrarnos en esclarecer cuales han sido estas medidas, debemos retrotraernos por tal de comprender y dilucidar los aciertos de una gestión política, que a pesar de las dificultades, viene buscando soluciones a lo largo de su extenso mandato.

En el año 2016 el gobierno de Venezuela «puso en funcionamiento – explica Sgarzini – el Carnet de la Patria, que es una especie de Big Data venezolano que cuando, tras registrarte y pasar todos tus datos, se genera un usuario en el sistema patria, que es una plataforma venezolana la cual te pide responder una serie de cuestionarios frecuentemente para chequearte. A partir de ahí cobrar los bonos sociales que gobierno suelta de forma segmentada y de acuerdo a la población que está tipificada en esta base de datos. Por ejemplo, si una familia dice que tiene 7 miembros familiares, una embarazada, un discapacitado, uno o dos niños y no tiene un ingreso que le alcance el gobierno identifica que necesita ayuda y recibe un bono económico».

Es a través «de este sistema patria que el gobierno hizo un cuestionario, aprobado por la OMS, para identificar la gente que pudiese tener síntomas del coronavirus y así poder brindarles una atención personalizada a domicilio. Casa por casa. Además, también se identificaron los grupos más vulnerables. Después se ponen en marcha los consejos locales de abastecimiento y los jefes de calle. Estos se encargan también de identificar a su alrededor de su comunidad otras posibles personas con algún tipo de diversidad, dependencia o patología previa. A través de esto, y del sistema patria, se identifican el mayor número de posibles casos y van casa por casa los jefes de calle y los médicos comunitarios, cargados de tests, que se trajeron de China, para hacer estas pruebas en tiempo real e ir descartando los casos. Esto ha permitido identificar la mayoría de los casos, aislarlos y tratar de atajar su cadena de contacto para así de cortar la cadena de transmisión».

Sin lugar a dudas no puede ser desdeñable la labor de cooperación y amplío consenso que se ha establecido para hacer frente al virus. Incluso, como advierte Sgarzini, «la aceptación de las medidas es bastante alta también por parte de los opositores». Según varias encuestas las decisiones que está tomando el gobierno respecto a la situación representan «una aceptación de alrededor del 70% por ciento de la población».

Tanto este sistema de triangulación, como lo llama Sgarzini, entre Cuba, Venezuela y China, como el amplio respaldo sobre el asunto que atañe «ha conseguido que no desborde el sistema hospitalario venezolano que ya está bastante saturado hoy por hoy, en lo público. Es decir, el sistema tiene una infraestructura muy dañada y ha sido afectado por los años de crisis, el bloqueo y las desinversiones.

«Así entonces, con las medidas tomadas por el gobierno venezolano, se ha obtenido más tiempo para obtener más camas, nuevos centros asistenciales y también algo inédito en estos últimos años, que es lograr incluir en este plan a las clínicas privadas, que en otros tiempos no habían participado en ningún tipo de plan que tuviese que ver con la salud pública en Venezuela».

Aún y así en la prensa internacional sigue poniéndose el foco en las soflamas y designios de quienes dirigen la atención y es por ello relevante analizar hasta que punto nuestra visión, a partir de ellos, no está distorsionada.

¿Qué papel está jugando actualmente la oposición en la realidad tangible?

«La oposición venezolana, la fracción liderada por Guaidó, en un primer momento – desarrolla por tal de aclarar Sgarzini – trató de politizar la situación y organizar un sistema de conteo de casos a la vez que intentaba promover una matriz de pensamiento entorno a la idea de que se iba a generar una gran tragedia en el país».

Matriz que sin duda es la que ha logrado percibirse y exponerse más allá de las fronteras venezolanas. «Pero – continúa Sgarzini – al ver el gran consenso que se generó en el país, que fue también de presión hacia la oposición por parte de la población, para que se sentara con el gobierno a discutir consensuadamente para que así se permitiese el acceso, por lo menos, de dinero al país. Esta sección opositora quedó muy mal parada tras la pedida de crédito al FMI, que no apoyó Guaidó».

La postura de Juan Guaidó repitió los mismos mecanismos que vienen dándose hasta la saciedad con el discurso de «no lo apoyo porque es maniobrado por la dictadura de Maduro y no tiene que ser así». De este modo, «se plegó a su vez, esta parte de la oposición, a la estrategia de Estados Unidos de crear una operación en la costa venezolana, el pedido de captura de Maduro, y otros dirigentes, y por querer instaurar el llamado gobierno de transición que sea designado por un consejo de estado nombrado por la Asamblea General de Guaidó».

Por otra parte, y contra todo aquello que pueda parecer como certero en las portadas de los grandes medios, el resto de la oposición, la que es mayoría democráticamente, «está abogando por una postura de consenso, para que se relajen las sanciones».

Es está la facción que a nivel real, «después de la pandemia, va a intentar regularizar que se vaya a una nueva convocatoria parlamentaria para así comerse a la opción liderada hasta ahora por Guaidó y así poder garantizar una alternativa coherente. Parece que este es el panorama más o menos abierto con figuras como el pastor evangélico Javier Bertucci, Ochoa Antich, Felipe Mujica o Claudio Fermín, entre otros».

A pesar de las circunstancias, de una crisis global, el acecho mercantil sigue vigente en todo su esplendor. En este marco «Estados Unidos – dice Sgarzini – está iniciando una campaña de presión contra Venezuela similar a la que empezó en 2019. Pretende generar una serie de medidas que vayan a crear un contexto de enfrentamiento hostil ante la pandemia y la bajada del petróleo para ahogar al país y esto lo dijo hace dos días William Brownfield, exjefe de la DEA y ex embajador de Estados Unidos en Caracas».

Cabe recordar que Brownfield «afirmó que este era el momento perfecto para presionar a Venezuela, para que se acepte y apueste por la propuesta del gobierno de transición designada por el Consejo de Estado ‘fantasmagórico’, porque no existe en la constitución, bajo la figura que colocó mismamente los Estados Unidos nombrado por la ‘Asamblea de Guaidó’».

Ante la pregunta de cuales serían las nuevas medidas de presión del gobierno norteamericano, Sgarzini lo tiene claro: «Mayores sanciones, como anunció ya Elliot Abrams. Sanciones a terceros, para cortar los transportes de buques petroleros venezolanos, cortar las transacciones que tengan que ver con alimentos o de estructura estratégica en cuanto a electricidad, agua y cableado telefónico».

Es cierto, por desgracia, que este proceder, en mayor o menor medida, tampoco resulta novedoso en cuanto a la posición de maniobra táctica de los Estados Unidos, ya que este mismo año ya «hubo 2 o 3 acciones muy especificas, terroristas, contra la estructura electoral cuando se prendió fuego donde estaba toda la maquinaria electoral del SENEB a las afueras de Caracas. A principio de año contra Telcel que lleva toda la telefonía. Una gran parte de esta entidad estatal fue destrozada. E incluso hace poco las infraestructuras de refinamiento de petróleo y también del gas».

El propósito de estas medidas es claro y «puede verse que ya hay un directo enfilamiento para que todo esto haga insoportable la presión, para que los ingresos del país mermen y por eso obliguen a algunos actores del gobierno venezolano a darse la vuelta, para dar o apoyar el golpe militar por delegación que tanto está exigiendo Donald Trump».

En estos parámetros de continuo asedio frente a la autonomía venezolana cabría cuestionarse la posibilidad y alcance real del plan de Estados Unidos. Sgarzini, por su parte, afirma que, a pesar de que «no hay absolutos», en estos últimos 7 años «el gobierno tiene nuevas formas y mecanismos para enfrentar el bloqueo, las sanciones y los constantes ataques. Podría decirse que el gobierno ha sido, es y seguirá siendo resilente».

Estas nuevas tareas gubernamentales del estado venezolano han venido orquestadas por la manera «de organizar la llegada del flujo de dinero cada vez más exiguo. El gobierno, podría decirse, ha encontrado las herramientas para hacer frente, hacia adentro, a esta campaña de presión para derrocar al gobierno o generar división».

Además, cree Bruno Sgarzini, que con esta crisis del COVID19 «el chavismo ha salido reforzado, porque ha demostrado que es la mayor fuerza social cohesionada y organizada de Venezuela. Esta fuerza y columna, que hoy en día se mantiene de pie, termina siendo la que ordena el resto de factores políticos. Es, sin duda, también la única fuerza política que puede cohesionar dentro de Venezuela».

A lo largo de estos años el gobierno Venezolano ha debido indagar una y otra vez posibles respuestas y acciones para salir del atolladero. Para ello, como comenta Sgarzini, ha sido fundamental el hecho de que «ha depurado todas sus filas. Por eso está cada vez más solido y por eso el único daño que puede llegar podría ser un descontento desde el mismo seno del chavismo. Por otra vía parece todo cerrado y mientras todos los militares, las organizaciones sociales y los chavistas están en función de un solo plan… Estados Unidos debe tener muy mala información de su inteligencia o quizá no logran o no quieren comprenderlo, pero el clima de la oposición pasó, perdió, no tiene fuerza más que para seguir intentando golpes fallidos».

Dentro de este contexto y con el chavismo establecido es clave, para Sgarzini, la «nueva articulación hacia nuevos consensos alrededor de negocios estratégicos del país, donde pueda reunirse e incluir al mayor número de factores empresariales posibles para que estos acepten la normalidad del estado chavista en el que estamos».

Al hablar del sector empresarial, rápidamente podemos advertir cuanto, en que modo y porque existe un interés real por parte de Estados Unidos para dilucidar el modelo chavista del estado venezolano: la privatización del petróleo para el mayor control de la industria de ese sector por parte de los norteamericanos.

Pese a ello, Sgarzini advierte que, los intereses ahora también son partidistas, porque «una de las claves de la reelección de Trump se encuentran en el estado de Florida, que es un ‘swing state‘ donde existe una gran comunidad venezolana, que a su vez está subvencionando la campaña de Donald Trump».

Aún y así, alejándonos de próximas elecciones norteamericanas, Venezuela «en clave de la pandemia parece la cabeza de plata de este nuevo mundo, de este nuevo orden de países alternativos a Estados Unidos» y este es un tema que en términos geopolíticos está pasando bastante desapercibido, auspiciado por tanto ensimismamiento, y que sería interesante tratar de escudriñar para valerse de una amplía visión de cara a un futuro posible.

Pero ¿por qué sería Venezuela esta «cabeza de plata»? Podríamos afirmar en un primer término simplemente que por el ‘petroleo’ y sería algo muy cierto a la vez que obvio.

Según Sgarzini, Venezuela también sería esta «cabeza de plata porque es uno de los países de América Latina donde mayor influencia real puede tener el gobierno chino, en términos políticos reales. El problema es que, mientras no se resuelvan los conflictos con Estados Unidos, Venezuela está en guerra. Esto le impide orbitar alrededor de América Latina con un liderazgo como el que ejercía en los tiempos de Hugo Chávez. Ahora Venezuela termina siendo vetada de todos los temas».

Por ejemplo, recientemente «fue vetada en la mesa donde se discutía una estrategia común en América Latina para hacer frente al coronavirus, pero Venezuela fue vetada. Porque – aclara Sgarzini con sorna – mientras esté Nicolás Maduro no hay democracia y esa retahíla. Lo mismo que escuchamos siempre».

Esta situación en un primer plano y de cara a un futuro reciente «impide que Venezuela sea la nueva pata fuerte de este nuevo orden. De ser así, se abriría aún más la posibilidad de que China se animara a rediscutir las reglas de las organizaciones multilaterales, que hoy en día han sido expuestas como claramente disfuncionales. O también para que se animara a armar sus nuevos organismos multilaterales. Es cierto que ya existen, y los están desarrollando, como es el caso de la organización de cooperaciones del Banco de Shangai, pero que hoy en día aún no consiguen un soporte y consenso para que estas lleguen a sustituir al estadounidense».

Finalmente, Sgarzini cree, que esto es la «antesala de un período de mayores conflictos, pero que sobre su resolución no hay absolutos» y sobre absolutos no hay nada escrito.+


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