Una Ley de Igualdad que avanza a pasos de tortuga

Por Alba Martínez 

La Ley de igualdad española cumple 10 años. Sin embargo, la teoría está muy bien, por el contrario, la práctica tiene ciertas lagunas.
España está dentro de los países desarrollados con más casos de violencia machista, esto nos dice que somos conscientes del problema pero, que aún no hemos dado con la solución.

En los años anteriores a la crisis económica el compromiso por la igualdad era más fuerte, hecho que la convirtió en una prioridad dentro de la agenda política. A pesar de ello, y cuando llegó la crisis, se echó a un lado frenando así el impulso de las políticas de igualdad.

Hay que aceptar el termino FEMINISMO y ver que está de parte de todos.

El presupuesto se ha reducido, por lo que se han desmantelado las políticas de igualdad y han sido desplazadas en detrimento de los derechos sociales. Hoy en día existe una gran incertidumbre legislativa, aunque sabemos que gracias a las manifestantes de Sol se ha conseguido alarmar a las fuerzas políticas. Los actores colectivos hacen mucho por el avance en temas de igualdad a pesar de las numerosas barreras que existen.

Pero, ¿y todo lo que se ha nombrado y no se ha llevado a la práctica? El Estado de Bienestar español sigue regulado por los roles de género tradicionales. Un ejemplo de ello son los permisos de paternidad, ley que salió adelante en 2009 dando el derecho a los padres de cogerse 4 semanas pero cuyo presupuesto no se ha aprobado hasta febrero de este año.

En el año 2007 se aprobó en el Congreso esta ley con la abstención del Partido Popular. Zapatero aseguró que dicha ley tenía como objetivo “transformar, a transformar para bien, a transformar radicalmente y para siempre la sociedad española”.

Para que una ley sea efectiva es necesario aplicarla. La ley de igualdad se basa en la equidad. Esto se resume en equiparación de salarios, reparto de tareas domésticas, igualdad de oportunidades, entre otras. La brecha salarial sigue existiendo (se sitúa en el 18,8% respecto a los hombres), la conciliación familiar es un término y no una realidad, y los Consejos de Administración aún están formados principalmente por hombres a pesar de la cuota.

Pero no todo el problema es cosa de leyes. La sociedad sigue sin ser igualitaria y no está suficiente concienciada sobre el tema. Ya van 24 muertes por violencia de género este año. Esto nos lleva a la conclusión de tener que enseñar a los hombres a no matar, porque es lo que están haciendo; nos están matando.

Por lo tanto es necesario llevar este tema a la educación. Sin una educación en igualdad estamos perdidos. Y no solo sensibilizar en cuestiones de índole feminista, sino demostrar que acogiendo el feminismo se hace una favor a la sociedad entera, esto quiere decir, tanto a hombres como a mujeres. Los chicos escuchan más consejos de dominio y agresión que las chicas al lo largo de su vida, se les enseña a no llorar y a ser el fuerte. Este tratamiento desemboca en riesgo de apego inseguro, hecho que dificulta el desarrollo de la empatía y aumenta el riesgo de violencia. Hay que aceptar el termino FEMINISMO y ver que está de parte de todos.

En resumen: mujeres y derechos. Se debe luchar para erradicar la opresión y eliminar la discriminación y los elementos sexistas de la sociedad desde el respeto a la integridad humana. Hay que defender la libertad de elegir, la libertad de ser, y la construcción de poderes libertarios.

La brecha salarial sigue existiendo, la conciliación familiar es un término y no una realidad, y los Consejos de Administración aún están formados principalmente por hombre.

Vamos a olvidar los estereotipos y roles de género que se han quedado antiguos.
Vamos a respetarnos, empezando entre nosotras las mujeres, que no somos enemigas, si no compañeras de lucha y sobre todo hacer que los hombres nos respeten: eso significa dejar fuera la tendencia de ver a una mujer como objeto, adiós al acoso callejero, porque no queremos piropos; y sobre todo adiós al maltrato. Nos merecemos lo mismo, tenemos las mismas capacidades y no por ser más pequeñas somos menos capaces o inteligentes como afirmó hace poco cierto eurodiputado de cuyo nombre prefiero no acordarme.

Somos capaces y hemos demostrado que valemos lo mismo y podemos conseguirlo. La historia nos ha dejado a grandes mujeres como Marie Curie, Frida Kahlo, Dolores Ibarruri, Maruja Mallo, Guillermina Rojas … y muchas que están haciendo historia en el presente por su compromiso por la igualdad como Emma Watson, la increíble Meryl Streep, Almudena Grandes, Gloria Fuertes, Madonna…

Somos la mitad de la población y nuestros derechos no son una cuestión secundaria. Hemos avanzado pero aún se necesita más. No se ha llegado a la meta. El feminismo sigue desatando actitudes defensivas en su contra y se afirma que la discriminación de las mujeres está superada. Nada más lejos de la realidad. Desde la igualdad y abanderando el feminismo se busca conseguir un mundo en el que quien tiene el poder se resiste a dejarlo así como quien disfruta de privilegios. Cambiar la mentalidad de toda una sociedad es difícil, pero lo injustificable es que no se haga nada para conseguirlo. El machismo es una enfermedad social y hay que erradicarla.

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