Afganistán, Libia y Siria: los precedentes que desmontan el relato ‘democratizador’ de EE.UU sobre Irán 

Disponemos de ejemplos históricos y bastante recientes de intervenciones previas de EE.UU en la región que evidencian que el objetivo principal era instaurar regímenes títeres.

Por Joan Balfegó | 1/03/2026

Este 28 de febrero Estados Unidos e Israel lanzaron una agresión militar conjunta contra Irán. Una intervención que incluyó ataques aéreos masivos contra instalaciones nucleares, militares, gubernamentales y también civiles, que se saldaron con el asesinato de 140 ciudadanos y del ayatolá Ali Khamenei. Como respuesta de autodefensa, Irán lanzó contraataques contra bases estadounidenses en la región y objetivos israelíes.

El presidente estadounidense Donald Trump justificó la acción como una medida para prevenir que Irán desarrolle armas nucleares, «aniquilar» su programa de misiles y promover la «libertad» del pueblo iraní, instando a los ciudadanos a derrocar su gobierno. Sin embargo, estos ataques no están motivados principalmente por la promoción de la democracia o la emancipación de la mujer, sino por intereses geopolíticos e imperialistas, como el control regional y la eliminación de gobiernos no alineados con EE.UU e Israel. Resulta innegable el amplio historial de intervenciones occidentales en la región que han priorizado objetivos estratégicos sobre valores democráticos.

Aunque Washington y Tel Aviv hablan de «liberación» de Irán, sus objetivos se centran a corto plazo en desmantelar capacidades militares y nucleares iraníes, que son percibidas como amenazas existenciales a su hegemonía, y a largo plazo en la imposición de un gobierno títere. Siempre, y una vez más, violando de manera flagrante la soberanía iraní, en contravención del derecho internacional.

Ejemplos Históricos: Siria, Afganistán y Libia

Disponemos de ejemplos históricos y bastante recientes de intervenciones previas de EE.UU que refutan el relato «democratizador». En Siria, desde 2011, Washington apoyó a grupos opositores a Bashar al-Assad, incluyendo facciones con elementos yihadistas. El resultado fue un prolongado conflicto armado que ha permitido el ascenso al poder de grupos extremistas yihadistas, provocando retrocesos en libertades democráticas, derechos de las mujeres y protección de minorías religiosas como cristianos y yazidíes. La intervención no ha llevado a una democracia estable, sino a una fragmentación del país con influencias externas persistentes.

De manera similar, la invasión de Afganistán en 2001 por EE.UU, justificada como una lucha contra el terrorismo y la promoción de derechos humanos (incluyendo la emancipación de las mujeres), terminó en 2021 con una retirada caótica que permitió el regreso de los talibanes al poder. Hoy, el país enfrenta restricciones severas para las mujeres y las libertades básicas, ilustrando cómo las intervenciones militares priorizan intereses estratégicos por encima de todo.

Otro ejemplo paradigmático es la intervención de la OTAN en Libia en 2011, que terminó con el derrocamiento de Muammar Gaddafi y desató la barbarie en el país. Lo que siguió fue un caos total: el país se convirtió en un estado fallido, sumido en una guerra civil prolongada con milicias rivales controlando territorios, violencia sectaria y un colapso institucional. Miles de personas han sido desplazadas, convirtiéndose en refugiados, mientras que la inestabilidad ha facilitado el tráfico de personas y el resurgimiento de mercados de esclavos, especialmente de inmigrantes subsaharianos, quienes han sufrido abusos racistas y explotación sistemática. Reportes documentan ventas de seres humanos en subastas abiertas, un retroceso bárbaro atribuible directamente a la desintegración causada por la intervención occidental.

Estos precedentes evidencian que el relato «democratizador» de Washington no se sostiene, y que sus acciones siempre van orientadas a instalar regímenes afines. La actual agresión imperialista contra Irán es más de lo mismo. Además, podría exacerbar inestabilidades regionales, con riesgos de escalada nuclear y humanitarios. Mientras Trump promete continuar los bombardeos, el gobierno iraní y su apoyo popular podría salir fortalecido ante semejante ola de violencia.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.