Opinión | Podemos y PSOE: Fragmentos de un discurso amoroso

Por Eduardo Nabal

En la pasada “moción de censura” pudimos ver un filtreo casi servil de Pablo Iglesias hacia el principal partido de la oposición: el PSOE. Si nos hubieran hecho caso a los movimientos por la diversidad sexual, eso ya lo anunciamos cuando les vimos llevando la misma pancarta el primer 28 de junio, pero eso no parecía, a priori, señal de nada. “Igualdad real ya” era un lema tan vacuo como irresistible, que de nuevo nos situaba en un terreno impreciso en el que parecía que, también nosotras, debíamos pactar con el, por algunos, recién descubierto “Heteropatriarcado”.

El discurso amoroso de Pablo Iglesias hacia el PSOE, a diferencia del discurso amoroso que muchas veces los grupos LGTB de izquierda y hasta queer han lanzado a la izquierda y sus facciones, fue escuchado con atención y recogido con idéntico afecto

Hoy el Madrid de Carmena da miedo de puro normalizado y a la vez de lo poco real que es un World Pride con un montón de gente joven, también gente  LGTB viviendo en la precariedad y el futuro incierto, a pesar del esfuerzo de las plataformas antideshaucios.  El discurso amoroso de Pablo Iglesias hacia el PSOE, a diferencia del discurso amoroso que muchas veces los grupos LGTB de izquierda y hasta queer han lanzado a la izquierda y sus facciones, fue escuchado con atención y recogido con idéntico afecto. Claro está, al lado del servilismo de telonero de Rivera ante el PP o de la desfachatez de este último en boca de su portavoz, salido de la caverna de la corrupción y el neofranquismo más vejatorio, todo quedó hasta elegante y discreto. La apertura de la nueva portavoz fue brillante pero Irene Montero, a pesar de su hábil oratoria que tanto irritó a la caverna, no ha estado ni estará en las luchas más crudas de las feministas por el derecho al aborto en todo el mundo, de las lesbianas por la visibilidad, de los y las trans contra la violencia callejera, más que para salir en la foto.

No nos engañemos, aunque la socialdemocracia se vista de seda, socialdemocracia se queda.  Sin restarle mérito a su labor de fiscalización de un gobierno que nos avergüenza ante el resto del mundo, en los municipios donde son mayoría no están haciendo políticas de izquierdas. Y si no que se lo digan, no solo a las Plataformas del Orgullo Indignado que no tienen cabida en el World Pride madrileño, sino a los que luchan por su dignidad en varias capitales  de un reino decrepito que no se cansa de presumir de lo que carece.

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