Annobón y los annoboneses: una Historia de abusos y resistencia

En lugar de reconocer el derecho de los pueblos a la autodeterminación, se transfirió el poder a una nueva entidad de creación colonial, denominada Guinea Ecuatorial, favoreciendo a las tribus del interior de Río Muni.

Por Lucio Martinez Pereda y Orlando Cartagena Lagar | 16/12/2024

La Historia de Annobón está marcada a sangre y a fuego por el paso de dos potencias coloniales: Portugal y España, y un estado dictatorial explotador: Guinea Ecuatorial. Su historia comenzó cuando los esclavos rebeldes fueron arrojados y abandonados en la isla, convertida en prisión y espacio y símbolo de escarmiento. Durante el régimen portugués, Annobón fue tratada como una cárcel y un cementerio, un lugar de condena perpetua para castigar resistencias.

Con la llegada del colonialismo español, el trato no cambio: la isla siguió siendo un espacio penitenciario por mucho tiempo. Aunque España impulsó una limitada educación primaria para los que acataron el poder colonial, se excluyó a quienes se opusieron, condenándolos al aislamiento social y a una vida sin acceso a los escasos beneficios ofrecidos por el sistema colonial. Como resultado: todos los annoboneses fueron desposeídos de sus nombres y acabaron llevando apellidos españoles -Cádiz, Málaga, Cartagena, Castellón o Villareal-. En más de cinco siglos de dominio colonial, las dos potencias dejaron pocas huellas tangibles en la isla. No se desarrollaron actividades económicas significativas ni se construyeron infraestructuras básicas, salvo una imponente iglesia, permanente recuerdo destinado a simbolizar con su presencia el poder colonial español.

Tras la independencia la situación no mejoró. Los annoboneses se vieron obligados a vivir con frecuencia en zonas separadas, barrios apartados o incluso guetos fuera de su isla. Fueron excluidos de sectores clave: la administración, el ejército y el poder político, relegados a profesiones específicas y marginados de cualquier toma de decisión política. En el proceso de formación militar de los oficiales previo a la creación del ejército nacional guineano el poder colonial español excluyó deliberadamente a los annoboneses. Esta marginación se extendió también a la preparación del personal administrativo: las escuelas indígenas de Fernando Poo y Río Muni, destinadas a capacitar a futuros gestores locales, no integraron a los miembros del pueblo de Annobón. En tiempos de disturbios, se les señalaba como chivos expiatorios representantes simbólicos del mal. En las celebraciones deportivas, fueron frecuentes los ataques o encarcelamientos grupales: en este contexto surgió la idea de que los annoboneses constituían una “raza” diferente, ajena a la nación, lo que reforzó su demonización y marginación social y política.

La Ley 191/1963, que estableció las bases del régimen autónomo de Guinea Ecuatorial, marcó el inicio de su exclusión sistemática y deliberada en los procesos político y sociales que desembocaron en la independencia de este territorio español . La ley definió a Guinea Ecuatorial como constituida únicamente por los territorios de Fernando Poo y Río Muni, subordinando explícitamente Annobón a la provincia de Fernando Poo. Esta designación contradice principios esenciales del derecho internacional, que reconocen el derecho inalienable de todos los pueblos a decidir libremente su condición política y a perseguir su desarrollo económico, social y cultural sin interferencias externas. Desde ese momento, Annobón quedó invisibilizado.

En el contexto de las independencias otorgadas a territorios bajo dominación, como el caso de Annobón, emerge una contradicción: ¿por qué la potencia colonial optó por conceder «independencia» a las tribus del interior de Río Muni en lugar de restituir la libertad originalmente arrebatada a todos los pueblos que conformaron todo su espacio de dominio colonial? En el momento de la independencia España tenía dos provincias, Fernando Poo (Annobón) y Río Muni. Entonces, ¿qué es Guinea Ecuatorial? En lugar de reconocer el derecho de los pueblos a la autodeterminación, se transfirió el poder a una nueva entidad de creación colonial, denominada Guinea Ecuatorial, favoreciendo a las tribus del interior de Río Muni. La independencia de Guinea Ecuatorial en 1968, consolidó esta exclusión al unificar las dos provincias (Fernando Poo y Río Muni) bajo el pseudónimo inventado de Guinea Ecuatorial. Este proceso ignoró las profundas diferencias geográficas, culturales, lingüísticas, sociales y políticas entre los territorios, y violó el derecho internacional al fusionar entidades sin ninguna conexión histórica y cultural más allá del periodo colonial. Particularmente grave fue la subordinación de las dos islas que conformaban Fernando Poo (Bioko y Annobón) al dominio político y administrativo de Río Muni, donde predominaban las élites fang, lo que reforzó el control total de este grupo sobre los demás pueblos.

El pueblo de Annobón, sin representación política ni reconocimiento, quedó al margen de las decisiones cruciales que moldearon la configuración del Estado guineoecuatoriano. Mientras las tribus de Río Muni fueron respaldadas activamente por el gobierno colonial español, Annobón fue completamente excluido de este proceso, desde el inicio sus habitantes fueron designados como «minoría étnica «.

Este acto de invisibilización histórica refleja el incumplimiento de España de los principios del ordenamiento jurídico internacional en sus procesos de descolonización.

La etapa del régimen de Francisco Macías Nguema 1968- 1979 fueron once años de terror planificado y organizado con persecuciones, detenciones arbitrarias, encarcelamientos masivos, torturas y asesinatos constantes. Durante este período, Annobón permaneció completamente incomunicado, carente de infraestructuras básicas: sin saneamiento, electricidad, agua potable y servicios sanitarios algunos. La atención médica se limitaba a un modesto dispensario atendido por un único practicante, extremadamente insuficiente para cubrir las necesidades de la población. La comunicación con Fernando Poo era prácticamente inexistente, restringida a unos pocos emancipados —apenas cinco personas— que obtuvieron un salvoconducto del poder colonial. El único barco español que visitaba la isla lo hacía cada tres meses, y no existía ningún otro medio de conexión con el resto del mundo. Este aislamiento se ha fijado a lo largo del tiempo y hasta la actualidad en una constante histórica en la vida de Annobón, determinando su desarrollo y su relación con el exterior. La conexión con el resto del país era mínima; el barco de Guinea Ecuatorial apenas llegaba una vez al año, y en ocasiones, solo cada dos. La isla quedó sumida en el abandono y en una miseria absoluta. Sin el material escolar más elemental: sin tizas, bolígrafos ni papel, los alumnos aprendían las “lecciones” mientras las leía un profesor repetidas veces.

En 1973, sin acceso a alimentos ni atención sanitaria, Annobón sufrió una devastadora epidemia de cólera que, en menos de dos meses, acabó con un tercio de su población. La respuesta del régimen de Macías Nguema fue cruel e inhumana: declaró que cada pueblo debía hacerse cargo de sus propias enfermedades, alegando que en Guinea Ecuatorial no existía tal epidemia, y bloqueó la ayuda internacional ofrecida por la Cruz Roja. Familias enteras murieron y sus hogares desaparecieron para siempre. La ausencia de madera para construir los ataúdes hizo que se utilizaran los cayucos y después de más de 400 muertos las playas de Annobón se quedaron sin sus barcos de pesca. Nadie salía al campo a buscar comida, tampoco se podía ir de pesca por temor a la diarrea. Algunas personas impregnadas de vómitos y diarrea fueron envueltas en sábanas y metidas en ataúd sin certificar si estaban muertas. Las personas que enfermaron tras acudir a los entierros se quedaban en las inmediaciones del cementerio hasta que llega su ataúd y se van para siempre. En Annobón las calles se quedaron vacías sin ningún niño jugando, ningún hombre yendo a la playa a pescar y ni un solo cayuco para pescar. La soledad, entrelazada con el llanto del pueblo de Annobón, creó una mezcla de silencio, desesperación e impotencia aun activa en las memorias de quienes lo vivieron en carne propia.

Un año después, en 1974, una epidemia de sarampión devastó nuevamente la isla, cobrándose la vida de más de 500 niños y reduciendo su población a la mitad. Sin alimentos, medicinas ni siquiera jabón, los habitantes morían -en palabras de los propios Annoboneses- como moscas, completamente desamparados por las autoridades de Guinea Ecuatorial. Ante esta situación algunos hombres arriesgaban sus vidas siguiendo las luces de los barcos pesqueros en las inmediaciones de la isla , en busca de ropa, medicamentos y artículos de primera necesidad intercambiando frutas, verduras y cestas decorativas de fabricación manual y local. Muchos murieron en el mar al perder de vista a la pequeña isla de Annobón.

En 1975, una delegación de ocho annoboneses partió de la isla en un cayuco de rumbo a las costas africanas, impulsados por la urgencia de pedir auxilio. Sin brújula ni equipamiento , y remando a mano, navegaron durante ocho días hasta llegar a las costas de Gabón. Allí fueron apresados por las autoridades locales.Las autoridades gabonesas informaron a Macías Nguema y la reacción del dictador fue atroz: exigió la entrega de los hombres para asesinarlos. Sin embargo, Omar Bongo- entonces presidente de Gabón- rechazó rotundamente la solicitud de Macías. En un acto de humanidad, Bongo ofreció trabajo y refugio a los annoboneses, permitiéndoles permanecer en su país.

Durante el verano de 1976, nuevamente trece hombres, emprendieron un viaje en varios cayucos desde la playa de Awal, en la costa este de Annobón. Ocho de ellos desaparecieron en el mar. Los cinco restantes, al borde de la muerte, fueron encontrados por un barco pesquero. Sin ofrecerles ayuda, los tripulantes los devolvieron a su destino final: los dejaron a la deriva en sus cayucos frente a la playa de Palé.

En diciembre de 1976 como consecuencia de aquella hazaña de los 8 hombres y la destitución del gobierno colonial de Macías en la isla fruto de una triunfante revuelta, una delegación de casi 200 militares y “milicianos en marcha con Macías” -así es como se llamaban- armados hasta los dientes, llegó a la isla con la misión de matar a los que se rebelaron contra su gobierno y dejar vacíos Annobón de hombres capaces de remar hasta Gabón . Los milicianos -con Feliciano Bathó Obama al frente- convirtieron la sociedad annobonesa en un infierno: las mujeres y las niñas se convirtieron en su objetivo. Raptaron a las escolares y las sometieron a agresiones sexuales. Algunas niñas consiguieron escapar. Al día siguiente, los militares- armados hasta los dientes- fueron casa por casa en grupos de tres sometiendo a abusos a todas las niñas de Annobón. Acto seguido obligaron embarcar a punta de pistola a todos los hombres desde los 15 años hasta la tercera, edad rumbo a las plantaciones de cacao de Fernando Poo, donde fueron deportados en régimen de semi-esclavitud. Las mujeres y los niños menores de 15 años quedaron abandonados en una isla desolada, sin electricidad, recursos básicos ni apoyo externo, enfrentándose únicamente a la naturaleza y a su instinto de supervivencia. En la isla solo quedaron viudas, niños huérfanos y una sociedad profundamente fracturada y desesperada.

La deportación de 1976 marcó un punto de inflexión en la historia de Annobón. Sus efectos son palpables incluso hoy. Los pocos jóvenes que sobrevivieron a aquel «holocausto pamue-fang» enfrentaron una marginación extrema en la sociedad guineana, que les negó oportunidades para estudiar o prosperar. La presencia militar fang, compuesta exclusivamente por miembros de la tribu de Obiang, aumentó significativamente en Annobón. Nombraron un gobernador, un jefe militar y junto a la guarnición militar y delincuentes enviados a la isla, consolidaron el control tiránico sobre el territorio, imponiendo mediante saqueos y abusos sistemáticos un brutal dominio sobre la población local.

Desde la subida al poder de Obiang se ha ejecutado un plan sistemático para marginar y desmantelar a la comunidad annobonesa. Annobón se convirtió en un vertedero de productos tóxicos y un cementerio de residuos nucleares , en una mina de extracción de diamantes mediante el uso permanente de dinamita. Las playas fueron entregadas en exclusiva a los prohombres fang del régimen. La isla fue convertida en una zona militarizada, con maniobras y ejercicios de tiro que refuerzan el mensaje de ocupación brutalizada y control absoluto. Esta combinación de destrucción ambiental, marginación económica y social, y represión política ha creado un espacio de máxima hostilidad que busca desalentar la permanencia de los annoboneses en su propia tierra.

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