Andrea Momoitio: “Las historias de las personas que no salen en los libros de historia siempre desmienten los grandes relatos”

Andrea Momoitio, autora de ‘Lunática’. (Aritz LOIOLA | FOKU)

La periodista Andrea Momoitio impugna los márgenes, mueve los marcos mentales, y reivindica a esas marginadas, a través de una de ellas, que sumaría la legión de las invisibles, si no aflorara su historia a través de esta “Lunática”.

Por Angelo Nero | 21/06/2024

Lunática” escrita desde los márgenes, con las palabras de quienes lo habitan, de las marginadas, de las que colonizan todos y cada uno de los márgenes de la sociedad, en las calles de los barrios humildes, en los calabozos y en las cárceles, en los manicomios y en los tribunales -en la dictadura y en la democracia, tan parecidos que no cambiaron ni los jueces-, en esos espacios en los que también afloran las luchas contra un sistema que, para las marginadas, crea cárceles, manicomios, barrios humildes, para que no se salgan de sus márgenes.

La periodista Andrea Momoitio impugna los márgenes, mueve los marcos mentales, y reivindica a esas marginadas, a través de una de ellas, que sumaría la legión de las invisibles, si no aflorara su historia a través de esta “Lunática”: María Isabel Gutiérrez Velasco, que murió sola, abrasada en una celda de la prisión de Basauri, un 9 de noviembre de 1977, y que provocó la primera huelga de prostitutas en Bilbao en protesta por su muerte.

¿Cómo llegas a la historia de María Isabel, en que momento decides que tienes que escribir un libro sobre esta historia, y como fue el trabajo de documentación para poder llevarlo a cabo?

Conozco la historia de María Isabel mientras trabajaba en Vecinas, un proyecto de Pikara Magazine con el que pretendíamos rescatar historias de mujeres de nuestro barrio. Una de las personas a las que entrevisté me habló de la huelga y aquello me causó muchísimo interés: ¡Una huelga de putas en mi barrio! Al principio, apenas sabía nada de María Isabel. De hecho, en el primer reportaje que publiqué sobre el tema, no sabía ni si era de Asturias o de Cantabria. Poco a poco, según fui conociendo más el personaje, me fui quedando cada vez más atrapada en su historia. No solo su muerte había provocado la primera huelga de prostitutas de la que tenemos constancia sino que su vida, con solo 23 años, era tremenda: una familia que no se hizo cargo de sus dolores, centros del Patronato de Protección a la Mujer, cárceles, psiquiátricos. El trabajo de documentación fue complicado, la verdad. Es difícil acceder a cierta documentación y son procesos muy lentos, pero, con paciencia, van saliendo cositas. Con paciencia y con un poco de caradura, la verdad.

Su vida fue fugaz, como las repercusiones que tuvo su muerte, el Comité de Prostitutas apenas duró un mes, ¿a través de estas vidas y luchas fugaces, crees que se puede contar cómo era la sociedad de la época, mejor que a través de la vida de los grandes protagonistas de la Transición?

No sé si se puede contar mejor, pero, desde luego, hay se puede contar también. Pasa con el relato de la Transición, pero pasa también con otros, que tendemos a escoger grandes personajes para contar grandes hazañas. En lo cotidiano, en los márgenes, aparecen siempre historias que a mí me interesan más. Además, las historias de las personas que no salen en los libros de historia siempre desmienten los grandes relatos. Desde 1956, la prostitución estaba, en teoría, abolida en España. Solo hay que acercarse a la historia del barrio de Cortes, en Bilbao, para ver que aquello no sirvió de nada.

La España que le tocó vivir a María Isabel era implacable con los que se enfrentaban al sistema, o con los que vivían, como ella, en los márgenes, ¿estaba diseñado el sistema judicial para que personas como ella acabasen siempre en la cárcel?

Sin ninguna duda. Estaba diseñado así entonces y está diseñado así ahora. No sólo en la cárcel. María Isabel fue víctima de distintas instituciones de encierro: desde reformatorios franquistas a centros psiquiátricos pasando por distintas cárceles. Estuvo presa en Carabanchel, en Alcázar de San Juan, en Santander, en Bilbao. Se le acumulaban las sentencias y las penas mientras el sistema ignoraba sus dolores y le provocaba otros.

En el libro hay una crítica al sistema político y judicial de la época, que era especialmente represivo con las mujeres, pero también a como se trataba la salud mental entonces, un tema que ha tratado recientemente la periodista Montse Fajardo en su libro “Rotas”, ¿los manicomios también eran, instrumentos de la represión franquista, especialmente en el caso de las mujeres?

Sí. Bueno: los manicomios y los centros psiquiátricos son instrumentos de represión siempre. Lo eran durante la dictadura, lo fueron antes, lo son ahora. La estructura psiquiátrica es violenta aunque, por suerte, cada vez encontramos alternativas algo más amables con el sufrimiento psíquico. Los y las activistas en primera persona, las personas con diagnósticos psiquiátricos, nos están marcando el camino.

En los primeros años de la Transición, gracias a la COPEL, se visibilizó la lucha de los presos sociales, pero también fue importante la labor de los Comités de Apoyo en la calle, sin embargo no había mujeres en la COPEL, y muy pocas en los Comités, ¿por qué crees que sucedía esto y cual fue la relación que tuvieron con el Comité de Prostitutas?

En los Comités sí había mujeres. De hecho, esto es algo muy habitual. En todos los grupos o movimientos en torno a la cárcel hay siempre muchas mujeres: madres, hijas, novias, hermanas. Los y las presas se sostienen gracias a su gente cercana: la que pelea por sus derechos desde fuera, la que va a verles, les lleva dinero, ropa, la que cubre las necesidades que no se cubren desde prisión. Para pertenecer a la COPEL había un requisito ineludible: tenías que estar preso o presa. Hasta donde yo sé, como parte de la COPEL, dentro de las prisiones, no hubo ninguna mujer. Sí es cierto que en esa misma época, en algunas prisiones de mujeres, se llevaron a cabo algunas protestas, pero no estaban organizadas como estaban organizados ellos. ¿Por qué? No lo sé. Puede que porque muchas cárceles de mujeres estaban gestionadas por órdenes religiosas que llevaban a cabo un control muy férreo de las presas; puede que porque las mujeres tienen más que perder o más que cuidar, no lo sé.

En tu trabajo de investigación has rescatado memorias, fragmentos de la vida de María Isabel y de la gente que la conoció, pero también has encontrado gente que reivindica su derecho al olvido, ¿cómo gestionaste, desde tu oficio de periodista, estos silencios, que tal vez te impedían completar la historia?

Ha sido complicado. Me costó convencerme de que era legítimo contar su historia aunque hubiera gente cercana a ella que prefería que se olvidase. Entiendo que no es fácil leer algunas cosas, aceptar algunos errores. He tratado de conjugar el respeto a su entorno con el respeto a su historia. Reconstruir la vida de alguien es imposible. Los silencios forman parte de todos los relatos. A veces, te dan pistas. A veces, ni eso.

Tantos años después hasta nos suena rupturista algo como la Coordinadora de Grupos Marginados, donde estaban desde los Comités de Apoyo a COPEL, Mujeres Libres o Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, organizasen una Semana contra la Ley de Peligrosidad Social, a finales de 1977, y contasen con el apoyo de grupos políticos o de intelectuales como Félix Guattari o Fernando Savater. ¿Son los partidos políticos y los intelectuales en la actualidad más conservadores de lo que eran entonces?

No lo creo, pero era otro momento. Parecía que todo era posible y encontramos grupos e iniciativas interesantísimas, muy rompedoras. Tampoco podemos olvidar que fueron anecdóticas.

He leído en una entrevista tuya que decías “Los márgenes de 1977 son los mismos que los de hoy, las mismas personas siguen completamente reprimidas y oprimidas” ¿están ahora los marginados, como, por ejemplos, los presos sociales, más desconectados de la sociedad que entonces?

No creo que más, pero, sí, sin duda, siguen desconectados. No me gusta esa distinción entre presos sociales y políticos. De hecho, romper con esa distinción fue la principal pelea de la COPEL. La perdieron, pero tenemos que seguir dando esa batalla. Todas las personas que están presas están presas por cuestiones políticas.

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