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Uno de los aciertos de la película es no definir cual es el origen de los fenómenos paranormales, no ponerle nombre a esa oscuridad que impregna toda la historia y, por lo tanto, nos somete a continuos saltos de la butaca (o del sofá) con cada nuevo golpe de efecto.
Por Angelo Nero | 2/03/2026
Hace unos meses escribíamos en estas páginas sobre una película de terror, dirigida por el director Argentino Demián Rugna: “Cuando acecha la maldad” (2023), una espeluznante visión del apocalipsis en una pequeña comunidad del interior de Argentina, con la que ganó el premio a mejor película en el prestigioso Festival de Cine Fantástico ese año, se convirtió en la segunda película más taquillera en su país, y batió el record de salas comerciales que una cinta argentina conseguía en EEUU. El impacto que me causó esta historia, me llevó a seguir indagando en la filmografía de este original director, y volví a sentir una puñalada en el estómago con “Aterrados” (2018), una película que tiene muchas de los elementos clásicos del género, rayando incluso el gore, y que incluso llamó la atención de Guillermo del Toro, que barajá hacer un remarke para el mercado estadounidense.
La historia nos lleva a un apacible barrio de Buenos Aires, en la casa de un joven matrimonio, Juan (Agustín Rittano) y Clara (Natalia Señoriales). Esta última está obsesionada con un ruido que parece venir del desagüe del fregadero -la toma desde el interior de la tubería de la cara de Clara es, sencillamente, inquietante-, cree escuchar unas voces que dicen que van a matarla. Esa noche Juan se despierta también con unos golpes insistentes en la pared, ¿será su vecino Walter (Demián Salomón)?… Este es el comienzo de una orgía de sangre, de casas que parecen tener una oscura vida propia, de posesiones sobrenaturales. Una atmósfera obsesiva y asfixiante con la que Demián Rugna nos atormenta durante 87 minutos.
Mientras el drama agrieta las paredes de la pareja, su vecino Walter vive su propio descenso a los infiernos. Incapaz de conciliar el sueño, cada vez que lo intenta su cama y el resto del mobiliario de su habitación se mueven a su antojo. Cuando decide ver el motivo, pone una cámara para grabar mientras duerme, y ve a un extraño hombre desnudo que se esconde bajo su cama o en el armario. ¿Quién es y que pretende de él este ser monstruoso?.
El tercero de los escenarios es la casa de su vecina de enfrente, Alicia (Julieta Vallina), una madre destrozada por la muerte de su hijo, atropellado frente a la casa de Walter, que regresa a casa días después de su entierro.
¿Hay alguna conexión entre estos tres casos? Para investigarlo se presentan en este inquietante escenario el Comisario Funes (Maxi Ghione), antigua pareja de Alicia, el veterano policía forense Mario Jano (Norberto Gonzalo), y dos especialistas en fenómenos paranormales, la doctora Albreck (Elvira Onetto) y el norteamericano Rosentok (George L. Lewis). Juntos harán frente a una sucesión de fenómenos cada vez más sórdidos y sangrientos, que van subiendo la tensión de un espectador abrumado por la espiral de violencia, aparentemente inexplicable, que se desata alrededor de estas tres casas.
Uno de los aciertos de la película es no definir cual es el origen de los fenómenos paranormales, no ponerle nombre a esa oscuridad que impregna toda la historia y, por lo tanto, nos somete a continuos saltos de la butaca (o del sofá) con cada nuevo golpe de efecto. “Aterrados, en este marco, toma la decisión de no explicar demasiado. Y si hay una explicación, puede que no sea cierta. Siempre me pareció que no podemos explicar lo inexplicable, y este es el claro ejemplo con el que trabajé la película.” Declaraba su director, Demián Rugna.
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