Respuesta al magistrado Antonio Salas

Por Rafael Silva Martínez

El pasado día 3 de enero, nos sorprendieron unas declaraciones de todo un Magistrado de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, un tal Antonio Salas, quien entrevistado para el programa “Más Vale Tarde” de La Sexta, vertió unas opiniones sobre la violencia de género bastante polémicas. El señor Salas, aunque no negó en ningún momento que existiera el machismo (lo contrario hubiera sido demasiado escandaloso), aseguró, entre otras joyas, que “no se puede generalizar y echar las culpas a la educación machista“, y que “hay una verdad oficial sobre la violencia de género que parece que nadie puede cuestionar“. En diversos tweets previos había asegurado que la violencia de género “es una manifestación más de la maldad” (¿les suena algo parecido para el tema de las guerras?), y que la violencia de género no existiría “si la mujer tuviese más fuerza o igual fuerza que el varón“, asegurando que era “pura lógica“. Aseguró que en parejas homosexuales también hay insultos, maltratos y violencia, y se preguntó: “¿Ahí hay machismo también?“. La verdad es que es absolutamente insultante que en pleno siglo XXI, y con un panorama de violencia machista tan terrible como el que estamos padeciendo (44 mujeres asesinadas en 2016), aún existan personas “ilustradas” que sean capaces de verter estas opiniones.

Son declaraciones que no hacen sino confirmar la tremenda necesidad de formación en este asunto que requieren tanto los miembros de nuestro Poder Judicial (abogados, jueces y fiscales) como los miembros de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (Policía en sus diversos ámbitos y Guardia Civil). Porque además la violencia de género no se manifiesta, como se ha reconocido oficialmente en recientes fechas, sólo en los terribles asesinatos machistas, sino en todas las demás facetas sociales y laborales que denigran a la mujer con respecto al hombre: brecha salarial, división sexual del trabajo, feminización de la pobreza, violaciones, prostitución, acoso sexual laboral, y un largo etcétera de manifestaciones donde el dominio del hombre sobre la mujer se ejerce sin piedad. Pero para el señor Salas, por lo visto, lo que cuenta es que el hombre “es más fuerte físicamente” que la mujer. Un planteamiento absurdo, infantil y reduccionista que se puede rebatir desde múltiples puntos de vista. Porque para matar a una mujer a golpes (igual que para matar a un hombre) quizá haya que ser más fuerte que ella, pero para pegarle un tiro con una escopeta no es necesario tener más fuerza física. Tampoco para echarle ácido a la cara, ni para atropellarla con un coche, ni para pagarle menos sueldo que a un hombre por el mismo trabajo, ni para explotarla laboralmente (como ocurre sobre todo en ciertos colectivos como las empleadas de hogar o las camareras de piso de los hoteles), ni para someterla a explotación sexual, etc. Para todos esos ataques a la mujer no hay que ser más fuerte físicamente que ella.

Este señor, simplemente, es un ignorante ilustrado. Desgraciadamente, no es el único, existen muchos así con carrera, que se ponen a opinar de cualquier tema, sin tener ni repajolera idea, aplicando según ellos “la lógica” y el “sentido común”, demostrando su supina ignorancia, quedando en el más absoluto de los ridículos. Así que vamos a intentar explicarle al señor Salas, muy brevemente (una explicación profunda se saldría de los límites de este artículo, aunque puedo recomendarle a este señor gran cantidad de bibliografía de grandes expertos y expertas en el tema), las verdaderas motivaciones de la violencia de género. Porque la violencia de género (como las guerras y el terrorismo) no tienen nada que ver con la maldad, como asegura el señor Salas. Porque quien tiene la fuerza no es el hombre (entendido como un hombre cualquiera), sino el propio sistema. ¿Le suena de algo una cosa que se llama patriarcado, señor Salas? En realidad aquí sufrimos una modalidad que denominamos heteropatriarcado, consistente en una variante del mismo que legitima únicamente determinado tipo de relación entre hombres y mujeres (la heterosexualidad) y determinado modelo clásico de familia. El heteropatriarcado es el sistema de dominación cultural (incluye usos, costumbres, tradiciones, normas familiares, hábitos sociales, prejuicios, simbología, e incluso leyes) que guía los roles de hombres y mujeres, y es el responsable de nuestra educación desde pequeños en las injustas diferencias de sexo que se aplican cuando somos adultos.

Este sistema establece la dominación del varón sobre la mujer en la mayoría de las facetas sociales, tanto individual como colectivamente, aprovechándose del sexo femenino y explotándolo salvajemente, sobre todo en su fuerza productiva y reproductiva. Y como explicamos en el primer artículo de nuestra breve serie dedicada al tema, la dominación cultural del heteropatriarcado es tan antigua y arraigada, que hoy día sería difícil deslindar la parte biológica de la parte cultural en nuestro comportamiento, desde que somos bebés hasta la edad madura. El heteropatriarcado educa desde la infancia para que hombres y mujeres asumamos unos roles de género determinados, para que nuestros comportamientos se ajusten a su modelo. El feminismo se rebela ante esta normativa heteropatriarcal, intentando que la sociedad vaya migrando hacia la asunción de unos roles de verdadera y completa igualdad entre sexos. Pero tomando las palabras de Matilde Tenorio en su ensayo “Reflexiones feministas”: “El rol de transición entre los valores modernos y los tradicionales genera en muchos hombres temor, frustración y un riesgo de perder el control y la autoridad, y si bien muchos de ellos lo afrontarán cognitivamente comprendiendo que son copartícipes de la desigualdad e intentando modificar sus creencias, valores y actitudes, otros, por el contrario, responderán resistiéndose a la pérdida de sus derechos e intentando restablecer el equilibrio mediante el control físico y mental de sus parejas utilizando diferentes estrategias“. Y es exactamente aquí donde se encuadra la violencia de género.

Se consagra de esta forma toda una “hegemonía de la masculinidad” (como explicamos en el segundo artículo de nuestra serie) que se proyecta cada vez a más ámbitos sociales, y que invade también el ámbito íntimo y privado, proyectándose en la dominación económica, laboral, social y legal del hombre sobre la mujer. Y como decíamos, el terrorismo machista (que no tiene nada que ver, al contrario de lo que asegura el señor Salas, con otros tipos de violencia doméstica, como la que puedan sufrir padres con respecto a hijos, u otros modelos de pareja distintas a la heterosexual) se enmarca exactamente bajo estos moldes. A bajo nivel, un conjunto de comportamientos (los llamamos “micromachismos”) imperan en nuestra vida cotidiana, y son fiel reflejo del sentimiento de dominación que el hombre ejerce sobre la mujer. Culturalmente (bajo ese manto del heteropatriarcado) sigue muy viva la idea de que los hombres disponen de ciertos derechos sobre las mujeres con las que se relacionan sexual y afectivamente, y esto redunda en cierta tolerancia social cuando el maltratador o asesino en cuestión no puede soportar el hecho de que “su” mujer (él entiende que ella es algo de su propiedad) le haga saber que ya no le pertenece. Ello va unido a cierta tolerancia institucional y política, incluso de los medios de comunicación, que vierten mensajes subliminales y estereotipados como los que alegan que “la mató porque la quería”, “la mató por celos”, “la mató porque ella hizo algo que no debía”, “porque le faltó al respeto”, o simplemente, “la mató porque estaba loco”. El señor Salas agrega a todo este catálogo “la mató porque era más fuerte que ella”.

Pero no. Lo cierto es que la mató porque él creía (ellos creen, el sistema les ha hecho creer) que estaba legitimado para matarla, que tenía derecho a matarla. La mató porque ella, con su comportamiento, había desafiado al sistema, había dañado el sentido de la masculinidad del hombre, se había enfrentado a su rol femenino. Ellos matan porque creen que sus mujeres les pertenecen (y esto es una idea política que el sistema consagra, y que no tiene nada que ver con la fuerza bruta), y que por tanto, tienen derecho a exigirles determinados sentimientos, actitudes y comportamientos. Ellos matan para restablecer el orden, para responder a las pautas del modelo de conducta que normaliza la sociedad. La lectura de la violencia de género debe ser, por tanto, una lectura política, interpretada como la reacción del rol masculino ante el intento del rol femenino de subvertir las reglas del modelo. Y son cómplices de este modelo (como el señor Salas) todos los que se empeñan en explicar que los asesinos son violentos, malos, psicópatas, en lugar de entender que dichos individuos son personas normales, bien adaptadas, con comportamientos racionales, con una vida social totalmente normal, sin antecedentes penales, que quieren a sus padres y a sus amigos, pero que simplemente, no son capaces de enfrentarse a la idea de que su mujer se separe de él. La ideología heteropatriarcal y machista (y no la mayor fuerza física del varón, señor Salas) es la única responsable de dichos crímenes. Y esta no es la “verdad oficial incuestionable”, señor Salas, es, simplemente, la verdad.

15 thoughts on “Respuesta al magistrado Antonio Salas

  • 13/01/2017 at 5:13 pm
    Permalink

    Cuánta mierda neomarxista puede caber en un ente que se denomina de “izquierdas” no de izquierda. He aquí la prueba. Mucha… y sólo es porque le “nació la necesidad de escribír” que se”hizo analista político” sin estudios. Así las cosas con los de “izquierdas” que escriben sin razón, sin sentido y repitiendo su perorata neomarxista sin fundamentos razonados. Y peor, se van directo a la ofensa fácil.

    Reply
  • 13/01/2017 at 4:09 pm
    Permalink

    y lo peor de todo es que dices ser profesor.

    Reply
  • 12/01/2017 at 11:20 pm
    Permalink

    Quiero manifestar mi apoyo al magistrado Antonio Salas por cuestionar los mantras oficiales de la ley orgánica 1/2004, y el corolario del ¨Machismo¨ como base jurídica de la ¨Ley contra el Hombre¨, llamada ¨Ley Integral contra la Violencia de Género¨ (LIVG), una parodia de la justicia que priva al varón de sus derechos constitucionales y eleva sus faltas a ¨delito¨, en las relaciones intrafamiliares, rompiendo el principio de igualdad ante la ley entre el hombre y la mujer, para otorgar a la mujer un trato privilegiado y diferencial penal con criterios de género, inconstitucional, que le permite cometer los mismos ¨delitos¨ o faltas que un hombre sin consecuencias penales, gracias a una ley tan desnuda de criterios jurídicos como el cuento de ¨el Emperador¨, al que nadie podía, quería o le convenía ver desnudo.

    Definir ¨ la violencia de género¨ sólo como violencia ¨machista¨ del hombre dirigida a la mujer por el hecho de serlo, en una supuesta relación de poder sobre ella que no permite la ley ni la Constitución¨, es un grave error de base que no trata la realidad de la violencia intrafamiliar, que puede afectar tanto a la mujer como al hombre, víctima olvidada de la ley que criminaliza al varón y limita sus derechos, dificultando su defensa ante acusaciones falsas de nuevos delitos que antes eran faltas, y otorga a la mujer privilegios legales y económicos que no respetan el principio de igualdad ante la ley, negando y descartando cualquier factor comparativo con la violencia de la mujer contra el hombre motivada por las mismas razones y principales causas que pueden incitar al hombre y a la mujer a la violencia como: maldad, odio, venganza, celos o interés económico, lo que implicaría que toda posible violencia intrafamiliar estaría motivada por el odio o supuesta relación de poder del hombre, teoría que no se sostiene teniendo en cuenta que la violencia familiar es bidireccional.

    La violencia intrafamiliar o doméstica, NO de género, es bidireccional y la puede ejercer, o ¡NO!, tanto el hombre como la mujer motivada por conflictos de pareja: ventajas o disputas económicas, conflictos de custodia y convivencia, celos, odio, venganza, etc., y hay causas objetivas y estadísticas que así lo demuestran. Aunque, en nombre de la igualdad ¡sólo se consideren delitos las faltas del hombre! Además, muchos supuestos delitos que contempla la ley LIVG imputables al hombre, pueden ser denuncias falsas que interpone su pareja para obtener ventajas económicas o la custodia de los hijos, ¨delitos¨ de la mujer que NO se persiguen por la fiscalía NI se contabilizan como tales si el juzgado NO las registra como violencia doméstica.

    La ley contra la violencia mal llamada de ¨género¨ 1/2004/LIVG aprobada por las cortes en enero de 2005, fue y ha sido, más un intento de castrar al varón, que una herramienta legal eficaz para erradicar la violencia doméstica, al ser imposible atajar ningún mal ni conducta social violenta sin respetar los derechos e intereses de quienes forman parte del problema. El mayor error de la ley fue y es pretender mejorar la convivencia de las familias, para acabar con la violencia en el ámbito familiar, dividiendo a sus miembros, según su género, en BUENAS y MALOS, plantando semillas de odio mediante leyes injustas para castigar a los hombres como violentos machistas y tutelar y santificar la naturaleza y la conducta pacífica e intachable de las mujeres y su rol de víctimas, incapaces de actuar motivadas por el egoísmo y la maldad, el odio o la venganza.

    Después de 11 años desde la aplicación de la ley 1/2004, es hora de reconocer que a pesar de los grandes medios económicos que se le dedican, de los derechos robados y la desigualdad generada, la ley LIVG ha fracasado como supuesta solución a la violencia intrafamiliar, porque ha dividido más a las familias al conculcar derechos fundamentales y ser un arma legal de control para someter y humillar al varón y otorgar privilegios legales y económicos a la mujer, sin respetar el artículo 14 de la constitución sobre igualdad de trato, que tanto dicen defender los partidos políticos que nos representan, que: Los españoles son iguales ante la ley, SIN que pueda prevalecer DISCRIMINACIÖN alguna por razón de nacimiento, raza, SEXO, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

    Reply
  • 11/01/2017 at 5:14 pm
    Permalink

    Vais a adoctrinar a vuestra madre… El juez Salas ha dicho verdades como puños… A ver, espabilados, si un hombre agrede por celos es machismo? Entonces qué es cuando lo hace una mujer… Acaso toda agresión de hombre a mujer es machismo? Entonces, por vuestra ridículo lógica toda agresión de un musulmán es terrorismo, no?… Y eso de las penas diferentes porque matan más los hombres, gilipollez donde las haya que quiebra el derecho, es como si las víctimas de GRAPO y los asesinos fuesen tratados diferente que los de ETA porque mataron menos… RIDICULOS

    Reply
  • 11/01/2017 at 11:17 am
    Permalink

    Lo que viene a decir este artículo es que todos los hombres que matan a mujeres son por causa única del machismo. Por tanto, Hitler asesinó a millones de hombres y niños por que era un psicópata, pero el motivo de haber asesinado también a millones de mujeres fue el machismo. Llevo el ejemplo al extremo, pero sirve para ilustrar el fondo del artículo.

    No todos los hombres que matan a una mujer son machistas – también los hay enfermes mentales y gente que un día estalló y se le fué todo de las manos, siendo “normales” y pacíficos hasta ese día, y quizás ni siquiera machistas.

    En cuanto a los medios, cabe decir que es chocante ver cómo cada vez que una mujer mata a un hombre, resultaba tener “antecedentes psiquiátricos”, o se vierten opiniones del tipo “la estaría maltratando y acabó estallando” – argumentó que podría servir a la inversa, también hay hombres maltratados, y seguro que de vez en cuando, alguno “estalla”.

    Generalizar es malo en cualquier sentido. Censurar opiniones es de dictaduras, que parece que es lo que persigue el feminismo radical.

    Reply
  • 10/01/2017 at 11:30 pm
    Permalink

    Todo mi apoyo al juez Salas. Ya era hora que alguien con voz representara a todos esos hombres indefensos. #StopFeminazis.

    Reply
  • 10/01/2017 at 8:50 pm
    Permalink

    El juez Salas ha explicado muy coherentemente una opinión y no ha dicho ninguna burrada….todo lo que ha dicho es muy lógico…..y basta ya de hablar solo de muertes machistas, y las feministas? 30 hombres murieron el año pasado y nadie dice nada, se oculta…porque? La mujer es igual de violenta que el hombre, incluso suele tener mas maldad….lo que pasa es que el hombre que es cobarde abusa de su fuerza….y se lía. No justifico la violencia, pero esta ley es una verguenza….igualdad real ya para tod@s¡¡

    Reply
  • 10/01/2017 at 8:49 pm
    Permalink

    Espero que mis hijas nunca se encuentren con un profesor como usted.
    Su falta de objetividad es insultante, sus descalificativos solo le definen a usted mismo.

    Reply
  • 07/01/2017 at 12:22 pm
    Permalink

    youtu.be/EjzB9lgFEdM

    Aqui el majistrado humillando a la presentadora.

    Segun la presentadora se debe condenar mas la violencia himbre a mujer porque es maa habitual.
    El juez dice que no es porqhe sea mas habitual sino porque existe auperioridad fisica.

    Reply
  • 07/01/2017 at 11:49 am
    Permalink

    El juez salas ha expuesto su opinión. Ha dicho que no todos los casos de violencia de género se pueden atribuir al machismo. En este artículo, como en la entrevista que le hicieron en la sexta, se le intenta dar la vuelta a la toritilla dándo interpretaciones oportunistas a las palabras del magistrado. Tiene razón en lo de “la versión oficilal” y lo ha demostrado. Ha cuestionado esa versión dándo su opinión con argumentos y lo único que ha recibido son descalificativos desde RRSS y desde este artículo de opinion. Lo que no puedes hacer, Señor Rafael Silva, es entrar en descalificativos del tipo: “Este señor, simplemente, es un ignorante ilustrado, o si se quiere, un burro con toga. Desgraciadamente, no es el único, existen muchos imbéciles con carrera, que se ponen a opinar de cualquier tema, sin tener ni repajolera idea, aplicando según ellos “la lógica” y el “sentido común”, demostrando su supina ignorancia, quedando en el más absoluto de los ridículos.”

    Estos descalificativos en tu artículo de opinion te dejan en una posición vulgar. Lo primero que debes interiorizar es que hay tantas oponiones como culos y todos tenemos la libertad de decirla porque, de lo contrario caeriamos en la censura y esos es lo que denuncia el juez al referirse con “la versión oficial”. Nadie está en posesión de la verdad absoluta por lo que todos los puntos de vista pueden ser válidos. Como decía Voltaire: “No comparto su opinión pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirla”.

    Posiblimente Señor Silva, este hombre esté mas preparado que usted para opiniar sobre el tema que nos ocupa porque por él han pasado multiples casos de violencia doméstica y sabe perfectamente, no como cualquiera que se monta un blog para juntar palabras, que no se puede generalizar y que las cosas no son blancas o negras, sino grises. ¿No es a caso maldad cuando un hombre vierte ácido en la cara de una mujer? ¿No sería acaso maldad que una mujer le pegue un tiro con la escopeta a su marido? ¿Por qué habría que juzgar con mas dureza el primer delito que el segundo? ¿A caso las vidas humanas no valen lo mismo?. Y no me digas como Mamen de la sexta que se hace porque es mas común. Teniendo en cuenta esta premisa, nos estamos saliendo del ideal de la igualdad. Porque la discriminación positiva sigue siendo discriminación y eso es contrario a cualquier principio de igualda. No dudo que estemos en una sociedad basada en el heteropratiarcado pero eso no es motivo para intentar CENSURAR mediante linchamientos virtuales, la opinión de otras personas sólo porque no nos gusten. Me alegro de que este señor pueda dar su opinión con relativa libertad aunque lo hayan linchado y también me alegro de tu, Señor Silva, puedas tener un blog y dar tu opinion a cerca de los temas que te apetezcan. Viva la libertad de expresión, muerte a la censura.

    Reply
  • Pingback: Respuesta al magistrado Antonio Salas a raíz de sus comentarios sobre violencia de género

  • 06/01/2017 at 4:04 pm
    Permalink

    Creo que se está demonizando a Salas en exceso. En la vida nada es blanco y negro y lo fácil sería hacer un discurso como el de este artículo y esperar los aplausos, pero yo creo que Salas lleva su parte de razón, el que mata a su mujer es un asesino, ¿la mata por ser mujer?, pues yo creo que en primer lugar es un asesino, y a lo mejor no es el más machista de la sociedad, por supuesto que no acepta que su mujer le deje, pero no lo acepta porque es un egoísta, el problema es que la mujer que esta con él le ha dejado entrar en su vida, porque lo que es machista de verdad es la sociedad, que es la que hace que en la mujer sea tan frecuente la dependencia economica y emocional que propicia estas situaciones. Un tipo capaz de matar a su mujer es un energúmeno, pero es que lo que parece es que sean los únicos machistas, y no, hay muchos machistas que no matan a sus mujeres, incluso los hay que ni siquiera las maltratan y son mucho más machistas que un asesino, porque no son violentos, no son asesinos, pero cuando viene una chica a su empresa la miran de arriba a abajo y la contratan en función de si les gusta o no, luego intentan algo, y si no pues no pasa nada, se van de putas, no son violentos, no estaban frustrados y no matan a nadie, pero ven los mujeres como carne, y así uno y otro y otro, al final cuando una mujer va soportando como toda la sociedad la trata así, empieza a pensar que no le queda otra y va a buscar trabajo poniéndose guapa o aguanta a un fulano porque lo necesita.
    En definitiva que este es un debate fallido, se focaliza en los asesinos y parece que los demás seamos muy “guays” porque no vamos de violentos. Me indigna ya tanto facilismo en algo tan complejo.

    Reply

Deja un comentario

Uso de cookies

Nueva Revolución utiliza cookies, no podemos evitarlo. Al seguir navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las cookies y la aceptación de nuestra política de cookies CERRAR