Opinión | No lo han comprendido

Por Daniel Seijo

No lo han comprendido, esos jóvenes terroristas; los shaid, aquellos que dicen entregar su vida por un dios de odio inexistente, una construcción de la geopolítica, la cotización internacional del dólar y los deportivos de alta gama en garajes de una clase social muy ajena a la suya. Meros peones de un juego terrenal y grotescamente cruel como para llegar a ser obra de un Dios que pudiese amar a sus fieles. Se trata tan solo de un paso más en una vida que a nadie importa, un último movimiento para mantener a salvo al rey en esta partida.

Sin duda te habrán dicho que eres un mártir en nombre del islam, un elegido de Dios al que su bendición le acompañará más allá de la muerte, hasta el paraíso. Pero siento decirte que te han engañado, ellos son incapaces de hablar en nombre de ningún Dios y tú simplemente te encaminas hacia la muerte arrastrando contigo al mayor número de personas posible. Tu crimen, lo quieras o no, implicará a toda la comunidad musulmana, te odiarán por ello y llegaran a despreciarte, tenlo por seguro ¿Acaso qué podrían sentir por quién ha sembrado sobre su umma la sombra de la sospecha? ¿Por quién ha manchado el nombre de Dios con la vanidad de su fanatismo? Has contribuido a transformar su fe a ojos del mundo en violencia y terror. Ellos también llevan en su memoria el peso de Irak, Chechenia, Afganistán, Siria o Palestina, pero cada segundo de su vida lo han dedicado a la construcción de un mundo nuevo, ese mismo mundo que tú ahora te empeñas en destruir con la lógica opresora del invasor extranjero.  No hay sitio en el Corán para los hijos de Satán, ni para quienes se empeñan en segar vidas en lugar de sembrar paz.   Modernos “conquistadores del negro kalifato” que se empeñan en rememorar la grandeza pasada de Bagdad, Damasco, Córdoba o Toledo, mientras parecen dispuestos a olvidar las propias palabras del Corán, versículo 93 de la sura 4:

“Y quien mate a un creyente premeditadamente tendrá la gehena como retribución, eternamente. Dios se irritará con él, le maldecirá y le preparará un castigo terrible”

No nos engañemos más, ningún dios ha construido su reino con el mercadeo de petróleo, el tráfico de mujeres y armas o a bordo de un Toyota, por desgracia para todos, vuestra “revolución” suena demasiado a Hollywood, particularmente a una de esas malas películas patrocinadas por la CIA con las que intentar lavarle la cabeza a los futuros mártires de su propia nación, al fin y al cabo, el “rey” debe permanecer intacto por encima de todo en este juego. Sura 13, versículo 11:

“Dios no cambiará la condición de un pueblo mientras éste no cambie lo que en sí tiene”

Después de todo, no sois los primeros en traer la guerra santa a esta tierra, “cruzada” o “guerra de liberación” le llamaron quienes entonces, en el nombre de un dios, quién sabe si muy distinto o demasiado similar al vuestro, se dispusieron a arrebatarle la vida a miles de personas a golpe de fuego y fusil. Las violaciones, los paseillos, los campos de concentración o las décadas de desaparecidos en nuestra tierra, todo se justificó y se justifica todavía hoy en nombre de nuestros propios falsos profetas. Prelados y militares enviados por el dios de la guerra a reclamar su botín de sangre y duelo a nuestro país. La Guerra de España, 1936–1939, página 261:

“La guerra civil era un conflicto entre España y la anti-España, la religión y el ateísmo, la civilización cristiana y la barbarie.”

Cardenal Isidro Gomáarzobispo de Toledo y primado de España

No comprendieron nada entonces y tampoco lo comprenden ahora, fascistas acusando a toda una comunidad religiosa de terroristas y asesinos, mientras se empeñan por mantener los monumentos a sus mártires por dios y por España. Garrapatas del odio y la ignorancia que escondidos tras una pantalla o su grupo de matones, intentan cargar sobre toda una comunidad el peso del odio y la barbarie fruto de los actos de una célula terrorista. No lo permitiremos, no permitiremos que ni sus actos, ni los vuestros, levanten muros en barrios en donde cada mañana uno se levanta para intentar lograr un futuro mejor pese a la desigualdad galopante, el paro, la decadencia de la sanidad y la educación pública, la violencia en las calles, las drogas, el radicalismo y una sociedad que cada vez más busca únicamente el placer a través del consumo. Todo ello una dura jornada tras otra en un ciclo sin fin, en el que cada noche uno simplemente agradece a Dios por los suyos, por seguir vivo. Al-lāh, Yahveh, Brahmā, Buda…, diferentes nombres para unas mismas esperanzas, amenazadas por quienes ven en nuestra división su principal billete al paraíso.

No lo han entendido quienes culpan a los musulmanes de la barbarie terrorista, ni quienes ven en la inmolación de sus vidas una puerta a la gloria eterna. No lo entenderán tampoco aquellos que cuentan los segundos para vincular el independentismo con las víctimas de un cruel atentado

El desafío independentista en Cataluña, la eficacia de los bolardos, la coordinación entre cuerpos policiales o las declaraciones de algún alcalde o sacerdote iluminado en esta triste tierra que llamamos España, todo ello nos servirá para eludir la raíz del problema: su rey, nuestro rey, wahabitas  y capitalistas, dos nombres muy diferentes para denominar a una misma pieza del tablero. El cenit de nuestra opresión, el dolor de nuestros muertos, ellos seguirán negociando con el peso de nuestras vidas sus contratos armamentísticos, continuaran intercambiando mártires por petróleo, mientras el juego continua en Siria, Yemen, Paris, Londres o Barcelona, después de todo, el rey debe permanecer intacto.

No lo han entendido, pero tampoco lograrán hacerlo. No lo han entendido quienes culpan a los musulmanes de la barbarie terrorista, ni quienes ven en la inmolación de sus vidas una puerta a la gloria eterna. No lo entenderán tampoco aquellos que cuentan los segundos para vincular el independentismo con las víctimas de un cruel atentado, no han logrado entenderlo y lo peor de todo, es que tampoco quieren hacerlo. Exprimirán la rabia y el dolor de los muertos hasta que puedan encontrar nuevos chivos expiatorios, nuevas masacres y nuevos actos que continúen manteniendo al rey a salvo en el devenir de este cruel tablero.

¿Es el hombre sólo un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre?

Friedrich Nietzsche 

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