Ya es hora de una república | Especial Segunda República

Por Víctor Chamizo | Ilustración de Bezerradas Nocturnas

No voy a recurrir a la Historia para hacer un alegato por La República, aunque pudiera, pues nos fue arrebatada por la fuerza de las balas y las bayonetas. Cuando nos dieron a tomar la píldora de la Transición del 78 ya uno de los compuestos de su maravillosa fórmula era la monarquía, se trataba del restablecimiento de un régimen que la ciudadanía no deseaba en el 31, y que, si se hubiese sometido a refrendo no se hubiese aceptado tampoco en el 78 – por eso no se hizo.

Nuestra monarquía, además de adolecer de todos los privilegios del resto de monarquías que aún sobrevive en el mundo, y que afortunadamente son pocas, dicho sea de paso, goza de impunidad absoluta.

La elección de un presidente de la república está ligada a razones de capacidad, o a la voluntad popular, en cualquier caso, y no a la herencia por consanguinidad

¿De verdad que los defensores de esta reliquia atemporal, pueden admitir que un individuo disponga de todas las facultades para sancionar y derogar leyes, para disolver el parlamento y convocar elecciones generales, y no tenga responsabilidad jurídica alguna?

¿Cómo es posible que un Jefe de Estado, se permita el lujo de que los ciudadanos corran con los gastos de sus devaneos amorosos y no exista ninguna consecuencia?

He escuchado en bastantes ocasiones defender la monarquía con el absurdo argumento de que aquélla no le saldría más cara al Estado que la presidencia de una república. Lo dudo. Pero tengo que reconocer que no dispongo de la información necesaria para poder afirmarlo o negarlo. No obstante, no sólo es que existen elementos de más importancia que el dinero, sino que, sopesando, incluso, lo económico, ¿qué es más importante, cuánto se gasta, o en qué se gasta?

En cuanto a las razones de carácter no económico podíamos decir que:

La elección de un presidente de la república está ligada a razones de capacidad, o a la voluntad popular, en cualquier caso, y no a la herencia por consanguinidad.

Que el presidente de una república está sometido al control parlamentario y es removible por la ciudadanía, lo opuesto completamente de un monarca, que permanece en el cargo hasta la muerte o abdicación.

Que el presidente de la república responde de sus actos ante la justicia en igualdad de condiciones que cualquier otro ciudadano, mientras que, en nuestro régimen político, el Jefe del Estado goza de inmunidad jurídica.

Que cualquier ciudadano puede aspirar a ejercer la Jefatura del Estado, siempre que sus conciudadanos le otorguen la confianza.

España lleva 78 años bajo el absolutismo, primero en forma de dictadura y después en forma de monarquía parlamentaria – un subterfugio para continuar manteniendo el statu quo anterior.

Es el momento de que este país se levante y exija un referéndum  para decidir qué tipo de estado quiere. Es ahora el tiempo de que se despierte en las consciencias la necesidad de entrar en la modernidad, de abandonar las viejas formas de estado y comenzar a trazar un nuevo camino en el que seamos de verdad todos iguales.

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