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Ambos partidos sucursalizados por la ultraderecha española tienen como misión trasladar -mediante el principio del voto útil- los sufragios a Vox en unas elecciones generales.
Por Lucio Martínez Pereda | 7/09/2025
Días atrás he leído en redes una ingeniosa definición de AC: son la marca de Hacendado de Vox en Catalunya. La definición además de ingeniosa es acertada: el independentismo de la señora Orriols es una burda estrategia para engañar a los incautos que aun no ven a este partido como un satélite catalán de la ultraderecha española.
Vox, mediante AC, lleva a cabo en Catalunya la misma estrategia que previamente ya ha puesto en marcha- mediante Frente Obrero- con los votantes incautos de la izquierda revolucionaria. Tanto Frente Obrero como AC recurren a la estrategia de algunos neofascismos post modernos: el confusionismo ideológico. Ambos partidos sucursalizados por la ultraderecha española tienen como misión trasladar -mediante el principio del voto útil- los sufragios a Vox en unas elecciones generales.
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El discurso de AC, pese a sus elementos de torpe disimulo independentista, se centra en una visión etnonacionalista que va más allá del independentismo cívico promovido por partidos como ERC o la ANC (Assemblea Nacional Catalana). Sílvia Orriols ha utilizado términos como «raza catalana» para referirse a una identidad étnica. Esta narrativa de pureza identitaria es propia del ultranacionalismo característico del neofascismo, que exalta la nación como una entidad homogénea y trans-histórica.
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