Afganistán, entre el fundamentalismo y el abandono

Aunque es importante crear corredores seguros para las personas refugiadas y darles asilo, no basta con eso: es imprescindible aislar al régimen talibán desde el exterior.

Por Tania Lezcano

Seguramente, Estados Unidos se ha marchado de Afganistán cuando ha querido y tras haber hecho todo lo que había planeado. Pero lo cierto es que la propaganda de la OTAN ha fracasado estrepitosamente, dejando el país en la misma situación política que cuando llegó, pero con más de 50.000 civiles muertos en estos veinte años. La visión de los aviones occidentales huyendo es la imagen de la vergüenza, del sálvese quien pueda y, sobre todo, del abandono, una vez más, al pueblo afgano. Especialmente ahora, cuando Daesh reaparece informando de su ruptura con los talibán por la «moderación» de estos últimos y dejando claro el reinicio de sus operaciones en Afganistán, que llevará a una guerra entre grupos fundamentalistas con la población civil como principal víctima.

Resulta preocupante y aterrador que haya algo aún más fanático que los talibán, ya que, aunque han asegurado que habría una «amnistía general» para quienes consideran traidores, la realidad constata otra cosa diferente. Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, explicó el pasado 24 de agosto que su oficina había recibido informes «creíbles» sobre atrocidades y crímenes que los talibán continúan perpetrando tras su llegada al poder. Así, se informa de ejecuciones sumarias de civiles, represiones violentas de protestas pacíficas y se da la voz de alarma sobre el reclutamiento de niños para el combate.

Por no hablar de la situación a la que se enfrentan las mujeres. El principal portavoz talibán, Zabihulla Mujahid, ya ha dejado clara su postura: «No va a haber ninguna discriminación contra la mujer, pero siempre dentro de los márgenes que tenemos [el islam]». Y, en un ejercicio de cinismo, en unas declaraciones recogidas por The New York Times, instaba a las mujeres trabajadoras a quedarse en casa «por su seguridad», alegando que sus combatientes «no han sido entrenados para respetarlas. […] Nos preocupa que nuestras fuerzas de seguridad, que son nuevas y aún no han sido muy bien entrenadas, puedan maltratar a las mujeres».

Por todo esto, aunque es importante crear corredores seguros para las personas refugiadas y darles asilo, no basta con eso. Como explicaba Mariam Rawi, activista de la organización feminista afgana RAWA, en una entrevista para Nueva Revolución, es imprescindible aislar al régimen talibán desde el exterior. Esto implica no reconocer su gobierno ni darle legitimidad, además de cortar todo tipo de relaciones con ellos, lo que significa también evitar que les llegue armamento y financiación del exterior.

Sin embargo, el rumbo de la comunidad internacional ya se vislumbra y es muy diferente a lo que dijeron en primer lugar. Solo parecen estar preocupados por salir despavoridos y que se amplíe la fecha de evacuación más allá del 31, así como por establecer las estrategias de ayuda humanitaria que sin duda va a necesitar Afganistán. Pero, respecto al régimen ilegal e ilegítimo, China ya ha aceptado y ha instado a Estados Unidos a sentarse a dialogar con los talibán; Rusia ha advertido del armamento que Washington ha dejado en el país y, aunque asegura no tener prisa en reconocer al régimen, ya mueve fichas para asegurar su influencia. Por su parte, Estados Unidos ha admitido que gran parte de su armamento está en manos de los talibán y de momento parece estar preocupado únicamente por marcharse. Y la «UE de los derechos humanos» ya mantiene contactos con ellos, aunque dice que no los reconocerá. Sin embargo, como siempre, todo dependerá de las negociaciones y, en todo caso, quien saldrá perjudicado una vez más será el pueblo afgano.

No olvidemos que nuestros gobiernos «democráticos» y «defensores de los derechos humanos» mantienen alianzas con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Catar —donde se celebrará el Mundial 2022 sin ningún tipo de boicot ni protesta, cuando han muerto ya más de 6.500 trabajadores desde que comenzaron las obras para la Copa—. Si las tiranías de estos lugares, que tienen un respeto nulo por los derechos humanos y por las mujeres, son perfectas compañeras de las potencias, ¿por qué iba a ser diferente en Afganistán?

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