Poesía política | Toca Sonreír

Por Javier DG @olduvay22

Sonríe

La sonrisa de un país se descuelga fina

entre leones de alto porte

y columnas de un Régimen caduco,

que aún hoy, sigue arrojando esputos

sobre esa historia dibujada

por los ojos de Bardavío Olidém,

Antonio Fontán y otros embaucadores

envueltos en aura de salvadores.

Ha llegado la hora de sonreír,

por esa multitud de pasos que ascienden

desde la abrupta covachuela,

sellada hace cuatro décadas

por edecanes de un Régimen

plagado de sanguijuelas.

 

Y cuando Ciudadanos de Venezuela,

Panamá, Génova y Ferraz,

escupan radicalidad germinada

en el huerto urbano

junto a la Plaza de la Lealtad,

Estrasburgo y otros patios de tipo colonial,

toca regar la fruta madura de jóvenes sin destino,

toca elevar la cristalina mirada,

para secar miles de rostros de gesto adusto,

y roto.

 

Y al igual que en El Viejo Topo,

toca rescatar la indigna sangría de letras

que brota imparable

desde la fuente rota de la memoria.

Porque la Hegemonía sigue blindada

por los que trituran familias  

ante la pétrea mirada del periodismo burgués

(algunos, discípulos de Emilio Romero)

que mira sin ver, éste juego de máscaras

aterciopeladas por el lifting y cocinadas

en barbacoas,

más allá del mar nuestro.

 

Así, nos venden mentiras

con envoltorio de miedo, 

para sepultar derechos arropados por gente

que ofreció su vida en los sótanos

de la Real Casa de Correos.

Por todo eso, cabalga firme

“jinete del pueblo”, desde Vallecas,

atravesando la retama de Somosaguas

hacía el infinito de un cielo raso,

allá donde duerme la inquieta sal de la tierra

y se alegra la vista en el horizonte,

junto al Teatro del Barrio.

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