“Antidisturbios”, algo más que una serie de policías

Por Antonio Mautor

Una de las series que más expectación ha levantado en los últimos tiempos, ha sido sin lugar a dudas “Antidisturbios”, dirigida por Rodrigo Sorogoyen. El ruido que ha levantado le ha beneficiado para hacerse con las portadas de todos los medios y, polémicas aparte, demostrar que es una de las mejores filmaciones nacionales que se han hecho en los últimos años.

La polémica ya la sabéis de sobra. Sindicatos de policía han puesto el grito en el cielo por entender que la serie refleja de manera distorsionada, e insultante, el día a día del trabajo de estos cuerpos de élite de la Policía Nacional. Creemos que esta polémica es absolutamente ridícula; no recuerdo una serie policiaca en la que no se reflejen de la misma manera las vicisitudes que viven los policías, las movidas en las que están metidos, y su flirteo con drogas y otro tipo de sustancias.

En todo lo relatado anteriormente, la serie no es nada novedosa, los miembros del equipo de antidisturbios, más lo de asuntos internos, son personajes con claroscuros, de vidas difíciles, en situaciones extremas que les conducen a vivir al límite. Sin embargo, el punto fuerte de “Antidisturibos” no es lo que cuenta sino cómo es contado. Sorogoyen realiza un alarde de dirección, junto a la guionista Isabel Peña, de los que crean escuela. Muestra una tensión, una fuerza, en cada plano rodado, que le otorga una credibilidad  absoluta. Las intervenciones del grupo de policías son brutales, llenas de energía, te hacen sentir que eres tú quien propina o recibe los palos. Todo dentro de la narración frenética a la que nos tiene acostumbrado el director,  pasando de 0 a 100 en un segundo.

Otro punto fuerte de esta miniserie, es el elenco de actores de los que ha echado mano el director de “El Reino”. El grupo de policías encabezado por Raúl Arévalo, y secundado por Álex García, Roberto Álamo, Hovik Keuchkerian, Raúl Prieto y Patrick Criado, conforman un escuadrón suicida que representa diferentes caracteres y formas de ver la vida, pero con el objetivo común de hacer bien su trabajo, aunque a veces no sepan muy bien cómo. Hemos dejado para el final la figura protagonista de Vicky Luengo, la policía de asuntos internos, eje catalizador de todo lo que acontece en la serie. Su interpretación es de alto nivel y consigue convencer de que lo que está haciendo es real y honesto. Acertada la decisión de poner una mujer como visión principal de la narración; vemos que los tiempos están cambiando también en el cine en relación al género femenino.

Lo más valiente en esta miniserie es poner como protagonista a uno de los cuerpos más denostados actualmente de nuestra sociedad. Los nuevos “villanos” del día a día, los tipos y tipas que van con casco, escudo y porra; esos que nadie quiere ver. Humanizar a estas personas, funcionarios, es un acto de valentía por parte de Sorogoyen y Peña. Intentar enseñar la cara real de su trabajo, con sus cosas buenas y malas, es un total acierto. Es más, el director fija finalmente su ojo en otros villanos, aquellos que están más arriba, los de siempre, los que nunca pierden. Podría haber sacado más “mierda” de las alturas, pero dudo mucho que le hubieran dejado, el poder es el poder al fin y al cabo.

La crítica principal que podría hacerse es la falta de asesoramiento al abordar algunos aspectos jurídicos. Pasa en todas, no estaría mal esforzarse en hacer más real lo que se relata. Ejemplos de ello: hablan de Secretario Judicial, cuando son Letrados de la Administración de Justicia, se les cambió el nombre hace unos años. No son secretarios del juez, son los jefes de personal del juzgado. Diferentes aspectos de la instrucción e investigación que se realiza en la serie, son impensables con las leyes penales de nuestro país etc… Bien es cierto que no deja de ser ficción, y que hay que echar algo de salsa para el entretenimiento, pero a veces cuidar estos detalles da más credibilidad al asunto.

Poco más que añadir. Una de las mejores miniseries del año. La historia de unos supuestos villanos que no lo son tanto, y  de otrosque van de santos y no lo son tampoco. “Antidisturbios” es como la vida misma: hay blancos y negros, pero, en general, todo está lleno de grises.

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