Bajar impuestos enriquece … a unos pocos

Por Joan Ramón Sanchis

Llama la atención que los partidos políticos de derechas reclamen la bajada de impuestos como uno de sus principales argumentos para captar votos. Lo hemos visto durante esta última campaña electoral del 10N y de seguro que lo volveremos a ver en campañas electorales posteriores. Es sin duda un argumento populista y demagogo que proporciona sus réditos en votos.

La argumentación en favor de la bajada de impuestos, no solo de los políticos si no también de empresarios y neoliberales, está en que con ello se consigue mejorar el poder adquisitivo de los ciudadanos y esto a su vez reactiva la economía a través de un mayor consumo y las empresas mejoran beneficios y contratan más personas trabajadoras. Una argumentación que no se sostiene de ninguna de las maneras, como ahora demostraremos.

Si esto fuera cierto, los países con menor nivel de impuestos serían los más ricos y prósperos y los países con mayor nivel de impuestos serían los más pobres. Sin embargo, la realidad nos muestra todo lo contrario. Veamos cuál es la presión fiscal o tributaria de los Estados. Este es el mejor indicador para determinar el nivel de impuestos de un país, pues mide el porcentaje de ingresos fiscales que percibe un estado en relación con su producto interior bruto (PIB). Dicho de otro modo, es el porcentaje del PIB recaudado por el Estado a través de impuestos, tasas y otros tributos. La presión fiscal de la media de la OCDE es del 36,1% del PIB en 2018, mientras que la media española es del 35,4%; lo que nos indica que la presión fiscal española está por debajo de la media de países de la OCDE. La media de la Unión Europea es del 40,3% del PIB, lo que sitúa a España en uno de los países de la Unión Europea con menor presión fiscal (cinco puntos por debajo). De esto podemos deducir una primera cuestión importante: en España se pagan y recaudan menos impuestos que en la mayoría de países de la Unión Europea; contrariamente a lo que algunos señalan para justificar la bajada de impuestos.

Por el contrario, Francia con el 48,4% del PIB es el país que mayor presión fiscal tiene de toda la Unión Europea, seguida de Bélgica con el 47,3%. Portugal e Italia, con el 37,2% y el 42%, se sitúan también por encima de España. Por su parte, los países nórdicos son los que muestran también los mayores niveles de presión fiscal; por ejemplo, Dinamarca tiene un 46,5% sobre el PIB. En el otro extremo se sitúan Irlanda (23,5%), Rumanía (25,8%), Bulgaria (29,5%) y Lituania (29,8%). De estas cifras podemos deducir que los países más avanzados y prósperos son los que mayor presión fiscal tienen, mientras que los más pobres son los que menor presión fiscal tienen. Estos datos desmontan con contundencia el argumento neoliberal que cuantos menos impuestos se paguen, mayor riqueza se genera.

La argumentación en favor de la bajada de impuestos de los neoliberales sostiene que los países con menor nivel de impuestos serían los más ricos y prósperos y los países con mayor nivel de impuestos serían los más pobres. La realidad nos muestra todo lo contrario.

De lo anterior también se puede deducir un aspecto que es clave para entender la necesidad de pagar y de recaudar impuestos: los impuestos son necesarios para garantizar los servicios básicos (sanidad, educación, servicios sociales, …) para la ciudadanía y reforzar el estado del bienestar. Si los impuestos bajan, el precio de estos servicios básicos aumenta, lo que significa que no es tan barato dejar de pagar impuestos. A largo plazo, se acaba pagando más. Pero además, una bajada de impuestos supone un pérdida de la calidad de los servicios públicos, lo que se traduce en un deterioro claro y evidente del nivel de vida y del bienestar de las personas. Lo vimos con los recortes salvajes que se aplicaron durante los primeros años de la crisis del 2008.

Por otra parte, los impuestos ayudan a reducir las desigualdades económicas y sociales, pues sirven para redistribuir la riqueza entre los más ricos y los más pobres. Los neoliberales argumentan que el pago de impuestos penaliza a las personas más eficientes, activas y dinámicas y crea una bolsa de vagos e incompetentes. Argumentos populistas y demagógicos que nada tienen que ver con la realidad. Porque no todas las personas tienen las mismas oportunidades ni tampoco parten de las mismas situaciones ni son privilegiadas. Y la solidaridad es un valor social clave que solo se puede conseguir mediante el reparto de la riqueza. El crecimiento económico se concentra en unos pocos privilegiados y adinerados que ven como aumenta su riqueza mientras que los niveles de exclusión y de pobreza siguen incrementándose año tras año. En los países con menor presión fiscal estas diferencias son mayores. Durante los primeros años de la crisis económica de 2008, España fue uno de los países europeos en los que más aumentaron las desigualdades y la pobreza; precisamente por ser uno de los países que menos impuestos recaudan. Solo fue superada por Rumanía.

Si los impuestos bajan, el precio de estos servicios básicos aumenta, lo que significa que no es tan barato dejar de pagar impuestos. A largo plazo, se acaba pagando más.

Llegados a este punto, cabe plantearse la pregunta: ¿porqué hay quien reclama una bajada de impuestos?. La respuesta a esta pregunta aparece de manera muy clara cuando se analizan los tipos de impuestos que se proponen bajar o eliminar. Los impuestos que se proponen bajar y/o eliminar son el Impuesto sobre el Patrimonio, el Impuesto sobre Sucesiones y donaciones y el Impuesto de Sociedades. Se trata de impuestos que gravan el patrimonio de las grandes fortunas y de las grandes empresas. Es decir, que realmente lo que se está pidiendo es que se bajen los impuestos de los más ricos. El impuesto sobre el Patrimonio afecta a aquellas personas que tienen un mínimo de 700 mil euros (para el estado español, aunque en algunas comunidades autónomas es algo menor, pero no deja de ser muy alto: entre 500 mil y 600 mil euros). El impuesto de Sucesiones y donaciones es un impuesto progresivo cuya tasa impositiva varía según las cantidades declaradas y que oscila entre el 7,65% y el 34%; una vez más, es un impuesto que grava sobre todo a las grandes herencias y a las grandes donaciones. El impuesto de sociedades es un impuesto que grava los beneficios económicos de las empresas y que se sitúa en el 25% (excepto en Euskadi y Navarra que es del 28%); es, por tanto, un impuesto que afecta principalmente a las grandes empresas y en mucha menor medida a las pequeñas. La bajada y/o eliminación de estos impuestos no afectaría en nada al poder adquisitivo de la mayoría de la ciudadanía, pues son impuestos que afectan principalmente a los que tienen mayor riqueza.

Una política fiscal progresiva consiste en aumentar los impuestos directos y reducir los indirectos.

La Constitución Española de 1978 hace referencia a la progresividad fiscal con el fin de reducir las desigualdades y evitar la concentración de la riqueza (artículo 31 de la Constitución). Por tanto, ha de pagar más quien más tiene para garantizar la igualdad y la progresividad. Reducir estos impuestos va en contra de la progresividad fiscal y, por tanto, de la Constitución Española. Aquellos que enarbolan la bandera del patriotismo españolista y que para evitar la «división» de España reclaman la aplicación de las normas constitucionales (artículo 155), resulta que son los primeros en incumplir la Constitución, al proteger y aplicar la elusión y la evasión fiscal, el fraude y el blanqueo de dinero negro.

Si realmente quisieran reducir los impuestos que afectan a la mayoría de la ciudadanía con el fin de incrementar el poder adquisitivo, propondrían la reducción del IVA, un impuesto que grava directamente el consumo y que por tanto sí afecta al poder adquisitivo. Una política fiscal progresiva consiste en aumentar los impuestos directos y reducir los indirectos, es decir, mantener e incrementar impuestos como el del patrimonio, sucesiones y donaciones, sociedades e IRPF (sobre todo en sus rentas más altas) y reducir el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Pero de esto no dicen nada. Por algo será.

 


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