“Txoria nuen maite”

Los cantos de sirena de la Transición no domesticaron su espíritu pajarero. Los alpistes grandilocuentes y las jaulas constitucionales no fueron comida de su gusto ni espacios de su agrado. Tampoco fueron santos de su devoción los vendedores de crecepelo y reconvertidos chaquetavueltas que tanto se prodiga

Por Sabino Cuadra Lasarte (compañero en sus muchas delincuencias) / Viento Sur

Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen alde egingo.
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik…
txoria nuen maite
(Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no se me habría escapado.
Pero así, habría dejado de ser pájaro.
Y yo…,yo lo que amaba era el pájaro).

Txoriak txori, de Mikel Laboa, es sin duda alguna la canción vasca que más eco universal ha tenido. Traducida a decenas de idiomas, ha traspasado fronteras y mares llevando ese canto de libertad a todos los rincones del planeta.

A Chato, de joven, le quiso cortar las alas una asfixiante y rancia dictadura, y fue esta la razón por la que se rebeló contra ella con todas las fuerzas de su juventud. Se las quiso cercenar también Billy el Niño, pero no consiguió arrancarle ni una pluma. Tampoco las jaulas carcelarias de Carabanchel y Segovia impidieron que su alma siguiera volando libre. Acompañado allí de decenas de pájaros cantores, sus trinos comuneros volaron siempre por encima de muros y carceleros. Nada ni nadie consiguieron apagarlos.

Luego, una vez de nuevo en la calle, Chato siguió volando libre. Los cantos de sirena de la Transición no domesticaron su espíritu pajarero. Los alpistes grandilocuentes y las jaulas constitucionales no fueron comida de su gusto ni espacios de su agrado. Tampoco fueron santos de su devoción los vendedores de crecepelo y reconvertidos chaquetavueltas que tanto se prodigaron durante aquellos años, a quienes luego despreciaría de por vida. En la LCR puso su nido y desde ese campamento base voló y cantó las partituras propias del grupo, sin que nadie les marcara compás disonante alguno. Eso sí, como en la cárcel, allí también estuvo acompañado de otros muchos pájaros cantores -¡menudos pájaros!- nacidos en todos los pueblos y rincones del mundo. ¡Menudo orfeón el que allí se formó!

De allí aterrizó en lo que después sería Ecologistas en Acción, colaborando activamente en su conformación¿Qué mejor que una militancia ecologista para un txori como Chato? ¿Dónde hallar un mejor ecosistema para su alma rebelde y libertaria? Durante años supieron allí de su buen hacer y de lo afinado de su gorjeo. Junto con otros pájaros y pájaras de buen agüero, afinaron melodías que fueron una auténtica pesadilla en todo tipo de instituciones y pesebres madrileños y estatales.

Con La Comuna y CEAQUA recuperó de nuevo sus años carcelarios. Allí volvió a hacer coro con muchos de sus antiguos colegas talegueros y otros venidos de otros nidos, voladores de cielos diferentes. Surgieron nuevas partituras para sus antiguos trinos y juntos comenzaron a plantar cara a todos aquellos que en su día pretendieron cortarles las alas en comisarías, cuartelillos, cárceles y penales. Los hicieron salir de sus madrigueras y los fueron señalando por dondequiera que iban, persiguiéndoles desde todas las orillas de los inmensos océanos.

Mucho se ha dicho ya sobre Chato y su vida. Su humanismo profundo; su solidaridad sin límites (aquello que decía el Che de sentir como propia cualquier injusticia cometida por cualquier persona en cualquier lugar del mundo); su ADN revolucionario, es decir, el ir a la raíz de las cosas; su carácter amable, cercano, generoso… Está casi todo dicho.

Tan solo añadiré uno más a esa larga lista. Siempre que hemos pasado las vacaciones juntos, Chato, Justa, Begoña y el suscribiente, viajando a los más inverosímiles lugares, él se convertía en un auténtico peligro para la pacífica convivencia del grupo. Esto era así porque había que estar todo el rato al loro para impedir que Chato cargara él solo con casi todas las mochilas, bolsas y paquetes que llevábamos. A nada que te descuidaras, se había convertido en un montículo de bultos andante con patas. Y no contento con eso, te amenazaba, además, con darte una hostia si pretendías arrebatarle la más mínima parte de aquel enorme equipaje. No tenía arreglo.

Lo anterior es algo más que una anécdota. Sirve también para explicar una parte importante de su carácter, porque Chato fue también siempre una persona dispuesta a compartir las mochilas, bolsas y paquetes llenos de las penas y desventuras que nos han golpeado a sus amistades en algún momento de la vida. ¿Dónde encontrar a una persona como él para quien el concepto de la amistad llegara tan lejos y abarcara tanto espacio?

Resulta obligado por último terminar enviando un beso muy gordo a Justa, su pájara compañera, a quien Chato ha dedicado durante su largo e intenso vuelo sus trinos más cariñosos. Adiorik ez!


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