Algunas verdades incómodas sobre el desalojo de inmigrantes en Badalona

El liberalismo económico y su nefasto modelo migratorio nos ha llevado al caos: un ciclo vicioso de miseria, conflicto y rechazo social legítimo.

Por Oriol Sabata | 24/12/2025

El 17 de diciembre se ejecutó en Badalona uno de los desalojos colectivos más grandes de la historia reciente de España. Más de 200 inmigrantes, en su mayoría procedentes de la África subsahariana, fueron expulsados por la fuerza del antiguo instituto B9, un edificio abandonado que habían convertido en su refugio improvisado durante más de dos años. La operación, autorizada por un juzgado y respaldada por el alcalde Xavier García Albiol del Partido Popular (PP), resultó en 19 detenciones. Sin alternativas habitacionales adecuadas, decenas de desalojados terminaron durmiendo a la intemperie bajo puentes de la autopista C-31 u ocupando un albergue cerrado, exponiéndose al frío invernal y a la incertidumbre. Este desalojo ha desatado tensiones vecinales que enfrentan a residentes locales con activistas y los propios inmigrantes.

El alcalde García Albiol ha defendido la medida alegando problemas de convivencia, delincuencia, prostitución y drogas en el asentamiento, argumentando que Badalona «no es un refugio para la ilegalidad». Sin embargo, esta narrativa oculta factores estructurales.

El origen de esta crisis hay que situarlo en el modelo migratorio impulsado por el capitalismo, que carece por completo de planificación. España atrae flujos migratorios masivos impulsados por la pobreza y los conflictos en los países de origen, pero no dispone de mecanismos para absorberlos de manera ordenada. Los inmigrantes llegan en busca de oportunidades laborales, pero se topan con un sistema que los explota en la economía sumergida mientras les niega contratos estables y acceso a una vivienda. Sin recursos para integrarlos, se generan ocupaciones como la del B9: un edificio vacío convertido en un «pueblo autogestionado» con aulas adaptadas como habitaciones, con precariedad extrema, falta de servicios básicos y, en algunos casos, brotes de enfermedades como la tuberculosis.

Este descontrol no es accidental. El capitalismo prioriza la mano de obra barata, dejando a los inmigrantes en la periferia social mientras hunde también los salarios de los trabajadores autóctonos. Sin planificación de los flujos migratorios ni inversión en recursos para su acogida, se forman guetos donde se acumula la miseria. Bajo este contexto, una minoría termina en la delincuencia, lo que agrava los conflictos con la población autóctona. En Badalona, los vecinos han expresado un rechazo legítimo ante la inseguridad y la degradación urbana que perciben. Pero este rechazo no surge del vacío: es el resultado de un sistema que abandona tanto a los locales como a los inmigrantes.

Hablemos claro, sin buenismos ni complejos. No todos los inmigrantes son «seres de luz»: en asentamientos como el B9, ha habido incidentes violentos. Una minoría lumpen contribuye a la delincuencia, dificultando la convivencia. Del mismo modo que este perfil no puede extrapolarse a todo el colectivo, no todos los vecinos que han mostrado su rechazo son racistas. La mayoría son trabajadores humildes que sufren el impacto directo de años de abandono institucional y degradación en los barrios obreros que componen la zona.

Esta situación no es deseable para nadie. Vivir en un gueto improvisado no es una vida digna: ni estar expuesto a la explotación, a la pobreza y a desalojos constantes. Muchos de los inmigrantes han pasado por múltiples asentamientos antes del B9, en naves industriales en las que incluso se han producido incendios que han puesto en riesgo sus vidas.

El gobierno central, la Generalitat y los ayuntamientos han fallado estrepitosamente.
La responsabilidad no debe recaer en los inmigrantes ni en los vecinos, sino en el aparato estatal y el modelo migratorio que lo sustenta. El liberalismo económico nos ha llevado al caos: una jungla donde la patronal se beneficia de la mano de obra precaria y el Estado no invierte en planificación ni integración. Esto genera un ciclo vicioso de miseria, conflicto y rechazo social legítimo.

La respuesta no puede limitarse al buenismo, la caridad eclesiástica y los análisis cortoplacistas. Se está usando al inmigrante como chivo expiatorio para tapar las fallas sistémicas. La solución pasa por una transformación profunda: una planificación económica, social y migratoria que priorice los intereses de la clase trabajadora sobre los de la patronal y sus gestores políticos.

Es la única salida para frenar el caldo de cultivo que está dando lugar al crecimiento de movimientos reaccionarios. El desalojo de Badalona no es un incidente aislado, sino el síntoma de un sistema insostenible.

2 Comments

  1. Muy buen análisis de la situación. Ciertamente, el tema de la inmigración merece un estudio profundo y una actuación a nivel de todas las administraciones que contemple el factor humano y el modelo económico que nos hace llegar a situaciones como ésta.

  2. No sé puede llegar a ningún lugar, sin ser llamado, y querer tener la misma situación que los nativos de ese lugar, de inmediato
    Concretamente » yo » no entiendo » esta capital » ( Barcelona ) ya que quieren ser independiente, pero seguir dependiendo económicamente de España, o sea, no españoles, pero si aceptan, a personas de otras naciones,y que los españoles, corran con está responsabilidad
    Todo lo relacionado con Barcelona, es contadictorio

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