Balas negras para William McKinley. El día que un obrero disparó al presidente de EE.UU

Czolgosz fue sometido a un juicio sumario por un gran jurado, declaró que consideraba a William McKinley un símbolo de la opresión; en tan solo ocho horas le sentenciaron a muerte en la silla eléctrica.

El 6 de septiembre de 1901 se perpetró el magnicidio de su presidente, William McKinley, por los disparos de Leon Czolgosz, nacido en Michigan, e hijo de migrantes polacos. Esas balas negras estaban dirigidas contra el vigésimo quinto presidente del país gringo, que ya había comenzado a despuntar en su imperialismo fuera de las fronteras de su propio territorio; si es que alguna vez se le puede otorgar ningún territorio legítimo a los EE.UU., que llevaban décadas de exterminio de la población originaria.

La narrativa de los magnicidios: Sociedad contra el poder y brechas en la autoridad

La historia del magnicidio en el mundo tiene unas implicaciones sociales, políticas y antropológicas de primer orden. El descabezamiento de un jefe de estado, religioso, caudillo, presidente del gobierno o líder destacado en una sociedad, es un suceso simbólico de gran impacto, generalmente expresión subversiva de malestar social y un acto de gran propaganda política. La acción magnicida puede ser individual o colectiva, planificada o espontánea, pero está claro que no busca solo la eliminación física de un individuo, sino de lo que esa persona representa autoritariamente en su sociedad como gobernante. Por lo tanto, el objetivo, y en ocasiones las consecuencias de un magnicidio, son las de provocar una brecha política, un movimiento revolucionario o levantamiento rebelde; por lo que siempre tiene una motivación ideológica.

Esa acción socio-política del magnicidio podría enmarcarse en el sentido que el antropólogo Pierre Clastres hablaba en su obra La Sociedad contra el Estado de que determinadas sociedades rechacen la aparición de jerarquías autoritarias u órganos separados de esa sociedad por la creación de un sistema de clases. Es una teoría que argumenta contra la idea de que toda sociedad evolucione naturalmente hacia el desarrollo de estructuras autoritarias, sino más bien hacia preservar la autonomía individual y colectiva. Y esta defensa se realizaría confrontando internamente las instituciones autoritarias que surgiesen en su seno, favoreciendo las entidades horizontales de la comunidad. Un magnicidio, por lo tanto, podría entenderse como una expresión de esa lucha interna por individuos organizados de una sociedad en su confrontación frente a las estructuras de poder.

Si bien es cierto, mayoritariamente la narrativa de los magnicidios suele escribirla el propio poder dominante, que se posiciona en la postura de víctima y aprovecha el shock del asesinato como tal para obviar las condiciones que hayan podido llevar a realizar este acto; en muchas ocasiones como expresión legítima de rechazo de un sistema social autoritario. Aunque también hay que contemplar que no todas estas ejecuciones magnicidas se hacen solamente bajo la acción de la lucha de clases; sino en general todo tipo de ideologías políticas, pudiendo darse contextos particulares de motivaciones nacionalistas, plutocráticas, fascistas, religiosas etc. Sin embargo, lo que está claro es que el magnicidio ha sido una de las acciones más penadas por los Estados a lo largo de la historia, siendo un agravante penal para la sentencia.

William McKinley: Lobo con piel de cordero

En el transcurso de su segundo mandato tras la reelección seis meses antes como presidente de los Estados Unidos, William McKinley, fue tiroteado por un joven anarquista un 6 de septiembre de 1901. Sin embargo, este no moriría hasta la fecha del 14 de septiembre, cuando por complicaciones y una infección derivada de una de las balas, murió gangrenado. Fue el tercer presidente asesinado en los Estados Unidos, después de Abraham Lincoln en 1865, y James Garfield en 1881. Los antecedentes al mandato de William McKinley habría que situarlos en la fuerte crisis económica de superproducción del capitalismo de finales del siglo XIX, que se había expandido por más de veinte años desde 1873. La Segunda Revolución Industrial sentaba las bases de una producción internacional mucho más frenética y expansiva por las potencias colonialistas. Ese capitalismo estaba centrado en producir salvajemente y reprimir al incipiente movimiento obrero. En este contexto no deben olvidarse los sucesos de Chicago en 1886 con la huelga del Haymarket y la ejecución de ocho obreros anarquistas que dio lugar a la conmemoración del Primero de Mayo. Los también incipientes movimientos financieros de inversión y especulación causaron en 1893 un fuerte impacto en Estados Unidos. Las malas cosechas en Argentina y un intento de golpe de Estado en 1890 en el país suramericano, así como la burbuja en el negocio de los ferrocarriles que estalló en esa década; determinaron la subida desmedida de los precios de trigo internacionalmente, y además las especulaciones de propiedades sudafricanas y australianas también colapsaron.

La Revuelta de Haymarket en la que acusaron a los Mártires de Chicago

En estos años de crisis económica el presidente del Partido Demócrata, Grover Cleveland, fue acusado de políticas económicas de reducción del gasto público y reformas al estilo del liberalismo económico clásico. Rechazó la presencia estadounidense en la Conferencia de Berlín, frenando las pretensiones coloniales sobre el Congo, sin duda demasiado ocupado en las sangrientas campañas internas para diezmar a la población originaria apache de los EE.UU. Este presidente solicitó un préstamo de $65 millones de dólares en oro al banquero de Wall Street, J. P. Morgan, y a la familia de banqueros Rothschild de Gran Bretaña. Entonces hizo aparición la propaganda política del Partido Republicano, que situó a William McKinley como el mesías que salvaría la economía nacional, ya que como congresista se había aprobado un paquete de medidas arancelarias conocida como ‘Tarifa McKinley’. Una vuelta de tuerca a una economía proteccionista de capitalismo estatal protegiendo la industria nacional frente a inversiones de capitalistas extranjeros. Su campaña presidencial introdujo nuevas técnicas publicitarias que llevaron a un largo periodo de victorias republicanas en Estados Unidos. Wiliam McKinley, además, dio un paso adelante al sentar las bases del colonialismo mundial estadounidense. Intervino en la Independencia cubana, provocando un conflicto con la Corona española en la primavera y verano de 1898. El resultado fue quedarse la isla de Cuba bajo control gubernamental indirecto, y el dominio directo de Puerto Rico, Guam y Filipinas. Además, firmó en 1897 el Tratado de anexión de Hawai a los EE.UU., con la finalidad de ‘americanizarla’ y establecer una base naval; pero la migración de las islas al continente fue completamente prohibida. También redujo la conflictividad social interna con una política abierta a la mano dura contra el sindicalismo y las organizaciones obreras.

El día de la Exposición Panamericana y el anarquista Leon Czolgosz

William McKinley acudió el 5 de septiembre de 1901 a la Exposición Panamericana que tenía lugar en la ciudad de Buffalo (Nueva York), donde el presidente tenía previsto pronunciar un discurso sobre comercio exterior. En la segunda jornada, acudió al denominado Templo de la Música donde comenzó a saludar a las personas congregadas. Sin embargo, una de estas personas que se acercaron a William McKinley fue el anarquista Leon Czolgosz, quien esperaba con un revólver en su mano derecha tapado con un pequeño pañuelo blanco.

A primera hora de la tarde, el presidente McKinley recibió dos disparos a quemarropa, el primero de ellos le alcanzó el hombro, mientras que el segundo le atravesó el estómago y quedó alojado en su espalda. Los médicos valoraron que el riesgo de extracción de la segunda bala era demasiado elevado y decidieron dejársela. Además, en esa feria Panamericana se había presentado como novedad técnico-sanitaria la máquina de rayos X, aunque los médicos que atendieron a William McKinley fueron bastante reacios a utilizarla porque desconocían los posibles efectos secundarios. Paradójicamente, aunque muchos de los edificios de la exposición contaban con luz eléctrica, la sala de operaciones del hospital carecía de ella y tuvieron que reflejar la luz del sol para intervenir las heridas de bala. Recientemente, el científico Nikola Tesla había inventado un sistema de corriente alterna para transmitir electricidad a grandes distancias; y esto permitió a los diseñadores iluminar la exposición de Búfalo usando energía generada a 40km de distancia, en las cataratas del Niágara. Los doctores creyeron que McKinley se recuperaría, y de hecho estuvo convaleciente durante una semana hasta que el 12 de septiembre comenzó a recuperarse. Sin embargo, esa misma tarde su estado de salud empeoró, y en la madrugada del día 14 de septiembre moría por la infección de la herida.

Leon Czolgosz fue reducido por las fuerzas policiales presentes allí mismo en ese instante, y que habían presenciado atónitas que, frente a toda la seguridad que rodeaba al presidente, no contemplaron nada extraño. Inmediatamente se abalanzaron sobre él, y le comenzaron a dar una paliza brutal. Czolgosz había nacido en Detroit, aunque su familia de origen polaco se había mudado durante años por todo el Medio Oeste estadounidense en busca siempre de empleo. Fue uno de los miles de trabajadores que habían perdido su trabajo durante la crisis económica de 1893, en la ciudad de Cleveland, y después tan solo encontraba empleos irregulares. Si bien desde juventud había contemplado varias huelgas, se aproximó a textos de anarquistas como Emma Goldman o Alexander Berkman. El movimiento libertario era temido en EE.UU. y en la Corte de Apelaciones de Nueva York tenían normas en las que identificarse como anarquista era inmediatamente un delito de alteración del orden público. Los anarquistas, además, tenían ya en Europa un largo recorrido de acciones políticas en que habían intentado asesinar o ejecutado a media docena de miembros de casas reales.

Czolgosz fue sometido a un juicio sumario por un gran jurado, declaró que consideraba a William McKinley un símbolo de la opresión. En tan solo ocho horas le sentenciaron a muerte en la silla eléctrica. Condena que se ejecutó el 29 de octubre de ese mismo año en la prisión federal de la localidad de Auburb (Nueva York). Sus últimas palabras fueron:

‘Yo maté al presidente porque era un enemigo de la gente buena, los buenos trabajadores. No siento remordimiento por mi crimen.’

La campaña internacional en su defensa que inició la mismísima Emma Goldman

Esta ejecución desencadenó una represión brutal contra el movimiento anarquista estadounidense, que abandonó a Czolgosz a su suerte, culpándole algunos sectores de la persecución a la que estaban siendo sometidos. Emma Goldman, en cambio, iniciará una campaña de defensa pública del joven militante que provocará el rechazo tanto de la mayor parte del anarquismo norteamericano como de la prensa, que dedicaba decenas de páginas cada día a desmenuzar los detalles más escabrosos del suceso. Para Emma Goldman, el atentado era equivocado en táctica, pero comprensible si se tenía en cuenta la opresión extrema a que era sometida la clase trabajadora, que el hambriento y enfermo Czolgosz ejemplificaba a la perfección. La violencia de los dominantes engendraba la de los dominados. “Comparada con la violencia al por mayor del capitalismo y el Gobierno, los actos políticos de violencia son como una gota en el océano”, dirá posteriormente en su folleto The psychology of political violence.

El desgaste personal que le acarreará la campaña la llevará a alejarse durante dos años de la militancia política, desilusionada con las actitudes de sus compañeros. No solo no se había conseguido evitar la pena de muerte, sino que además había fracasado en el intento de explicar las motivaciones que estaban detrás del atentado. Czolgosz, como ya hemos visto, sería ejecutado en la silla eléctrica tras un juicio en el que compareció con evidentes signos de tortura y sin abogado defensor.

Como anécdota, comentar que en el año 2006, surgió en Chile el grupo Fuerzas Autónomas y Destructivas León Czolgosz, un colectivo de acción directa anarquista conocido por atacar directamente la Agencia Nacional de Inteligencia de Chile y la embajada británica en el país chileno igualmente; desde el año 2008 no volvieron a tener actividad pública reivindicada.

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