Berlín 1936: El hombre que humilló la ‘superioridad racial’ alemana

Por Julio Fumero

Eran los tiempos del nacionalsocialismo en el poder en tierra germana, cuyo intento por subvertir el ideal de Pierre de Coubertin y de todo el movimiento olímpico fue anulado por el fuerte carácter internacionalista del evento y sus participantes, más de cuatro mil de 49 naciones.

Jesse Owens, un modesto negro nacido en Alabama, Estados Unidos, dejó pasmado a un Adolfo Hitler que había tratado de barnizar su política, en ocasión de los Juegos, con algunas medidas que resaltaran las ‘bondades’ de su régimen.

A pesar de todo, la multitud congregada en el estadio olímpico para aclamar la ‘superioridad’ teutona tuvo que premiar con una estruendosa ovación los resultados de Owens: cuatro medallas de oro en 100, 200 y el relevo 4×100 metros y el salto largo, válidas para ser proclamado el Rey de esta versión.

El atleta norteamericano refrendó así la fama que lo precedía, pues un año antes había implantado o igualado seis récords mundiales en una competencia.

En la capital alemana compiló 12 comparecencias competitivas, en las cuales nueve veces igualó o rompió marcas olímpicas y en cinco oportunidades hizo otro tanto con las del orbe.

Curiosamente, accedió a la final del salto largo sólo en su tercer y ultimo intento en las clasificatorias por fracciones de pulgada. El primero lo perdió por no haber sido avisado y en el segundo cometió ‘foul’.

Owens fue secundado en Berlín, como para rematar las esperanzas hitlerianas de copar los máximos lauros en el atletismo, por otros cuatro negros norteamericanos que se alzaron con títulos.

Los locales tuvieron que conformarse con cinco preseas doradas únicamente en lanzamientos: bala, martillo y jabalina para hombres y disco y jabalina para damas.

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