El “velotorio” de la libertad

Por Claudio de Prócer @rojo_y_blasfemo

  • Reflexión sobre el uso del velo y el choque de culturas entre el mundo occidental y oriental

Velo sí, velo no. Burka seguro que no. ¿Y crucifijos en escuelas? Tal vez. Y por favor, que a ninguna inmigrante se le ocurra llevar burkini, porque eso es súper represivo. Este baile de posiciones entre “esto está mal” y “esto es ok” en cuanto a la cultura musulmana sucede cada vez con más frecuencia en Occidente. Francia, Alemania, Grecia… arden con el fuego de la intolerancia y la represión. Nosotros no nos quedamos cortos. La idea es que de alguna manera nosotros, opinión pública formada a través de la opinión mediática, o más bien intoxicada, somos capaces de ajusticiar con tajante autoridad moral qué es correcto y qué no lo es. Nosotros, sociedad occidental modélica, amos y señores del mundo, podemos perfectamente poner límites a nuestros compatriotas musulmanes sobre qué deben hacer y qué no deben hacer. Siempre, paradójicamente, para preservar los derechos de los demás, a pesar de que no nos afecte en lo más mínimo. En un país autoproclamado “libre” y “de derecho”, no está de más recordar qué significa esa expresión tan general. Algunos parecen olvidarlo cuando les conviene.

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Veamos los hechos más recientes sobre esta eterna polémica. Hace poco más de una semana, echaron a una joven musulmana de su instituto en Valencia debido al uso de hiyab, que es el pañuelo que cubre la cabeza de las mujeres musulmanas. No les tapa la cabeza, no es el burka: sólo cubre el pelo. El problema era la directiva del centro, que especificaba que los alumnos no podían entrar a clase con la cabeza tapada. Tal principio sirvió para enviar a casa a la joven, y prohibirle la entrada hasta que se deshiciera de la desgraciada prenda. Tras el revuelo mediático, a la semana se aceptó a la joven en las aulas, portando su pañuelo símbolo de una cultura y una religión. Es decir, en contra de la normativa y en favor de la libertad de expresión e ideología.

Lo primero que escuchamos en contra de la joven y su pañuelo es precisamente eso. Airadas voces se levantan contra el “privilegio” de la chica, para luego personificar de manera alegórica toda una religión y una cultura en el cuerpo de una muchacha con la cabeza tapada. Nadie parece entender muy bien un concepto jurídico llamado “fuerza normativa”, así que lo voy a explicar, para que luego no haya mal entendidos. La fuerza normativa de los principios del colegio en relación a cualquier ley viene a ser lo que una cucaracha a un Panzer alemán. Y nuestra Constitución, tan defendida por los “legalistos” estos que quieren prohibirle la entrada, recoge en sus páginas la libertad de expresión (art.18) y la libertad ideológica y religiosa (art.14). Los mismos que se echan las manos a la cabeza y claman contra supuestos privilegios, contra los ataques a la omnipresencia de la ley y su implacabilidad, tienen los mismos derechos, los mismos “privilegios” que la joven del pañuelo. Es uno de los mínimos del “estado de derecho”, la igualdad ante la ley. No hay ningún privilegio, ni rastro de deferencia hacia la religión musulmana. La aceptación de la chica con hiyab de vuelta en la escuela responde a la más estricta aplicación de la ley, la Constitución y el derecho en general.

Aquí lo que importa no es si la chica lleva un pañuelo o no, sino que no es “de los nuestros”

Pero no es la única tergiversación legal del caso. Porque claro, aquí encontramos una muchedumbre a favor de la religión en las escuelas (en públicas y/o privadas), aludiendo a la constitucional “libertad de enseñanza religiosa”, pero muchas veces se nos olvida especificar cuál. Somos muy progresistas cuando decimos: “Oh, que cada uno piense y crea en lo que quiera”, “por qué no dejar que tengan sus aulas de religión” pero cuando la gente hace exactamente eso y el resultado no nos gusta, entonces un huracán desatado engulle todas las buenas intenciones. Son los “progres” de boquilla, que solo aceptan una cultura si es la suya, una raza si es la suya y una religión si es la suya. Desgraciadamente para la joven, ella no era ni blanca ni cristiana, así que ni ella ni su religión pueden ir a ninguna parte.

Y por supuesto, no pueden ir a un colegio. Por Dios (nunca mejor dicho). Los demás niños pueden acabar intoxicados, sus creencias mutiladas por las emanaciones teológicas de un vulgar pañuelo. Porque aquí el objetivo, siguiendo el hilo anterior, muchas veces es la puridad de las creencias de los niños. Los elementos conservadores de la sociedad, igual que los “progres” de boquilla, pecan de hipocresía. A ninguno de ellos les molesta si un compañero de clase lleva una cadenita con una figurita de la virgen de Fátima, icono religioso por excelencia, pero un pañuelo, que puede ser llevado tanto por religión como por estética, es el anticristo encarnado. Verán: Aquí lo que importa no es si la chica lleva un pañuelo o no, sino que no es “de los nuestros”. Si la chica fuera una cristiana copta etíope con la mochila cargada de estampitas, a ninguno de ellos les importaría. Pero ella no, ella es musulmana, y debe ser castigada. Ni que decir tiene que la chica etíope sufriría racismo, igual que la árabe, pero al menos no tendría que sufrir la lacra de la islamofobia.

Siguiendo con el debate, algunos han argumentado que las aulas no es un buen lugar para expresar contenido religioso. Una escuela pública, argumentan, debe ser laica, y por lo tanto la chica no debe llevar pañuelo, ya que representa un elemento religioso. La escuela no es un sitio donde tienen cabida los elementos religiosos. Precioso. El problema viene cuando se confunde a una chica con una institución, una habitación o un ideario de centro educativo. Mirad es muy fácil. ¿Colgar un crucifijo en el aula, dar clases de religión (obligadas o no), hacer misas, etc.? Mal, porque esas manifestaciones religiosas provienen de una autoridad que se presupone laica, y a la que los chavales han de obedecer, interactuando sí o sí con una faceta religiosa. Autoridades como el director, el centro educativo y el profesor no pueden ni deben, en una escuela pública, adoctrinar en religión. Segundo punto: ¿Llevar un pañuelo, cadenita, rosario, etc. siendo un alumno? Bien. Sí, bien, porque llevándolo no se le está imponiendo a nadie. Son simplemente manifestaciones religiosas de ámbito personal, hechas pasiva o activamente por miembros de la comunidad educativa (los alumnos) que no tienen ninguna autoridad sobre lo que piensan los chavales. El velo de esta chica es un rasgo exteriorizado de su persona; dudo que jugando a los tazos con el velo puesto vaya a reclutar pasivamente, con la estampa del pañuelo, a niños para luchar en ISIS. ¿Por qué? Porque el velo no supone un elemento de adoctrinamiento para los escolares, y contra el adoctrinamiento religioso es precisamente por lo que luchan aquellos que defienden la escuela laica. O deberían, vaya.

En un país autoproclamado “libre” y “de derecho”, no está de más recordar qué significa esa expresión tan general. Algunos parecen olvidarlo cuando les conviene.

Por último, un aspecto de difícil trato en esta polémica es el feminista. La chica como mujer está plenamente en su derecho de llevar hiyab, y le deben dejar. Pero algunas y algunos argumentan que tal elección es machista, que es fruto de una cultura patriarcal que tiene como uno de los pilares más serios precisamente ese elemento religioso. Comentan, dando la solución a todos los problemas del mundo, que la mujer, que esta chica, están influenciadas. Oh, claro, disculpen, ustedes inmaculados elementos de la sociedad, la más pura esencia de los roles sociales, destilación del licor más fino de las diferentes posiciones sociopolíticas. Aquí nadie está influenciado. Aquí nadie sufre la opresión, capitalista, racial, patriarcal o heteropatriarcal, y más importante, nadie actúa como un imbécil propagando y perpetuando esos modelos. Lectores, nosotros los españoles inventamos el concepto “cuñado”. Todo el mundo recibe influencias de sus contextos, pues el contexto el que hace al ser. Las mujeres musulmanas llevan el hiyab porque les da la gana, porque es un símbolo de su religión. Y el día que se lo quieran quitar, influenciadas quizás por el feminismo y la empoderamiento de la mujer, que se lo quiten. Y si algún macho de pelo en pecho, algún cuñado musulmán se lo prohíbe, entonces espero que todos aquellos que se llenan la boca de feminismo, yo incluido, estemos a su lado codo con codo, luchando por su liberación. Pero no es el caso; la chica estaba orgullosa de su cultura, se negaba a renunciar a la prenda maldita con la polémica. Así que nadie, absolutamente nadie influenciado por absolutamente nadie puede decirle absolutamente nada sobre que ha de llevar, igual que a ninguna mujer o hombre. Igual con el burkini, e igual con el burka. Si es decisión de la mujer llevarlo, adelante. Si es imposición del varón, a por ellos.

Como conclusión, remarcar que esto es sólo una muestra más de las tensiones surgidas por movimientos de migrantes, por el choque de culturas dispares. En nuestra mano está que ese choque sea fructífero, fértil, y evitar caer en demagogias fáciles y fascistas sobre qué permitimos en nuestras sociedades y qué no. Algunos todavía se creen que tienen el derecho de decirle a una chica musulmana que hacer y qué no hacer, que vestir y que no vestir. Suelen ser los mismos que le dicen a su novia qué vestir y qué no para finalmente protagonizar casos de violencia machista.

One thought on “El “velotorio” de la libertad

  • 22/09/2016 at 9:24 pm
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    sÍ, mE PARECE BIEN QUE ÉSTA CHICA LLEVE SU TRAPO EN LA CABEZA, PERO HE VISTO NIÑAS DE 7 U 8 AÑOS POR POR LA CALLE, CUBIERTAS CON EL TRAPO EN LA CABEZA, PARTICULARMENTE, ME DIERON MUCHA PENA Y SENTI VERGUENZA AJENA,eN CUANTO AL ” BURQUINI ” PIENSO QUE OFENDE A LOS OJOS DE OCCIDENTE,Y TERRIBLEMENTE SUMISIÓN AL MACHO.CREO QUE DEBERIAN IR A COLEGIOS MUSULMANES Y PLAYAS SOLO PARA ” BURQUINISTAS “

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