Rajoy sí, Rajoy no

Por Miguel Ángel Martínez @mangel_bona | Ilustraciones de ElKoko @Elkokoparrilla


Que sí, que ya sé que es una indecencia que Rajoy vuelva a gobernar este país. Soy perfectamente consciente de la humillación que supone que el capo de los populares sea, a pesar de todo, investido presidente del Gobierno. También estoy persuadido de la falacia, aireada hasta la extenuación por los suyos, respecto a aquello de ser la lista más votada, pues la legitimidad para gobernar la da la mayoría parlamentaria, pudiendo conformar una coalición de fuerzas que sumen más escaños que quienes ganaron las elecciones.

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De todo ello no solo soy consciente, sino que lo suscribo punto por punto. El problema está en que no podemos permitirnos confundir lo deseable con lo pragmático. Yo tampoco quiero a Rajoy en Moncloa; y me eriza la piel, como al que más, ver los resultados del 26J. El hecho de que defienda que se deba dejar gobernar a ‘los malos’ no significa que me agrade, sino que me quedo con la opción menos perjudicial.

Si lo analizamos comprenderemos que, por mucho que nos fastidie, Rajoy tiene el tiempo a favor. Lo hemos comprobado en los meses que van desde el 20D hasta el 26J, momento en que se nos retorció la cara (por no decir otra cosa); pero mantener el gesto torcido no construye absolutamente nada. Es hora de recuperarse del golpe, estudiar la realidad (esa dictadora sin compasión que castiga a los soñadores con una permanente y dolorosa insatisfacción) y actuar en consecuencia.

Sé que todos anhelamos un PP defenestrado, con todos los chorizos que lo integran entre rejas, recuperado todo lo robado y quedando un país alegre y feliz gracias a que la mayoría social ha impartido justicia democrática. Es un anhelo maravilloso, pero todos sabemos cuán distinto es el pantanoso fangal de nuestra política patria.

¿Conviene agitar tanto esta sociedad, gravemente convulsa tras dos comicios y sin gobierno desde hace más de medio año? Reconozcámoslo, España no es Suecia, Islandia, Dinamarca, Francia ni Alemania. Aquí no estamos habituados a pactar por idearios políticos de uno u otro signo. Todo lo que sabemos hacer es confrontar lo que hace uno y lo que dice el de enfrente, aunque al día siguiente se inviertan los papeles. Este espectáculo, triste donde los haya, es el que nos viene ofreciendo el bipartidismo desde los años 90. Pero lo más denigrante para la sociedad es que es consciente de ello, y aun así lo da por válido.

Esta España (…) requiere ser educada hasta que empiece a entender que la sensatez huye de la confrontación para buscar la comunión, que reniega de los individualismos para perseguir el bien común.

Convendréis conmigo en que no estamos preparados, como país, para unas terceras elecciones. Los partidos deben aprender a entenderse, solo entonces la ciudadanía, como bloque, avanzará. Muchos alegarán que el 15M demostró que hay una parte de la ciudadanía que va muy por delante de sus dirigentes; es cierto, pero es una minoría. La masa social sigue propiciando que el diario más vendido sea el ‘Marca’; prepondera el interés por los distintos circos mediáticos (deportes, prensa rosa, incluso política) y es esclava de necesidades consumistas que supera lo patológico. Mientras, la cultura o el pensamiento crítico son proscritos, y la implicación social o la empatía hacia colectivos discriminados (refugiados, inmigrantes, prostitutas, parados, gente sin recursos, etc.) sólo se muestran de manera puntual, más por calmar nuestra conciencia que por verdadera convicción o compromiso.

Sé que sueno duro, pero cuando uno como yo -de marcadas convicciones progresistas- sale a la calle, habla con amigos y compañeros o escucha conversaciones de bar, se siente cruelmente zarandeado y golpeado por un realismo que, en definitiva, debe servir para sacarnos de la quimera y ponernos manos a la obra.

Esta España nuestra, amigos míos, no está preparada para un progresismo efectivo a tan corto plazo. Requiere ser educada hasta que empiece a entender que la sensatez huye de la confrontación para buscar la comunión, que reniega de los individualismos para perseguir el bien común. Ese ideal (elevado donde los haya) sólo puede alcanzarse paso a paso. No podemos pretender que un niño de teta sea profesor de Filosofía. Todo a su tiempo.

Hay indicios que apuntan que el avance, aunque lento, existe: hoy avergüenza a muchos admitir su voto al PP. Es un detalle, pero muy significativo.

Respecto a los partidos, en mi opinión deberían tener el valor de aparcar sus ‘tacticismos’ y encarar al PP, tal como defendía en mi anterior artículo. Y deberían hacerlo, además, de cara a la gente. El debate que hay en el PSOE respecto a permitir o no gobernar a Rajoy deja cómodamente resguardadas al resto de fuerzas en un confortable burladero

Por este motivo se ha lanzado tímidamente una propuesta que, automáticamente, ha sido tildada de ocurrencia, aunque yo veo en ella una oportunidad inmejorable para demostrar a la gente que hay voluntad para el entendimiento. Creo que fue Miquel Iceta quien insinuó la posibilidad de compartir la culpabilidad de permitir gobernar a Rajoy pactando una abstención plural. De este modo, al repartir la presión entre todos los partidos de la oposición, se evitaría hacer más sangre a un grupo socialista que bastante renquea ya. Sería un bello ejemplo de solidaridad entre partidos muy dispares ir de la mano a ese cadalso imaginario que supone un acto tan desagradable como ceder ante el entramado criminal que representa el PP.

Hay que hacer ver a la sociedad entera lo indigno y profundamente perjudicial que resulta (…) un gobierno absolutista como el ejercido por el PP

Oportunidades no faltan; únicamente se necesita voluntad y una mirada proactiva que, de un lado, no ahonde en el distanciamiento entre bandos y, de otro, focalice el punto de mira hacia el que debe ser objetivo común, prioritario y de máxima urgencia: hacer ver a la sociedad entera lo indigno y profundamente perjudicial que resulta, para la Democracia misma, un gobierno absolutista como el ejercido por el PP desde 2011. Y ello hay que hacerlo abstrayéndose de partidismos o ideologías que, tratándose de esto, solo servirían para enrocar a cada uno en su posición. Ha de hacerse de manera sugerente, didáctica y educativa, haciendo comprender, desde la lógica, la ética y el civismo que algo así es inaceptable.

Pocos desean una nueva legislatura de Rajoy. Creo que muchos solo claman una estabilidad que ven perdida, y prefieren que nos lidere alguien de dudosa honorabilidad con tal que zarpemos de una vez. Creo, para acabar, que no va a ser tan complicado demostrarle a este país que el revulsivo que ha aportado Podemos va a suponer una mejora sustancial en la calidad de nuestra Democracia y, por ende, de España.

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