Bloqueo al tiempo

Por Luis Díaz Allegue

El gobierno de Pedro Sánchez surgió tras una moción de censura que nadie esperaba y resultó ser un oasis político relajante tras 7 años de gobierno del PP de Mariano Rajoy. Tuvo el mismo efecto que un ibuprofeno tras una noche de fiesta: un alivio momentáneo imprescindible para seguir vivos, pero que no resuelve los estragos causados en el organismo. Los grandes problemas como la reforma laboral, la ley mordaza, el conflicto territorial… siguen ahí. Al PSOE le va a resultar difícil resolverlos debido a sus limitados 84 diputados, lo cual crea bloqueos importantes a la hora de negociar, más allá de medidas cosméticas. Pero los bloqueos nunca son indefinidos, solo temporales, y dedicarle el tiempo suficiente a las cosas, sobre todo en política, es muy importante.

El historiador Stephen Kern teorizó convincentemente acerca de que el tiempo fue uno de los desencadenantes más importantes de la Primera Guerra Mundial. Tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del imperio austrohúngaro, estalló la crisis de Sarajevo. En 1914 la comunicación entre países se había acelerado debido al uso del teléfono y el telégrafo, rompiendo los códigos normales de diplomacia usados hasta ese momento, que consistían básicamente en reuniones personales. Gracias a las nuevas tecnologías, los ultimatums llegaron de manera acelerada, sin permitir que los ánimos se calmaran e impidiendo una resolución pacífica del conflicto, que desembocó en la Primera GM.

Salvando las distancias, estamos en un momento similar, donde los políticos aún no han sabido adaptarse a las notificaciones incesantes, los escándalos y la comunicación masiva derivando todo en políticas cortoplacistas y sin visión de futuro. Los políticos se saben efímeros, y los grandes pilares discursivos del siglo XX se han substituido por una variedad interminable de sucesos cotidianos. Los medios de comunicación se alimentan de la novedad y la polémica, dejando la sensación generalizada de que todo sucede más rápido y nada permanece. Todo termina siendo superado y olvidado.

El proceso de redacción de leyes debería de ser público, transparente, laborioso y sobretodo lento, lo cual choca frontalmente con nuestro tiempo de aceleración permanente. Y cuando el poder legislativo no es lo suficientemente rápido, se recurre a los decretos del poder ejecutivo, de menor alcance, pero más inmediatos. Esto entronca con la tendencia mundial hacia ejecutivos más enérgicos y unitarios, con personajes carismáticos que ofrecen eficiencia por encima de cualquier otra cosa. Así nos encontramos con casos como la crisis en el Mediterráneo, donde se ofrecen soluciones de corto alcance, barco a barco, noticiario en noticiario; pero no se plantea una solución a gran escala, ni nacional (ley de inmigración), ni europea. Es más, el Gobierno ha expulsado estos días a Marruecos a 116 migrantes que saltaron la valla de Ceuta, en un ejemplo de devolución en caliente que no cumple los derechos humanos que ni el PP se había atrevido a hacer. Igualmente, sacar a Franco del Valle de los Caídos es un gesto de limpieza democrática imprescindible, pero debe de ir unido a un plan para desenterrar a los represaliados de las fosas comunes o a la anulación de las sentencias del franquismo para que sus víctimas puedan recuperar su dignidad.

Estamos enfangados en el esfuerzo de recuperar los derechos que perdimos hace una década, con la llegada de la crisis, y ni siquiera somos capaces de vislumbrar los problemas que se nos vienen encima. Slavoj Žižek comenta muy a menudo: “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Deberíamos estar pensando en como enfrentarnos a la robotización, como implantar una renta básica, como reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mitigar los estragos del cambio climático o en como recuperar a los cientos de miles de jóvenes que han tenido que emigrar para buscarse un futuro fuera del país.

Debemos de darnos cuenta de que las revoluciones siempre deben de pensar en el futuro. El objetivo de un revolucionado ha cambiado, ya no consiste en la insurgencia sino en elaborar un detallado esquema de cómo será el mundo venidero. No podemos perder el tiempo en debatir a los Casado y Rivera de turno el porqué la inmigración no es un peligro, sino que puede ser una ventaja.

Todos hemos pensado alguna vez aquello de que “ojalá el día tuviera más horas”, ya que vivimos inmersos en una aceleración constante. A veces, estos ritmos chocan con nuestros límites biológicos, siendo el estrés y el síndrome burnout laboral grandes problemas de nuestra época. Tenemos que ser capaces de levantar la cabeza y tener una mirada de largo alcance, así como exigirle lo mismo a nuestro políticos. Estamos en Agosto, el mes donde las noticias mas importantes suelen ser sobre olas de calor, pero en nada volveremos a estar inmersos en un mar de “Breaking News”. Pedro Sanchez no puede limitarse a medidas cosméticas dirigidas únicamente a su reelección, debemos de exigirle medidas profundas cuyas consecuencias superen el siguiente ciclo de noticias (24h news cycle).

One thought on “Bloqueo al tiempo

  • 27/08/2018 at 5:16 pm
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    Hay una escena de un capítulo de Doctor Who (la inversión Zygon) donde lo explica muy bien: están enfrentados los humanos contra otra especie en una situación de bloqueo con 2 cajas iguales que tienen 2 botones iguales. Uno de los botones da la victoria y el otro hace estallar una bomba debajo de sus pies. Y el Doctor intenta que entren en razón y se aparten de las cajas. Una de las cosas que le pregunta a la que quiere apretar el botón, pase lo que pase, es “cuando ganéis y el mundo sea tal y como lo quieres ¿Se podrá tocar música? ¿estará permitido tocar el violín? ¿Quién construirá los violines? No lo sabes ¿verdad? Ni lo has pensado”

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