El cura de Valdemorillo que se hizo miliciano

«Como buen cristiano estoy con el mayor entusiasmo siempre al lado del humilde, pero siempre al lado de la doctrina de Cristo, que predicó la igualdad de los hombres» (R. Covaleda, 18 diciembre 1936)

En 1936 la parroquia de Valdemorillo estaba a cargo de Rafael Covaleda, un joven sacerdote de veintitrés años. De ascendencia proletaria, su familia sufrió grandes penurias y él padeció desde la niñez las penalidades ácidas de los humildes.

Un día de diciembre de 1936, cuando se encontraba en una finca de los alrededores de Valdemorillo fue capturado por unos milicianos que lo llevaron ante Liberino González, el comandante del subsector, carpintero de profesión, proletario  y hombre culto, según le describe la prensa de la época. Dos años y medio después Liberino González y sus tropas apoyarían la traición de Casado.

El párroco, al encontrarse ante el comandante, lo primero que preguntó fue si iban a fusilarlo. Liberino González lo tranquilizó asegurando que no fusilaba a nadie por capricho, que lo que deseaba era hablar con él y razonar como los hombres. Durante casi cuatro días permaneció el párroco de Valdemorillo en el cuartel charlando con el comandante, que al finalizar le preguntó:

— ¿Estás dispuesto a defender nuestra causa?

— Si, por justicia y por cristianismo- respondió el cura.

Tras lo cual le hicieron entrega de un fusil y un correaje y le mostró donde se encontraban los parapetos.

El párroco de Valdemorillo, convertido ya en miliciano en defensa de la República demostró firmeza, aprendió a manejar el cerrojo y sus expresiones trasmitían signos de lealtad.

En una entrevista publicada en La Voz el 16 de diciembre de 1936, manifestó que conservaba impolutas sus convicciones religiosas, que su idea de Dios y su fe eran insobornables en el fondo, pero que en la forma discrepaba con la intromisión de la Iglesia en política y en el descrédito del sacerdocio en España. También pensaba que la mayoría de los viejos sacerdotes estaban contra la causa del pueblo, pero que no ocurría lo mismo en cuanto a los sacerdotes jóvenes como él.

La entrevista finalizaba con unas palabras del periodista que tuvo acceso a las declaraciones del párroco, asegurando que «los milicianos querían a este cura compañero y él no cabe en sí de contento y entusiasmo»

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