El mismo día 26, De Gaulle hizo un desfile triunfal en el que pidió que fueran los españoles los que lo escoltaran. Las semiorugas “Guernica”, “Teruel” o “Guadalajara” marcharon junto a él en un momento tan señalado como el de la liberación de París.
La propia conducta de Johnson se había convertido en una distracción indefendible. Nada menos que el 41% de los diputados conservadores votaron contra él a principios de junio.
El odio no es un simple sentimiento individual, sino, más bien, un dispositivo político que su lenta, pero profunda inoculación garantiza el triunfo de un sentido común en la que un conjunto de personas por diversas características, se erigen en sujetos matables.
Los próximos meses estarán marcados por la incertidumbre y los riesgos, agravado por la fuerte división motivada por la pelea sin cuartel que libran un PSOE y PP incapaces de llegar a un mínimo acuerdo sobre todo.
Nuestra lucha por los derechos, la democracia y la libertad es sólida, constante y a nosotros “ni nos domaron ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”.
Esta derecha desacomplejada ya está haciendo campaña, con sus tradicionales argumentos demagógicos y agresivos: la seguridad, el impuesto único y, en general, la reducción de la presión fiscal.