Bad Bunny: el producto discográfico capitalista y machista que idolatran los ‘progres’ 

El cantante puertorriqueño fomenta una alienación consumista, donde el hedonismo vacío y la hipersexualización venden discos, no conciencia social.

Por Claudia Navarro | 11/02/2026

En la noche del 8 de febrero, durante la media parte de la Super Bowl, Bad Bunny se convirtió en el primer artista latino en encabezar un espectáculo íntegramente en español en el evento deportivo más visto del mundo. Acompañado de invitados como Lady Gaga y Ricky Martin, el cantante puertorriqueño presentó un show lleno de ritmos caribeños, referencias culturales boricuas y un mensaje de «unidad y amor» que culminó con una reinterpretación de «God Bless America» extendida a todas las naciones americanas. Inmediatamente, una oleada de elogios inundó los medios progresistas y las redes sociales: se le describió como un acto de «resistencia» contra el divisionismo, un «triunfo cultural» para los latinos y un golpe simbólico al presidente Donald Trump.

Publicaciones como The Guardian lo alabaron por «enfrentar el momento político» mientras la cuenta progresista Headquarters lo vio como un «mensaje de amor». Incluso el congresista demócrata Jim McGovern lo elogió como una «expresión poderosa de valores estadounidenses» de «unidad sobre división y odio».

Pero detengámonos un momento. ¿De verdad estamos ante un icono de rebeldía y transgresión? ¿O es este solo otro cuento fabricado por periodistas y figuras «progres» desesperados por encontrar héroes en el establishment? Bad Bunny, cuyo nombre real es Benito Antonio Martínez Ocasio, no es un azote del sistema; es un producto multimillonario de la industria musical. Con un patrimonio neto estimado en alrededor de 50 millones de dólares en 2025, y ganancias anuales que han alcanzado los 88 millones según Forbes, representa a la perfección la desigualdad social y la acumulación de riqueza en pocas manos que promueve el capitalismo.

En un editorial, The Washington Post afirmaba que Bad Bunny es una «historia de éxito del libre mercado». Lo que podemos asegurar es que se trata de un producto de mercado, eso sí. Un personaje que, como no podía ser de otra manera, no cuestiona el régimen que lo amamanta.

Esta narrativa de «rebeldía» se desmorona aún más al examinar su obra. Gran parte de sus letras y videoclips perpetúan la cosificación y denigración de la mujer. Bad Bunny no está exento de objetivar a las mujeres, reduciéndolas a fantasías sexuales masculinas en un género ya plagado de misoginia.

En su álbum «Nadie sabe lo que va a pasar mañana», por ejemplo, colabora en temas que degradan a las mujeres, llamándolas «perras» junto a otras artistas, lo que refuerza la línea machista de este género musical. ¿Es esto un «referente positivo» para la sociedad, como lo pintan sus defensores? Difícilmente. Más bien, fomenta una alienación consumista, donde el hedonismo vacío y la hipersexualización venden discos, no conciencia social.

Y no olvidemos las controversias prácticas. Durante su gira «Most Wanted» de 2024, los precios de las entradas alcanzaron niveles abusivos: asientos en las gradas superiores costaban entre 150 y 250 dólares antes de fees, mientras que los de piso llegaban a los 1.000 dólares, según reportes de fans en TikTok y HuffPost. En España, para conciertos en Madrid y Barcelona en 2025, Ticketmaster añadió cargos «ocultos» que triplicaron el costo, lo que llevó a denuncias de la Organización de Consumidores y Usuarios por prácticas «irregulares y abusivas».

En Puerto Rico, su residencia de 2025 generó alertas de la fiscal general de Nueva York por boletos falsos vendidos en plataformas como StubHub, dejando a fans estafados y sin entrada después de gastar miles en viajes. ¿Dónde está la solidaridad con las clases trabajadoras aquí? Bad Bunny no es un aliado de los oprimidos; es un multimillonario que lucra con ellos.

Esta caterva de periodistas y activistas «progres» arma un relato ficticio alrededor de él, ignorando estas contradicciones para aferrarse a un «clavo ardiente». En las redes, mientras algunos celebran su «mensaje de amor» sin política explícita, otros critican el show por ser una porquería mainstream. Bad Bunny no es el azote de Trump ni un paladín del progreso. Es un engranaje del capitalismo que promueve valores consumistas, no conciencia de clase. Ya es hora de dejar de idolatrar a personajes que no aportan nada bueno a la sociedad. En lugar de aplaudir shows millonarios, busquemos verdaderos referentes que luchen por las clases populares, no que las exploten.

1 Comment

  1. Dale tamo’ afilando las navajas dale
    Llegó el afilador de navajas

    Llegó la hora, de un combo de miles en motoras
    Patrullando las 24 horas, boricua de cora’
    Con el puño arriba, a la conquista
    No nos va a meter las cabras un pendejo de Marista
    Según este compadre, mi mai junto con todas las mujeres
    Son igual de putas que su madre
    Tú no eres hijo del cañaveral, escoria
    Tú eres hijo del cabrón más corrupto de la historia
    Disculpen mis expresiones
    Pero al igual que Ricky, estoy liberando las tensiones
    Le doy fuego a la Fortaleza como se supone
    Y al otro día voy a la iglesia pa’ que me perdonen
    Mejor no quieras probar de que estamo’ hecho’
    Aquí en El Monte, heredamos el mismo pecho
    Tus disculpas se ahogan con el agua de la lluvia
    En las casas que todavía no tienen techo
    Tú no heredaste pecho, tú heredaste un patrimonio
    Y a ti por la noche te persiguen los demonios
    En la familia que mataste, destruiste un matrimonio
    Esto va por Lilliam, y su hijo Juan Antonio
    Esto va pa’ que despiertes
    Esto va por las cuatro mil seiscientas cuarenta y cinco muertes
    La hipocresía del país en general
    Tirar piedras en Venezuela está bien, pero en Puerto Rico está mal
    Esto va pa’ los artistas internacionales
    ¿Y las banderitas de Puerto Rico en las redes sociales?
    Ninguno de nosotros, los supuestos bandoleros
    Está acusado de fraude, robo o lavado de dinero
    Con todo lo que han robado estos politiqueros
    Pintamos las paredes del Caribe entero
    Y aunque esto no le caiga bien a la gente
    Pa’ decírtelo en un chat, pa’ eso lo digo de frente
    Se tiran a los caseríos, a los puntos ‘e droga
    Les rompen las casas y por ellos nadie aboga
    Nosotros hacemos lo mismo sin delicadeza
    A estos criminales, les hacemos una redada en Fortaleza
    Si el pueblo entero quiere que te vayas, caradura
    Y tú te quedas, entonces estamos en dictadura
    Solo te apoya tu esposa, la exmodelo
    La que piensa que Cien Años de Soledad la escribió Coelho
    Y así son los pocos que te siguen, brutos
    Pero tranqui’, afilar navajas, toma un minuto
    Somos el rugido
    De la bandera de Puertorro con todos sus tejidos
    Exigiendo tu renuncia, pa’ que nadie salga herido
    To’ el mundo unido, no importa el color de tu partido
    Esto salió temprano, pa’ que te lo desayunes
    La furia es el único partido que nos une

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