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En los últimos años, aficionados del Rayo Vallecano —especialmente del colectivo Bukaneros y otros grupos— han impulsado iniciativas para recuperar esta memoria.
Por Marta Vital | 10/06/2026
El Estadio de Vallecas es hoy el emblemático feudo del Rayo Vallecano. Sin embargo, en abril de 1939, inmediatamente después del final de la Guerra Civil Española, este recinto se convirtió en uno de los cerca de 300 campos de concentración que el régimen franquista estableció para reprimir a los antifascistas.
El 1 de abril de 1939, Francisco Franco proclamaba el fin de la guerra. Ese mismo día, las tropas franquistas transformaron varios espacios deportivos de Madrid en centros de detención. El Estadio de Vallecas, inaugurado en 1930 como campo del Racing de Madrid (y más tarde asociado al Rayo), fue uno de ellos, junto al viejo Metropolitano y Chamartín.
Un bando militar ordenó a los miembros del “ejército rojo” presentarse en el estadio. Miles de soldados republicanos, milicianos, antifascistas y civiles sospechosos de simpatías republicanas acudieron o fueron conducidos allí de forma forzosa. El I Cuerpo del Ejército se encargó de la custodia.
Condiciones infrahumanas
El 4 de abril de 1939, según datos recogidos por el periodista Carlos Hernández de Miguel en su libro Los campos de concentración de Franco, ya había 9.500 prisioneros hacinados en el recinto.
Las condiciones eran deplorables: hacinamiento extremo (“como sardinas en lata”), falta de aseos e higiene, ausencia de protección contra el frío y la lluvia, escasez de alimentos, vigilancia constante y arbitrariedad en las detenciones.
La selección de prisioneros no se limitaba a combatientes: incluía a personas por filiación política, sindical o incluso creencias religiosas. El objetivo era claro: someter, clasificar y reprimir a toda oposición real o percibida.
Aunque el campo funcionó de forma provisional (aproximadamente un mes), formaba parte de un sistema represivo más amplio que afectó a entre 700.000 y un millón de personas en toda España. Muchos prisioneros de Vallecas fueron posteriormente trasladados a otros centros, cárceles o batallones de trabajo.
El regreso del fútbol
A finales de abril o principios de mayo, el estadio se remodeló para volver a su uso deportivo. El 2 de mayo de 1939, apenas un mes después, se disputó el primer partido de posguerra: Club Aviación Nacional contra Deportivo Alavés, con empate a uno. El terreno estaba en mal estado y resbaladizo, pero el estadio ya había sido “limpiado” de su uso represivo.
Memoria histórica
Durante décadas, este episodio permaneció en un relativo silencio. En los últimos años, aficionados del Rayo Vallecano —especialmente del colectivo Bukaneros y otros grupos— han impulsado iniciativas para recuperar esta memoria. Proyectos de investigación, libros colectivos y actos de homenaje buscan visibilizar lo ocurrido y honrar a las víctimas.
El Estadio de Vallecas actual es una reconstrucción de 1976 sobre el mismo solar del antiguo campo. No queda rastro físico visible de aquellos días de 1939, pero la historia persiste en los archivos, testimonios y la conciencia de muchos vallecanos.
La historia del Estadio de Vallecas como campo de concentración es un recordatorio de cómo la dictadura utilizó incluso los espacios de ocio y comunidad para imponer su represión. Recuperar esta memoria no es solo un ejercicio histórico, sino un acto de justicia y dignidad hacia quienes sufrieron en ese estadio la brutalidad del régimen.
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