Arte | La falacia del YO

Por María José Robles Pérez

Hermes era el dios del Olimpo que, con sus alas y su manta de viaje, transportaba los mensajes de los dioses; por ello, no es casualidad que los griegos le atribuyeran el origen del lenguaje y la escritura, y que lo consideraran patrono de la comunicación y entendimiento humano. Así, deriva del nombre de este dios griego la palabra “hermenéutica”, entendida esta como el arte de explicar, traducir o interpretar, especialmente textos, aunque podemos ampliarlo a otros muchos ámbitos de la vida como, por ejemplo, el arte, puesto que la hermenéutica trata con cualquier tipo o clase de texto que se ofrezca a una interpretación, y ¿qué es sino, el arte, más que un gran texto? Nos imaginamos de este modo a Hermes, volando, cruzando los horizontes de un lado a otro, transportando aquella cosa más importante de la existencia: la palabra. Y, entonces, como consecuencia inevitable, nos encontramos con el texto más grande nunca encontrado: la vida.

¿Acaso no son los textos y las obras de arte, mensajes volando, esperando ser atrapados por alguien? La obra de arte, al igual que el texto, necesita de una interpretación, necesita que un espectador se choque con lo que en ella se muestra y entienda o deduzca algo a partir de eso, si no es así, entonces no tiene sentido ninguna de las obras que quedan colocadas de por vida sobre una vitrina o en una pared postradas, no tienen sentido todas esas líneas grabadas sobre papeles esperando en numerosas estanterías para siempre. Y la obra de arte no solo es interpretable, sino que busca esa interpretación o interpretaciones porque, cuando hablamos de interpretar, conviene siempre hacerlo en plural. ¿Existe acaso una sola interpretación para las cosas? ¿Se imaginan la vida como una aburrida unanimidad infinita? ¡Cuántas cosas nos habríamos perdido, entonces!

No, no existe ninguna objetividad posible ante una interpretación, por eso la obra de arte se hace enormemente extensa ante nosotros, ofreciéndonos tantas visiones como ojos se postran sobre ella, y cabe preguntarse cuál es la esencia, entonces, de esa obra de arte que contemplamos, cuál es la esencia de ese texto que estamos leyendo. Si cada uno de esos lectores o espectadores ve y lee lo que él ve y lee, solo él y no otro, ¿cómo sabremos, pues, qué es lo que realmente nos quiere decir esa obra de arte o ese texto? ¿Cómo llegar a un encuentro y no quedarnos levitando en la infinitud de la no certeza?

Aquí es donde entra Gadamer, filósofo alemán que hizo una total renovación de la hermenéutica. Para él, interpretar es mucho más que lo que se venía entendiendo hasta el momento. No se trata solo de interponer nuestra opinión como lector o espectador, volcar nuestro conocimiento sobre la obra en sí y sacar conclusiones a partir de ello. Para Gadamer, interpretar un texto –como no podía ser de otra forma- es mucho más: involucra una fusión de horizontes, ¿qué horizonte?, cabe preguntarse. El horizonte más grande que hay y ha habido a lo largo de toda nuestra existencia, el horizonte que nos separa a unos de otros, el único horizonte que parece –de verdad- imposible de atravesar. Un horizonte llamado tiempo, ya sabéis, ese horizonte de las horas, de los minutos, de los segundos.

El ser humano está en el mundo con una determinada historia propia que le confiere a su vez una manera de entender el mundo, solo de esa forma es el ser humano consciente de que es finito y tiene límites, como no podía ser de otra manera, solo así es consciente de que existe un horizonte que siempre ve, pero al que nunca va a ser capaz de llegar y, mucho menos, atravesar; el ser humano corre a toda prisa para intentar llegar a ese horizonte que, sin embargo, se aleja de él cuanto más parece acercarse. Gadamer nos aclara que eso es falso: no es cierto eso de que el ser humano no puede llegar a ese horizonte ni atravesarlo, es más, no solo puede llegar a él y atravesarlo, sino que además puede unirlo con otros horizontes, tejiendo una suerte de telaraña que va de un lado a otro, de un tiempo a otro, de forma imparable, haciendo olvidar por unos segundos a ese ser humano efímero que él es finito y que tiene límites; así, logra ponerse las alas de Hermes y con su manta emprende un viaje del que nunca más podrá regresar. Eso solo lo logramos con la interpretación, porque no podemos olvidar que es Hermes quien, con su mano, nos lleva a eso. Es él quien nos da sus alas y quien nos pone la manta de viaje encima, porque es un viaje largo, cansado y frío, pues nunca sintió ningún ser humano calor al descubrir la inmensidad de la vida.

Cuando estamos ante un texto o una obra de arte no es que en ese momento estemos adquiriendo el horizonte de su autor, porque eso no sería posible, sino que lo que ocurre es que reconocemos ese otro horizonte y, por tanto, podemos llegar a comprenderlo y, cuando comprendemos, es cuando ampliamos nuestro horizonte y lo fusionamos con otros horizontes, es cuando hacemos esa telaraña con sumo cuidado pero que, a su vez, es tan resistente. Atravesamos esa frontera que parecía imposible de alcanzar: el tiempo. Tu interpretación no es más verdadera que la mía, de igual modo que lo que yo entiendo no es más cierto que lo que tú has entendido, de lo que se trata es de que nuestras interpretaciones particulares de cada uno no son más que las piezas de un puzzle inmenso que solo podemos llegar a recomponer cuando fusionamos esas fronteras; así, ante cada nueva interpretación que hacemos de una obra o de un texto, encontramos una pieza más de ese puzzle que se nos muestra como inabarcable.

Así que, la compresión se lleva a cabo cuando el horizonte del intérprete se amplía con el del autor y ambos se fusionan, formando un nuevo horizonte superador de la historia, del tiempo. De modo que, si esto trata de cruzar fronteras, cuando interpretamos una obra de arte o interpretamos un texto, lo que estamos haciendo –en realidad, al fin y al cabo- es una interpretación de nosotros/as mismos/as: porque llegamos por fin a nuestro horizonte y lo atravesamos, es decir, nuestro conocimiento, nuestra circunstancia, nuestra historia o, lo que es lo mismo, mi vida por fin es comprensible para mi yo. Cuando interpretamos la obra, estamos descubriéndola, pero no solo a ella, y eso es lo fascinante de la interpretación, sino que estoy descubriendo a mi yo. De ahí, las sensaciones inexplicables que siento yo cuando leo un texto, pero el otro no la siente, de ahí los sentimientos inabarcables que recorre el cuerpo del otro cuando está ante un cuadro que, en cambio, a mí no me dice nada. Yo me encuentro, tú te encuentras, cada uno busca su yo incesantemente hasta toparse con él de bruces, lo cual no es nada fácil. Adoramos los textos y los cuadros porque, estamos desesperados por encontrar nuestro yo, y solo cuando encuentro a mi yo y se encuentra con el yo del otro, solo entonces, somos conscientes de que no estamos perdidos, dejamos de levitar y ponemos los pies en el suelo, seguros de que nuestro caminar no es en soledad. Nos descubrimos a nosotros mismos en la vida, nos situamos en el mundo, he ahí la grandeza e importancia de la interpretación.

Pero hemos pasado algo por alto que no podemos olvidar: Hermes, dios olímpico mensajero, que atravesaba fronteras… también era el dios de los mentirosos.

Entonces, mentimos cuando escribimos, mentimos cuando pintamos, mentimos cuando creamos, ya que todo lo que se interprete de ahí, toda hermenéutica posible, no puede ser más que solo y solo aquello que sabe -y puede- dar un mentiroso.

¿Somos una mentira, entonces?


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One thought on “Arte | La falacia del YO

  • 02/04/2019 at 12:36 pm
    Permalink

    No es que no considere arte p-ej el cubismo
    pero aun estoy intentando comprender que ha pasado para qe la gente deje de hacer esculuras-etc como antes ( tiempos d griegos clasicos+renaciemiento etc )
    tal vez sea que ya estaba to hecho o vagancia por tomar demasiadas drogas, alcohol , azucar …

    Segun el gran director de teatro Stanislavski, que creó escuela ,
    arte es todo aquello en lo que no añadimos por vanidad ni quitamos nada por timidez
    asi el arte se democratiza y cotidianiza…
    ademas que la gente lo reconoce porque destila belleza…
    Pero un truño , no es arte por que es algo fisilogico , reaccion fisiologica y
    creado “automaticamente”· por el cuerpo,
    Arte es plasmar el Cº del corazon, la ecuanimidad equilibrio belleza-metafisica del corazon

    Cuando voy a una expo, no analizo las obras,
    simplemente o me gusta o no, te llega o no…y no es ni mejor ni peor,

    la tele y las pelis bloquean el cortex frontal del cerebro con que pensamos
    un poco basta, para desconectar, mucho es malo
    La mejor peli es tu vida, mejor un libro o salir a la calle,
    la musica clasica tiene mucho mas registro emocional y mental que ninguna otra

    en esPPañistan que todo está tan controlado y el arte-cultura denigrad@s
    casi todos quienes triunfan y curran
    son trePPas artistas de la PPista

    ” si preguntas, al menos por educacion, deberias decir lo que tu crees…”

    Música binaria de repetición (rock) matando al jazz, la música popular más sabia; la música pop, que es lo mismo en todos lados, como lo contrario de la música popular; la cultura de masas como lo opuesto a la cultura popular, fabricada desde arriba para el consumo de las clases populares con miras a apuntalar el conformismo, una sociedad permisiva hacia el consumidor y represiva hacia el productor en la que todo está permitido pero nada es posible. 

    Pelis-etc de terror : pagar por pasar miedo e implantar el germen de la paranoia en ti, …ademas pagando , es masoca y algo loco.

    pelis d armas para promove violencia y mercado d guerra + salir sedado a la calle desahogando en el cine y qe asi na cambie fuera

    Reply

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