Opinión | Luz marchita

Por Jorge Moragón

Ayer tuve un sueño. Me pareció estar en medio de un cúmulo de escombros, apilados unos encima de otros, donde se podía visualizar los hierros oxidados sobresaliendo entre esos restos de lo que un día fue un edificio. Miraba a mi alrededor y el único coche que sostenía sobre las cuatro ruedas estaba en llamas, aunque no os imaginéis una gran hoguera, quedaba lo suficiente como para una pequeña llama.

– ¿Mamá que pasa? – Le dije atemorizado, tras ver el paisaje que había.

– Nada cariño, cierra los ojos y enseguida pasará el susto.

Cerré los ojos y me encontraba en mi cama totalmente desecha. Puede que me moviera mucho con esa pesadilla, no encontrar nada a mi alrededor… era muy duro. A raíz de esto, me quedé pensando y me pregunté: ¿Quién no ha tenido nunca miedo cuando era pequeño o se ha podido asustar alguna vez de la oscuridad? ¿Quién no sentía temor por las alturas, cuando eres una persona tan pequeña, que eres insignificante para el mundo?

Acto seguido, las ideas se esfumaron de mi mente e inconscientemente volví a dormirme. Involuntariamente o no, regresé al mismo lugar del sueño. Aún estaba aturdido, no sabía si eso era real o era otro sueño más. Por más que mirara, mi madre ya no estaba, pero no hice nada, era como si estuviese acostumbrado, pero… ¿a qué?

Sin parar a pensar, me puse a caminar, aunque no era capaz de recordar el lugar por donde estaba caminando. En el momento en el que me aparté de un bloque de escombros, logré visualizar una casa, podrían tener un teléfono, podría llamar a mi madre, pensé. Nada más entrar, únicamente pude observar un gran pasillo repleto de gente malherida.

Todavía no entiendo cómo, pero empecé a sangrar de forma repentina. Me tocaba con mi mano el pecho y veía como la sangre no paraba de salir. En ese momento, empecé a toser, también me salía  sangre de la boca…

– ¡Ayuda! – Grité, pero no había nadie para socorrerme, estaba solo, agonizando de dolor.

Me caí al suelo de golpe, aunque no lo noté, mi cuerpo me estaba empezando a fallar. Seguía con la mano en el pecho, pero ahora era capaz de tocar algo que se movía, aunque ese movimiento era cada vez más tenue, como el de una luz marchita. Pensé en que me había podido pasar para llegar a esta situación, pero automáticamente se escuchó el ruido de un avión, en ese momento, todo fue un conjunto de cadáveres rodeados de fuego. Ahí, también estaba yo.

Me volví a despertar. Pude observar como el corazón me iba a mil por hora, por lo que intenté calmarme. Apoyé mi espalda sobre la almohada y no sabía que pensar, ¿porqué había visto eso?

Ese mismo día, hice mi rutina diaria sin comentar nada con nadie, creía que era el típico sueño que consigue que pases una mala noche, nada más. Sobre las 3 del mediodía, me senté a comer y observaba las imágenes que sacaban en la televisión. Una ciudad en escombros, idéntica a la de mi sueño, salía en las noticias y todos se quedaban de forma pasiva viendo esas imágenes. En la siguiente noticia, salían los líderes políticos, con sus trajes, alardeando sobre buscar una solución al problema en oriente medio, pero claro, siempre después del festín de protocolo. ¿Pensaban reaccionar ante esta situación de alguna forma?

Después de ver, de forma incrédula, el pasotismo ante esta situación y el claro apoyo de una gran masa social, me quedé pensando, no podía ser que esto continuase así. Esas mismas personas, tenían miedo de los miles que huían de ese lugar.

Aún hay personas, que se dedican a cuestionar la posibilidad de que gente que abandona el más árido desierto, para buscar un rincón con algo de agua corriente y un techo donde dormir, sean una amenaza. ¿Qué pensarían los argentinos, de aquellos ‘gallegos’ que emigraron a su país? ¿También eran una amenaza?

Está claro que la cultura no es la misma, tampoco lo es la religión, ni el idioma, es más aquellos refugiados de la guerra civil, al menos tenían algún antecedente histórico, pero ¿ellos qué tienen? A mí me pareció estar en su situación durante unos minutos, y estaba totalmente atemorizado, ¿a qué podría aferrarse ese pueblo? Lo único que se me ocurre, a la esperanza. Cuando una persona abandona el lugar de donde proviene, no busca más. El ser humano lo único que quiere es vivir en paz, aunque por desgracia, parece que todos los partícipes que hacen que esto suceda, no sean humanos.

Parece mentira que con todo lo que ha sucedido a lo largo de la historia, tantas muertes que se podrían haber evitado, todavía sigan habiendo conflictos abiertos. Siria es solo la punta del iceberg. Los intereses creados en lugares estratégicos por los políticos de turno, están destruyendo poco a poco a la civilización. Cuando se quieran dar cuenta, ya no quedará nada.

Libertad, igualdad y fraternidad, tres pilares que parece que sólo sean un techo para unos cuantos. ¿Qué fue de aquel ‘Bienvenidos refugiados’ que colgaba prácticamente de todos los ayuntamientos españoles? Sinceramente, a mi me entristece la situación. Familias enteras viviendo en condiciones pésimas, sin agua corriente, sin luz, casi sin alimento necesario para estar sanos, y esa es otra, ¿qué les va a proteger de este ambiente tan gélido que hay instalado en Europa? Parece ser que la respuesta desde el viejo continente es siempre la misma, “si está en suelo griego, se ocupa Grecia”, con la boyante situación por la que pasa el pueblo heleno…

Los historiadores aseguran que estamos en la edad moderna y que la edad media terminó hace mucho tiempo, pero eso no parece ser así. ¿Sabéis qué se hacía con los enfermos mentales o que padecían la peste en el Medievo? Se les apartaba de la civilización, eran la vergüenza de la familia. No nos damos ni cuenta, pero sigue pasando lo mismo. Repudiamos a aquellos que puedan llevar consigo la nueva enfermedad, el yihadismo. ¿Son todos iguales?

Está claro que hay que tener controlada la situación y llevar de la mejor forma posible este trasvase de gente. Podrían traer alguna enfermedad consigo, no digo que no, pero con el tiempo que tardan en darles soluciones y agilidad en ese trámite, ya habrían fallecido la mayoría de los allí presentes.

El petróleo y el control de la zona parece ser más importante que la gente que vivía ahí. Ahora ves lo que queda y lo único en lo que piensas es en olvidarte de las imágenes, que cómo las experimentadas por mí en ese momento, son las que nos muestran los telediarios. Hacer como si nada hubiera sucedido, pero sigue pasando. Muertes y más muertes por una causa absurda que parece no tener fin. ¿Qué pasará cuando esa ‘enfermedad’ pase a ser una epidemia? No podemos aferrarnos a seguir contemplando un lienzo que tiene tantos colores mezclados, que hasta el sol es negro. No queda nada, solo escombros, pero siguen luchando y parece que no pararán hasta que esa pesadilla se haga realidad.

No nos vendan la moto de que están buscando soluciones para el problema. Con esa actitud que están llevando, no entiendo como todavía son capaces de mirarse al espejo sin que nada les afecte. Tienen las manos manchadas de sangre y ni siquiera se molestan en limpiárselas. Las exhiben como si nada en cada discurso que dan, en cada sobre que recogen. El poder pasó de los monarcas, a los políticos, pero continuamos en la Edad Media, por mucho que se empeñen en hacernos creer lo contrario. Muchas promesas al pueblo y al mundo entero, pero los pantalones se les caen por la cantidad de papel de color que llevan en los bolsillos.

Ahora, me centro en lo que nos diría una madre, que cerremos los ojos para olvidarnos de todo. Quizás sea la mejor forma que tienen de evadirse de lo que les sucede, haga más suave el dolor que puedan tener o simplemente les transporte al lugar donde están ahora todos los caídos, pero, ¿nosotros porqué cerramos también los ojos? Es el momento de abrirlos como platos, necesitan ayuda y no todos tienen la misma enfermedad. No esperemos a que el sueño, se haga realidad.

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