
Hablamos con Antonio Manuel sobre un proyecto deslumbrante, donde se mezcla teatro y poesía, cine documental y música, memoria y danza, Lorca en la Habana, una película escrita y dirigida por José Antonio Torres y por el propio escritor cordobés.
Por Angelo Nero | 26/12/2025
Tal vez no sea necesario presentar a quienes siguen este medio a Antonio Manuel, con el que hemos conversado sobre su vinculación con el Flamenco, a través de su proyecto poético-musical A Palos, y de Arqueología de lo jondo, título de uno de sus libros y de la serie co-dirigida por él mismo para Canal Sur; sobre la herencia andalusí en su novela La luz que fuimos: Rebelión en Córdoba; sobre la Memoria Antifascista, por su participación en el documental Pico Reja, la verdad que la tierra esconde; o con el que conversamos también sobre su último libro, Tu nombre mío, una novela tejida con muchos más silencios que palabras, con los silencios que habita el olvido. Antonio Manuel, además de músico, profesor, poeta y narrador, activista memorialista y hombre comprometido con su tierra y con su tiempo, es un excelente conversador, alguien que siempre sabe adelgazar las distancias y que hace crecer a los medios pequeños, como el nuestro. En esta ocasión hablamos con él sobre un proyecto deslumbrante, donde se mezcla teatro y poesía, cine documental y música, memoria y danza, Lorca en la Habana, una película escrita y dirigida por José Antonio Torres y por el propio Antonio Manuel.

Hasta ahora se había hablado mucho de la huella que había dejado en Federico García Lorca su estancia en Norteamérica, de ese Poeta en Nueva York que nos sigue deslumbrando, ¿por qué decidís que era importante cambiar el foco, y dirigirlo a los días que el granadino pasó en Cuba? ¿Qué huella dejó la isla caribeña en Federico?
Por lealtad. Cada vez que cierro los ojos, imagino a Federico sonriendo. No importa que su corazón estuviera amoratado por los golpes del desamor o por la mirada inquisitorial de la España rancia y nacional católica, su estado civil eran sus ansias de libertad y de alegría. Y no me cabe duda que fue allí, en Cuba, donde se sintió más libre y más feliz que nunca. Tanto es así, que su sonrisa quedó prendida del aire y todavía se respira por toda la isla. Apenas desembarcar, sintió que pisaba de nuevo Andalucía, esa matria de ida y vuelta que habita por igual en un son y en una siguiriya. Pero con la diferencia radical de que no sería juzgado por ser quien era. Fue allí donde la máscara con la que se protegía de los prejuicios y de los ojos enfermos, esa a la que tantas veces evocó en “El público”, se le derramó por las costuras del alma. Ya no volvió a ponérsela nunca más. Y aquella estancia en Cuba tuvo la culpa.
Es importante situar el contexto histórico en el que se produce la visita de Lorca a Cuba, y sus propias circunstancias personales, ya que viaja tras una ruptura amorosa, y después de pasar por el Nueva York del crack económico de 1929. ¿En Cuba tuvo una especie de resurrección, encontró nuevos motivos para crear, para amar, para vivir?
En el documental afirmamos que Federico nació en Cuba. Claro que había nacido otras veces como volverá a nacer cuando sea recitado por una garganta nueva. Pero la catástrofe ética, política y social que presenció en Estados Unidos, le limpió las córneas de los ojos como si las hubiese enterrado en nieve. Cierto que huyó de España tras el naufragio amoroso con Emilio Aladrén. Necesitaba desentumecerse el alma. Y creyó que las luces del milagro económico norteamericano serían el remedio para cauterizar su herida. Nada más lejos de la realidad. Se la hizo más honda. Porque contempló con sus propios ojos la impiedad y la deshumanización del capitalismo salvaje. Aquellos rascacielos que aspiraban a conquistar el cielo sólo eran moles de barbarie, vacías y muertas como una mariposa disecada. Todo era un trampantojo. Y toda esa sinrazón desalmada la hizo constar como un notario surrealista en su Poeta en Nueva York. Pero al llegar a La Habana, comprobó que otra luz era posible. Que las negras y negros del Caribe eran capaces de metabolizar la tragedia en alegría, al modo de los gitanos y gitanas del Sacromonte. Desde el primer momento, supo (porque lo sintió) que el Guadalquivir nace en Andalucía pero desemboca en La Habana. Se encontró con poetas que le tendieron sus alas para volar por la isla vestido de blanco novia. Le agasajaron intelectuales que le abrieron las puertas del compromiso político para defender la República cuando volviese. Bebió ron y bailó sones hasta el amanecer. Y deseó a tantos ojos negros que perdió la cuenta. Por eso Federico escribió: “Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”.
Esta es una película donde se fusionan varias disciplinas artísticas, y lo que me parece que la convierte en una obra sobresaliente es, precisamente, la forma en la que están engarzadas, el ritmo, la atmósfera que crea. Pero creo que debemos de prestarle la atención que se merece a cada una de ellas, comenzando por el teatro, por la magistral manera de meterse en la piel del poeta del actor onubense Javier Jiménez Noia. ¿Qué importancia tiene la parte teatral en el armazón de la película, y cómo surge?
Sólo se puede realizar una película sobre Federico de lorquianas maneras. Así nos lo propusimos. De ahí que sus lenguajes la atraviesen de principio a fin como el hilo donde se ensartan la poesía, el surrealismo, el teatro, los títeres y la música. Pero quizá la decisión más compleja y arriesgada era que fuese la propia voz de Federico, la desconocida voz del poeta, quien ejerciera de narrador. Y la trampa se hizo magia cuando apostamos porque fuera un actor quien hiciera de un actor que interpretase a García Lorca. Bingo. El espectador ya sabe que no tiene por qué parecerse en los ojos, en la frente, en la estatura, en su pose, en sus hechuras, en nada. Y, sin embargo, hemos conseguido que fuera una alma gemela de pellejo adentro. La magistral interpretación de Javier Jiménez Noia lo convierte en carne. ¡Qué expresión más acertada esa de que encarna a Federico! Porque todo aquel que ve la película siente que se está mirando en un espejo, se ve a sí mismo en la piel del poeta y dramaturgo, porque lo percibe tan humano e imperfecto como él. Sonríe y llora a su lado. Quizá sea el éxito más rotundo de esta película: Federico no es un tótem o un santo al que venerar, sino un ser humano como tú que ama y necesita ser cuidado.
Después tenemos otra de las partes imprescindibles del armazón sobre el que se crea este relato, el de las entrevistas ficcionadas a personas que compartieron vivencias con Lorca en Cuba, como Lydia Cabrera (a la que da vida Laura Martín), Nicolás Guillén (Carlos Cruz), Flor Loynaz (Inima Dulce Fuentes), José María Chacón (Javier Vergara), Adolfo Salazar (Manuel Vergara), a los que conviene destacar por su excelente trabajo interpretativo, ¿cómo fue el rodaje de estas recreaciones que transmiten realmente la emoción de los que vivieron la etapa cubana del poeta? ¿y cómo de importante fue la relación de Federico con la intelectualidad de la isla caribeña?
Recuerdo la mañana en la que José Antonio Torres me propuso incluir los testimonios de las personas que convivieron con Federico en la isla para redoblar la credibilidad del relato y complementar las entrevistas de los expertos. Reconozco que al principio me resistí a cambiar el modelo inicial de guion. Pero no hay más verdad que la te entra por los ojos y el acierto ha sido esencial para la película. Quisiera reconocer igualmente la inmensa labor de casting que realizó Manuel Carrasco, dado que la inmensa mayoría de los actores no son profesionales. Y, si me permites, mandar un abrazo al cielo por Inima Fuentes, nuestra Flor Loynaz, que se nos fue antes de poder verse en la gran pantalla. Sin duda, esta parte del tríptico refuerza el magnetismo político, poético y ético que le atrajo de la intelectualidad cubana. Recordemos que Federico desembarca en pleno régimen de Machado, con una importante movilización ciudadana en su contra. De otro lado, vive la reivindicación de la negritud como un componente esencial en la identidad de la isla. La mirada del débil era la suya. Siempre lo fue, digan lo que digan. Puso voz a las mujeres sin voz y, como homosexual, hizo lo propio con los suyos y con las mujeres yermas. Por eso no necesitó nombrarlas cuando dijo que ser de Granada le hacía sentir una comprensión simpática por los perseguidos: el judío, el gitano, el negro, el morisco que todos llevamos dentro. Él también era ellas. En Cuba tomó conciencia de su libertad y de la urgencia de pelearla con uñas y dientes cuando regresara a España, utilizando sus armas más potentes: su palabra y su sonrisa.
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Y la tercera pata -aunque después apuntaremos alguna más- de Lorca en la Habana, son las entrevistas a expertos cubanos como Ciro Bianchi, Urbano Martínez Carmenate, Luis Machado Ortetx o Tania Licea. ¿Es tan importante la huella de Lorca en Cuba, para que tantos cubanos hayan investigado sobre sus pasos en la isla? ¿Cuándo comenzasteis el proyecto, imaginabais que os ibais a encontrar tantos ecos lorquianos en las esquinas de Cuba?
El impacto vital de Cuba en Federico fue un veneno que le corrió por la sangre hasta después de su muerte. Se enamoró de la isla antes de pisarla gracias a su buen amigo José María Chacón y Calvo, determinante en sus primeras publicaciones en Cuba y en la planificación de su viaje, y quien le prestó las 250 pesetas que necesitaba para bajar a Granada y no regresar nunca más a la vida. También fue una cubana, Lydia Cabrera, quien le presentó a la que sería su musa en el teatro, Margarita Xirgu. Como agradecimiento, le dedicó a ella y a su negrita Carmela Bejarano, el poema “La casada infiel”. Y todavía se recuerda que Margarita Xirgu supo del asesinato de Federico en las tablas de un teatro habanero. Tras representar Bodas de Sangre, le hicieron llegar un telegrama y ella lo leyó con la voz quebrada ante el público. Todos se rompieron las manos aplaudiendo igual que ella tenía rota el alma. Después la acompañaron hasta el hotel como en un cortejo fúnebre, recitando las oraciones laicas de sus versos. Así de profunda fue la huella de Federico en Cuba. Tanto que allí se mantuvo viva la llama de su memoria mientras aquí arrojábamos sus huesos en una fosa común. Por esa razón, también por lealtad, decidimos que fuera Cuba quien hablase de Federico, tanto a través de sus excepcionales investigadores, como de quienes representan sus obras o se inspiran en ellas, demostrando que la universalidad de un poeta no tiene fronteras.
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Lorca no estuvo en Cuba de turismo, Lorca se dejó colonizar por la isla, se hizo en cierta manera cubano, se embriagó con sus sabores, con sus canciones, con su luz, pero no fue ajeno a los cambios sociales que se fraguaban, como en su propia tierra, en esa época, sabemos que incluso participó en algunas manifestaciones, ¿es allí donde Lorca también reafirma su compromiso político que le llevaría a destacarse en el la lucha por la República española?
Entiendo que todo fue un proceso. La necesidad de escapar del corsé nacional católico fue la primera herida. La calamidad que presenció en Nueva York fue la segunda. Pero no me cabe duda que conocer a Fernando Ortiz, Juan Marinello, Nicolás Guillén, Lezama Lima, los Loynaz y a la intelectualidad cubana, fue la definitiva. Los paralelismos de la dictadura de Machado con el régimen que se vivía en España eran evidentes. Federico comprendió en Cuba que luchar por las libertades republicanas era luchar por sí mismo. Que ya no podía dar marcha atrás. Había puesto el reloj en hora y se dejaría la vida para que las manecillas siempre fueran hacia delante. Hoy sentiría estupor al contemplar cómo muchos quieren parar el reloj y volverlo a poner a la misma hora de su asesinato.
También encontramos originales homenajes a Lorca como el que hacen desde Matanzas, El Teatro de las Estaciones, una compañía de títeres, o El Trébol Gitano, que interpretan el universo lorquiano desde visiones ciertamente originales. “Me supe morisco, judío, gitano, guajiro, mujer, hombre, rojo, negro y escandalosamente andaluz” ¿Habéis descubierto que desde Cuba o desde Andalucía, hay tantos Lorcas como maneras de interpretarlo?
Una de las injusticias más justas que el destino ha cometido con Federico fue que no se conserven registros sonoros de su voz. Porque eso ha permitido que todas las voces que lo reciten o interpreten sean la suya. Eso sí, siempre que sean leales con los manantiales de su garganta. Entiendo y aplaudo que un gallego recite a Federico con los bellísimos matices de su lengua. O un cubano. Pero que un andaluz o una andaluza lo declamen impostando el castellano, me revuelve las tripas. ¿Sabes por qué? Porque al mismo Federico le herviría la sangre al escucharse traicionado por su propio pueblo. No hay nada que evidencie con más crudeza nuestra falta de autoestima y nuestra colonización cultural como pueblo. Por eso nuestro Federico lo hace en su propia lengua materna, la misma con la que Federico cantaba, reía y recitaba sus versos.
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Y completando este caleidoscopio, no podía faltar la música y la danza, esas formas artísticas que, como en ningún otro lugar, festejan a la vida, y que cautivaron tanto al poeta, y donde tú también intervienes. ¿Cómo es esa banda sonora que acompaña a Lorca en La Habana, con que colaboraciones contasteis?
Federico es música. Su palabra es melodía. La película tenía que ser respetuosa con su esencia musical para que no nos lo echase en cara cuando nos veamos más allá de las estrellas. Decidimos que, al igual que el documental, hubiera melodías de las dos orillas. La parte cubana corrió a cargo del grupo Ké Bolá y de su compositor Yoxgiel Martínez, que hicieron una magnífica adaptación del tema popular “La morena Trinidad”, la habanera que escuchaba la madre de Federico, así como dar el aroma santiaguero al “Son de negros” que escribiera el poeta en la isla. La parte andaluza la llevamos a cabo Jesús Bienvenido, Roko y yo. La idea era componer una canción original que ejerciera de tráiler sonoro de la película. Yo me encargué de la letra y de la primera arquitectura del tema. La canción comienza con el poema que Federico escribiera a Pepito Chacón manifestando su deseo de viajar a Cuba allá por 1923. Y termina con su deseo incumplido de regresar. Jesús Bienvenido, reconocidísimo autor de carnaval gaditano y creador comprometido, la compuso y la produjo con maestría para darle esos aires de ida y vuelta, rematados con un tumbao que hace justicia con la dicha del poeta. Y la cantante Roko puso voz a la madre de Federico, apenada porque su hijo no se pusiera el traje blanco para salvar la vida. Con sinceridad, creo que la banda sonora es una auténtica joya.
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Para terminar, nos gustaría saber cómo ha sido el recorrido, hasta ahora, de la película, cómo ha sido en los festivales en los que se ha presentado, cual ha sido la acogida del público y de la crítica, y, sobre todo, donde podemos ver esta película que, desde aquí, reivindicamos como imprescindible para todo aquel que sienta a Federico García Lorca como parte de su imaginario.
“Lorca en La Habana” se estrenó en el Festival de Málaga y, desde entonces, ha girado por numerosos y prestigiosos festivales de España y el mundo. Pero hay dos hitos que nos emocionan especialmente. El primero, que la película fue proyectada en La Habana de la mano de la Universidad habanera y del Instituto Cervantes, acompañados por Luis García Montero y el embajador español, gracias al patrocinio de Gapsa. Recientemente, ha regresado al Festival Internacional de Cine de La Habana. Era de justicia que quienes tanto nos ayudaron para hacer posible la película, la pudieran disfrutar en su propio país. Y era de justicia que Federico cumpliese su sueño de regresar a la isla vestido con su traje blanco. El segundo, sin duda, su proyección en los Premios Lorca de Granada, en la tierra donde lo nacieron y donde lo asesinaron para no morir nunca. Más allá de los premios y nominaciones, nos sentimos extraordinariamente felices porque cada vez que se ha proyectado la sala estaba llena y todo el mundo ha llorado y aplaudido como si no hubiera un mañana. A veces, con salas enormes como Sevilla, Córdoba o especialmente en Sabadell, en una minigira exitosa que dimos con los Ateneus de Catalunya. Actualmente puede verse en Filmin y en la plataforma en abierto de CanalSurMás. Nuestra intención es comenzar a moverla por salas comerciales en 2026 y contar con la complicidad de quienes quieran para que todo el mundo sepa que Federico fue libre, feliz y comprometido en aquella Cuba de los años 30.
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