Opinión | Un tipo cercano

Por Earl Kiji

Parece la española una sociedad que se mueve por filias y fobias.

Cuando uno lleva dentro un puntito de antropólogo tarda poco en discernir que personalidades le rodean en los círculos en que se mueve: trabajo, actividades de ocio, amigos del colegio, compañeros de equipo, etc. La mayoría lo hacemos en mayor o menor grado para rodearnos de la gente más afín y tirar de hipocresía con los que no lo son. Y es así, ya sea porque somos gente que quiere llevarse lleva mal con nadie, porque no nos gustan las polémicas o simplemente porque somos cordiales incluso con los que sabemos que nos van a clavar puñales cuando nos demos la vuelta.

No es que no tenga amigos de ideología contraria, pero con el tiempo te cuesta más conectar con gente que te hace dudar de sus intereses ocultos o simplemente llega un punto en la vida en la que te cansas de escuchar banalidades o personas beligerantes cargadas de argumentos escasos. Llamadme asocial, pero si no es en un entorno relativamente progresista o cultural me veréis más haciendo de observador que aportando chascarrillos insustanciales a la conversación. Eso sí, siempre que no se esté atentando flagrantemente contra los ideales que defendemos.

¿Influirá estar al borde de la exclusión social? “Exagerado”, diréis. Pero más de una o uno de los que estáis leyendo esta queja ha estado en un trabajo precario al lado de compañeros que le doblan el sueldo y hablan de cambiarse de casas o de vacaciones en el Caribe, mientras a ella o él le cuesta llegar a fin de mes, dedicando las mismas 40 horas a producir con quizá algo menos de experiencia, pero con rendimiento similar.

Siempre es agradable encontrarse a un aliado “progre” en el equipo o la oficina y tremendamente frustrante ver, si se da el caso, cómo declina sus valores ante las comodidades burguesas. En cualquier caso, es de los tuyos y te sentirás más arropado cuando te encuentres en el café con el grupo nacional-cristiano o el de las porteras y banderilleros tibios y apolíticos que adoran al Bertín, Motos, Cárdenas o guaperas con tintes de triste y rancio patriotismo fiestero español de verbena y corrida de toros y/o en el ojo a modo de sometimiento a la mujer florero que se dedica a la casa y los niños, de turno.

Porque el cercano no es el culto, el que piensa, el que analiza, el que quiere expresarse sobre cualquier tema con libertad, el que se cuestiona y critica lo que le rodea

Y así es cómo con un tercio de los votos de los que acudimos a las urnas, pero unidos porque son gente con su buen rollito (entre ellos) fruto de poder participar de la sociedad consumista, nos hacen aguantar a esos presentadores cercanos en programas en los que se escupe a la cultura, al conocimiento y a la mujer; a un rey campechano que se lo lleva muerto en público, en privado y en sumergido mientras “representa” a un país que no se quita de encima una institución medieval; a los gobiernos criminales y majos que nos saquean, nos dejan sin derechos y nos mienten sin remordimiento, ni titubeo; en definitiva, nos condenan a ver un montón de sonrisas cínicas mientras nos hacen poner sonrisa de gilipollas para no tener que sentirnos perseguidos. Porque no son mayoría, pero lo disimulan muy bien. Porque no te atrevas a decir que es mala persona alguien que acude a comprar el perdón de Dios al clero. Porque el cercano no es el culto, el que piensa, el que analiza, el que quiere expresarse sobre cualquier tema con libertad, el que se cuestiona y critica lo que le rodea. El cercano es el que te apuñala, el que se mofa del débil, el que se aprovecha de lo que y de quien puede, el que te dice que no pienses, que no veas los problemas de tu entorno, las consecuencias de nuestros actos, de nuestro modo de vida, de nuestro sistema, el que te dice que Belén Esteban es la princesa del pueblo y a Motos u Osborne les gustan las mujeres como a cualquier macho cercano que quiere tener una en casa que no dé dolor de cabeza.

En definitiva, el que es feliz en una sociedad injusta, mirando para otro lado, normalizando las aberraciones que pueda presenciar. El que es feliz porque el grueso es como él, gente cercana, y no se da cuenta de que está tan enfermo como el mundo que le rodea y del que participa en su destrucción.

 

Recomendación Cultural:

– Iván Ferreiro – Fahrenheit 451

(Nada que aportar a esta letra).

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