Una puta. Tercera parte

Por Carmen Sereno

Primera parte

Segunda parte

No entendí lo que dijo, pero a juzgar por la furia con la que había lanzado el móvil contra el lavamanos, deduje que se trataba de alguna palabra gruesa en su lengua materna.

-¿Qué ocurre? -pregunté contemplando atónita la pantalla resquebrajada por el impacto.

¡Es tersera ves en mes que cliente hijo de puta cansela servisio! ¡Estoy harta! ¡Harta! 

-¿Te han cancelado el servicio? ¿Y por qué? -quise saber.

¡Ay, mujer! ¿Por qué va a ser? -dijo haciendo aspavientos, con un tono que parecía dar por sentado que yo ya debía saberlo. –¿No ves que ya no soy ninguna ninia? Tengo 33 anios; estoy vieja para gusto de hombres que contratan putas de lujo –se lamentó con acritud.

La miré con perplejidad y tuve que contener las ganas de soltar uno de esos sonoros resuellos de indignación que se me escapan a veces.

¿Vieja?

Por lo visto, también hay putas de primera y de segunda.

Qué cruel puede llegar a ser a veces el mundo.

-¿Y qué haces en estos casos?

Nada. Joderme. ¿Qué voy a haser? –respondió visiblemente molesta. Cogió el móvil con la mano y lo observó con detenimiento unos segundos, calibrando de cerca los daños que había sufrido.

-¿Alguna vez te has planteado dejarlo? -me atreví a preguntar.

Alzó la vista y la clavó en mí, y no sé por qué, pero en ese instante sentí que me abrazaba el más frío de los inviernos.

-Yo no sé haser otra cosa; he sido puta toda mi vida. 

Aunque estaba allí, frente a mí, su voz sonó lejana.

Llena de ausencia y de piedras pesadas.

Derrotada.

Y reducida. Muy reducida.

Quise decirle que no.

Que ni las certezas son siempre inamovibles, ni todas las acciones irreversibles.

Que la vida concede segundas oportunidades.

Porque incluso las putas se merecen segundas oportunidades.

Aunque tengan 33 años.

Quise decirle todo eso y muchas más cosas. Pero no me atreví. Sentí que se me cerraba la garganta y no me atreví.

No sé, tal vez tuve miedo al hielo desangelado de su mirada.

Se dio la vuelta y rebuscó en el gran armario blanco de tiradores dorados que había junto al lavamanos hasta que dio con un bote de leche desmaquillante. Vertió una generosa cantidad sobre uno de los discos de algodón y comenzó a retirarse la pintura de los ojos frotándose con ímpetu.

-¿Sabes cosa? –dijo con la pupila afilada frente al espejo- Mi padre hiso mi hermana abortar con una percha. Por su culpa, ella nunca podrá volver a quedar embarasada.

Entonces, el silencio.

El mismo silencio tenso y áspero que impregna el ambiente después de una confesión triste.

Yo no podía articular palabra. ¿Hizo abortar a su propia hija con una percha? Aquello no figuraba en el guion de lo coherente.

Aquello quitaba las ganas de seguir hablando. De seguir ahondando.

Pero debía hacerlo.

Tenía una libreta llena de hojas en blanco y una historia por contar entre las manos.

Tragué saliva y carraspeé.

-¿Dónde está tu hermana ahora? -pregunté con una voz impostada que no me sonaba a mí.

En mi país, cuidando de mi hija. 

Su hija.

Tenía una hija.

El reflejo de su rostro se relajó entonces, como si aquella pequeña palabra, hija, fuera en realidad tan grande y tan absoluta, que hubiera conseguido descomprimir al fin ese doloroso rincón de memoria lejana que llevaba incrustada en la piel igual que se lleva un estigma.

Ese doloroso rincón de memoria lejana que había revivido para mí, sin peros, sin tensiones, sin reservas.

Sin siquiera concederse la legítima licencia de desmantelarse por dentro.

Porque aquella mujer era probablemente una de las mujeres más inquebrantables que he conocido y conoceré en mi vida.

A pesar de todo.

A pesar de todos.

-¿Cuántos años tiene tu hija?

Una sonrisa de adoración se dibujó en sus labios desmaquillados.

Siete. Casi mismos que llevo en España.

-¿Y por qué no está contigo?

No era una pregunta fácil.

Se dio media vuelta y alzó las manos con las palmas hacia arriba, dedicándome una mirada en el límite entre el desconcierto y la ira.

¿Y cómo quieres yo cuide de ella con vida que llevo, дура*? нет**, ella está mejor allí, con su tía.

-¿Y el padre?

No sé dónde está –confesó encongiéndose de hombros-. Abandonó a mí cuando supo que estaba embarasada. Pero es normal.

-¿Normal? -repetí arqueando las cejas.

да***, ningún hombre honrado quiere tener hijo con mujer de mala vida. ¿Sabes por qué yo fui de mi país? Porque no quería que mi ninia cresiera avergonsada de su madre. Esa es rasón por que yo estoy lejos de ella. 

-¿Y qué fue lo que te impulsó a tomar la decisión?

Exhaló profundamente, como si quisiera vaciar todo el aire de sus pulmones.

Como si necesitara vaciarse para poder continuar.

No era una respuesta fácil.

Después aborto mi hermana -comenzó a relatar-, ella quedó tan dañada física y emosionalmente que nunca volvió a ser misma persona. Mi hermana no es como yo; ella es débil de espíritu, ¿sabes? Yo quería alejarla de mala vida, así que desidí buscar un trabajo desente para ella.

-¿Y lo encontraste?

да, en una fábrica de coches, grasias a Dios. –dijo. Luego besó el pequeño crucifijo de oro que colgaba discretamente de su cuello, y me pareció inexplicable que alguien tan golpeado por las circunstancias fuera capaz de conservar la fe.

-¿Y tú, por qué no dejaste la prostitución también?

Me sonrió con los ojos y por un momento, la tristeza líquida que arañaba su mirada azul me pareció tan real, que tuve que desviar la vista.

No sé si sabes, pero vida en mi país era difísil en época después caída Unión Soviética. Se ganaba muy poco dinero en general; economía estaba sumergida. Única manera de proteger mi hermana de maldad de mi padre era seguir siendo puta.

Se sacrificó por su hermana pequeña.

Continuó prostituyéndose para que ella no tuviera que hacerlo.

Con una víctima era más que suficiente.

Claro. Tenía sentido.

Empesé a trabajar en club de carretera –prosiguió-. Ahí conosí padre de mi hija, ¿sabes? Se llamaba Борис****. Era tan guapo… –musitó con la mirada cargada de nostalgia– Mi pequenia tiene mismos ojos verdes.

-¿Era un cliente?

Asintió con un leve gesto de la cabeza.

-¿Y te enamoraste?

Volvió a asentir, aunque esta vez más pausadamente.

-¿Y él?

-Ay, mujer -puso los ojos en blanco-. Ellos nunca enamoran de mujeres como yo. Eso sólo pasa en películas de Hollywood. En vida real, te follan gratis unas cuantas veses y después se van con cabesa bien alta. ¿Sabes? Борис prometió muchas cosas, pero única que ha cumplido es la que hiso cuando dije que estaba embarasada: Que no volvería a ver él jamás.

-¿Qué ocurrió después?

Intenté ocultar embaraso, pero algo así no puede esconder por mucho tiempo. Cuando descubrieron, echaron a mí de club. En verdad, yo no quería tener bebé; mundo es lugar demasiado malvado para traer ninio. Si tuve fue por mi hermana; ella sí quería. A veses creo que más que querer, lo nesesitaba.

Sí, quizás lo necesitaba para que su pequeño mundo de cosas quietas volviera a ponerse en funcionamiento.

-¿Y tu padre?

Nunca supo que yo estaba esperando un hijo. Murió antes de que mi ninia nasiera. Un camión atropelló él y dejó tirado en carretera. Estaba borracho, como siempre. Supongo que conductor confundió él con vagabundo. En verdad, me alegro de que bastardo muriera solo. –añadió. Y después escupió sobre el lavamanos.

Murió solo, como un perro desangrándose sobre la nieve.

Tal vez tuvo la muerte que se merecía.

Tal vez ella tenga razón, y Dios, o alguien con otro nombre, con otro rostro y otra lengua, se encarga de poner a cada uno en el lugar que le corresponde tras el último aliento.

Solo.

Como un perro desangrándose sobre la nieve.

El padre que aniquiló la inocencia de sus hijas.

El padre que ni fue padre ni fue hombre.

-Todavía tenía leche en mis pechos cuando volví a trabajar, ¿sabes? Pero nesesitábamos dinero. Mi hermana dejó fábrica para cuidar de ninia, y yo encontré otro club de carretera en siudad más lejos. Poco tiempo después conosí hombre que ofresió a mí oportunidad de viajar a España para ganar mucho más dinero.

-¿Un proxeneta?

-да, aunque yo prefiero “casatalentos” –bromeó dejando ir una risita cáustica. Pero el semblante se le opacó enseguida. –Yo sé cosa tú piensas. Que sólo mala madre abandonaría a su hija resién nasida para ir a extranjero a haser de puta de lujo.

-No, no, yo no… -traté de justificarme.

No es problema para mí que tú pienses –me interrumpió-. Estoy acostumbrada a ser jusgada por personas que no entienden mi situasión, aunque sé por experiensia que no es fásil ponerse en piel de una puta. ¿Sabes? En realidad, yo no elegí esto; esto elegió a mí. Es crus que acompañará toda mi vida. Yo ya no tengo salvasión, pero hay dos personas en mundo, dos únicas personas que amo en mundo, que sí puedo salvar. Yo puedo salvar ellas. Con dinero puedo salvar mi hermana y mi hija,  ¿entiendes que quiero desir? No importa a mí abrir piernas todas veses que sea nesesario, porque cada ves que hago estoy asegurando que no falta nada a mi familia. Dinero que sale de mi conio es educasión de mi hija. Educasión y oportunidades que yo nunca tuve. Ese dinero es garantía que mi hija nunca tendrá que degradar ante hombre para poder comer. Por eso dejé ella con mi hermana y vine aquí, ¿entiendes? Porque única cosa que importa a mí es que mi ninia cresca felis y convierta en mujer que yo no he sido.

Tomó aire un segundo.

El fuego crepitaba en sus pupilas; se había derretido el hielo.

-Antes preguntaste por qué yo nesesitaba tanto lujo. Bien, ahora ya sabes respuesta. 

Sí.

Y no volvería a preguntárselo jamás.

Para nosotras, las mujeres.

Para todas nosotras.

Sin excepciones.  

*Del ruso, dura (estúpida, boba)   **Del ruso, niet (no)   ***Del ruso, da ()    ****Del ruso, Boris (nombre propio masculino)

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