Álvaro Montes: ‘Pensábamos que la ONU se mostraría imparcial y que no cedería ante presiones de Marruecos’

Entrevistamos al cineasta Álvaro Montes, autor del documental ‘Vientres de arena’, que visibiliza la problemática de la celiaquía en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, Argelia. 

Por Héctor Bujari Santorum | 3/03/2025

Álvaro Montes Sánchez es un cineasta español comprometido con la creación de documentales que abordan temáticas sociales y humanitarias. Junto a su hermano, Pablo Montes Sánchez, fundó Cárabo Producciones, una productora independiente dedicada a la producción audiovisual con un enfoque crítico y de impacto social.

Uno de sus trabajos más destacados es «Vientres de arena» (2024), un cortometraje documental que visibiliza la problemática de la celiaquía en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, Argelia. La película ha sido reconocida en diversos festivales internacionales por su calidad cinematográfica y su profundidad temática.

Sin embargo, a pesar de haber sido premiado por la FAO, el documental fue posteriormente censurado por la propia organización.

La FAO, con 194 países miembros, opera como un foro donde los intereses nacionales pueden influir en sus informes, especialmente en sectores clave como la ganadería. Países como Brasil y EE.UU. han sido señalados por presionar para minimizar el impacto ambiental de esta industria, afectando la objetividad científica de la organización.

Esta falta de transparencia ha sido objeto de críticas, como las recogidas en The Guardian, que evidencian cómo la geopolítica condiciona las decisiones y discursos dentro de la FAO.

Una fuente anónima del Young Scientist Group nos relató su experiencia dentro de la FAO, señalando cómo la geopolítica influye en su funcionamiento:

«No me sorprendió en absoluto leer esto, porque he sido testigo directo de cómo la política internacional moldea la manera en que trabaja la FAO. En nuestro grupo de jóvenes científicos, por ejemplo, no nos permitieron redactar un informe sobre la temática que habíamos elegido y, en su lugar, nos impusieron hablar de otro asunto.»

¿Cómo surgió la idea de hacer ‘Vientres de arena’?

La productora somos mi hermano y yo, somos una productora pequeñita. Él llevaba mucho tiempo queriendo hacer algo sobre el Sáhara Occidental, tenía ganas. Dado que en los últimos años veníamos viendo que la posición de España había cambiado, que se habían alineado con Marruecos, nosotros pensamos que España tiene una responsabilidad importante como Estado con los refugiados del Sáhara Occidental. Veíamos que quedaban desprotegidos y pensamos que hacer algo sobre el tema era importante.

Lo intentamos varias veces en los últimos años, contactando con asociaciones de apoyo al pueblo saharaui en España. Ya nos comentaron que el tema de la celiaquía era un problema. Nosotros no lo sabíamos y dijimos que, si eso era necesario contarlo, nos pareció interesante y que podíamos hacer algo con ello. Así que fuimos adelante. Esto fue en 2023. En marzo de 2023 fue el rodaje, allí nos plantamos.

¿Cómo fue el rodaje en los campamentos de refugiados saharauis? ¿Qué retos tuvisteis? Porque supongo que es diferente respecto a un rodaje en España.

Desde luego, yo no pude acudir, porque la financiación que había no era mucha; permitía que fueran tres personas. Fueron mi hermano, una cámara y una sonidista. Un equipo mínimo. Yo estuve siguiéndolo de cerca, coordinando la producción desde España. Luego, en el proceso de postproducción, lo estuvimos haciendo entre Pablo y yo.

Pero bueno, en esos momentos pensábamos que no íbamos a poder, porque Argelia tenía que darnos un permiso. Fue muy complicado. Nos dieron el permiso en el último momento; al final nos dijeron que sí. A la semana estaban volando. Cogimos varios aviones: a París, a Argel, a Tinduf. A mí me iban contando un poco.

Al final, viajar a un campamento de refugiados tiene su complicación. La policía en Argel retiró las cámaras durante varios días. Eso condicionó un poco todo el rodaje. Al parecer, faltaba una hoja que no nos habían dicho. Habían pasado tres o cuatro días y solo quedaban tres días allí. Entonces, lo que hicimos fue grabar con cámaras que nos dejaron en la Escuela de Cine del Sáhara. Los propios refugiados nos las prestaron. Empezamos así y luego terminamos con nuestros equipos.

Fue un rodaje complejo, más allá de todas las condiciones de vida que hay en un campamento de refugiados, que obviamente son limitaciones. Al final salió, y salió algo muy bonito. Participó mucha gente de los campamentos. Nosotros estamos contentos de haberlo sacado adelante, porque fue complicado.

¿Cómo habéis vivido este proceso de censura del documental en el festival de la FAO? ¿Cómo ha sido todo esto?

Pues ha sido bastante sorprendente. No es que no pensáramos que en algún momento pudiera pasar, porque ya sabemos la manera de proceder de Marruecos, pero quizás no en un festival organizado por una organización especializada de la ONU. Yo pensaba que la ONU, que había abogado por la MINURSO, la misión para el referéndum en el Sáhara Occidental, después de tantos años para que al Sáhara Occidental se le reconocieran ciertos derechos, se mostraría imparcial y no cedería ante presiones de Marruecos.

Nosotros no sabíamos nada de esto. Esto ocurrió en octubre, y no supimos nada hasta hace un mes, cuando un periodista italiano nos contactó y nos dijo: “Me ha llegado esta información”. Ya sospechábamos algo, porque la FAO, después del 16 de octubre, que es cuando ocurre la ceremonia, no nos dio ninguna respuesta. Vimos que nuestro documental no aparecía y sabíamos que algo pasaba. Se decretó un silencio. A nosotros no nos ha contestado nadie. Sospechábamos que podía ser algo relacionado.

Incluso llegué a pensar que podía ser por el vídeo que envié, porque ellos me pidieron que grabara un mensaje dando las gracias, y en él dije: “Free Palestine y Free Western Sahara”. Llegué a pensar que fuese por lo de Palestina libre, pero no por lo del Sáhara libre. Luego, cuando me enteré de que fue por eso, me pareció muy grave que esto ocurra en la ONU.

He de decir que el premio nos llegó hace dos días; vi la transferencia. Entiendo que en la FAO están al tanto, porque han intentado comunicarse con ellos desde la prensa en España y demás. Nosotros no hemos recibido una respuesta, pero han dicho: “No vamos a hacer comentarios al respecto”. Así que entiendo que se dieron por aludidos.

Por lo menos, el premio llegó, pero es lo de menos. Aparte del perjuicio que sufrimos como productora, nuestro trabajo iba a ser expuesto ante 7.000 personas y ante 30.000 online, lo que supone un escaparate muy importante. Nosotros queremos dedicarnos a esto, queremos seguir contando historias. Que en el Foro Mundial de Alimentación se vea nuestro trabajo supone una exposición que podría beneficiarnos a largo plazo. Esto, obviamente, no ha ocurrido.

Pero esto no es lo más importante. Para mí, lo más grave es que Marruecos pueda influir hasta este punto y que se vete un trabajo que, además, ha sido reconocido en la FAO, solo porque Marruecos quiere omitir toda información sobre el Sáhara Occidental.

¿Cómo ha sido la comunicación con la FAO? No habéis recibido, entiendo, por lo que me estás diciendo, ninguna explicación.

Nada. Ellos contactan con nosotros a principios de septiembre o finales de agosto para comunicarnos que hemos recibido el premio. Hasta octubre, la comunicación es normal: nos van pidiendo información bancaria, que enviemos el vídeo de agradecimiento si no vamos a poder estar, etc.

Una vez que sucede la ceremonia, solo nos responden una vez. Yo les pregunto un par de veces, les mando un par de correos preguntándoles qué ha pasado, y la única respuesta es una evasiva. Nos dicen que enhorabuena por el premio y que nuestro trabajo contribuía a mejorar el sistema de alimentación, algo así. Pero no nos dicen nada más.

Yo les respondo preguntándoles por qué no han contestado a nuestras preguntas. Y, desde ahí, ya no recibimos ninguna explicación. De hecho, nos ponemos en contacto no solo con la organización del festival, sino también con el equipo de comunicación y con las oficinas de la FAO en Europa, y nada.

Entonces entendemos que no es solo una cuestión del festival, sino que llegó a instancias superiores y que desde altos mandos se decretó que no se hiciera o que no se nos respondiera tampoco.

¿Existe alguna forma de hacerles alguna reclamación?

Se ve complicado, porque si los equipos que tendrían que responder a esas reclamaciones ya de entrada no responden… A nivel legal, no tenemos capacidad para hacerlo, y tampoco veo muchos cauces para abordarlo. Lo veo complicado.

¿Habéis tenido algún tipo de apoyo de asociaciones del cine o profesionales del cine tras esta censura?

No, la verdad es que no. Desde el mundo de la prensa, sí; igual que vosotros os habéis puesto en contacto con nosotros para contarlo, pero poco más.

También es cierto que no hemos dependido de ninguna ayuda estatal al cine para hacer este documental. La Asociación Sáhara Jaén nos apoyó en primera instancia y se sumó a través de ellos el Ayuntamiento de Mancha Real en Jaén.

Aparte de las asociaciones de apoyo al pueblo saharaui que se han puesto en contacto con nosotros, no ha habido ninguna otra comunicación ni respaldo público por parte de organismos, porque no había ninguna vinculación en este caso.

Nuestro documental es un cortometraje, y quizá no ha tenido tanta repercusión como para volverse muy famoso o para que el caso fuese muy sonado.

¿Cuáles son los próximos pasos de ‘Vientres de arena’?

Vientres de arena ha estado en festivales durante un año. Empezó su distribución en octubre de 2023, y en 2024 fue cuando obtuvo más reconocimientos. De hecho, tenemos la candidatura al Goya a mejor corto documental porque ganamos un festival que otorgaba la candidatura. Esto funciona un poco así: primero vas a festivales, te dan ese reconocimiento y puedes presentarlo.

Este año no se llegó a presentar porque la distribuidora no lo hizo a tiempo, así que estamos esperando a ver si podemos presentarlo en 2026.

Aparte, nos gustaría hacer proyecciones. Nos han contactado desde Italia para realizar varias proyecciones en asociaciones de apoyo al Sáhara, y en Alemania, en Berlín, también quieren organizar alguna. Nos interesa visibilizar el documental a través de proyecciones, también en España, si encontramos espacios interesados en hacerlo.

En unos meses, nos gustaría publicarlo online, porque los cortometrajes no tienen mucho alcance en plataformas y es complicado colocarlos. Creemos que la mejor manera de que se pueda ver es organizando coloquios y proyecciones gratuitas en diferentes ciudades.

En España, de momento, no hemos tenido mucha respuesta. Habrá que insistir un poco más, y seguro que alguna proyección podemos programar.

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