Opinión | Los aplausos populares a la estupidez socialista

Por Luis Aneiros, ilustración de Bezerradas Nocturnas

Cuando echo la vista atrás, y rescato imágenes de mis catorce a diecinueve años, inevitablemente me llegan escenas protagonizadas por rostros que representaban aquello de lo que tanto se hablaba: cambio, progreso, modernidad, democracia… El pueblo asaltaba el cielo aunque no lo dijera en voz alta. La esperanza se reflejaba en los puños en alto de Felipe González y Alfonso Guerra, en Tierno Galván y su “al loro”, o en Javier Solana diciendo que prefería a Alaska antes que a Mozart. Aquello era la izquierda, lo nuevo, el riesgo… Aquello era el Partido Socialista Obrero Español, una nueva versión de la España que, para escapar del fantasma de la dictadura, daba un paso adelante y se atrevía a espantar los demonios con los que todos habíamos crecido.

Hoy, a mis cincuenta y demasiados, no espero de nadie perfección ni pureza ideológica, y menos de un conjunto de seres humanos tan complejo como el que conforma un partido político. Pero existe un concepto que creo que nunca se debe de olvidar y que, a día de hoy, no es muy habitual en la vida política española: respeto. En el PSOE de 2017 todavía militan miles de españoles que llevan en su sangre el socialismo de verdad, el de antes de FILESA o Juan Guerra, el del republicanismo frente a la monarquía franquista, el de los derechos de los ciudadanos antes que los derechos de la élite política. Y a ese conjunto de socialistas de verdad no se le respeta desde la cúpula de su partido.

Y cuando la posibilidad de un verdadero protagonismo popular se hace cada día más real, los soldados del sistema se unen y, por encima de las diferencias ideológicas, levantan barricadas parlamentarias o legales para devolver cada cosa a lo que ellos creen que es su sitio

Asistimos estos días al espectáculo más triste que se puede dar en política. Nada peor que un duelo a muerte entre dos facciones, dos personas al fin y al cabo, de un mismo partido. La discrepancia es la mejor terapia para solventar uno de los mayores problemas de nuestros políticos: la posesión de la verdad absoluta. Cuando un líder habla y todos aplauden, alguien sale perdiendo. Cuando se discute se busca el entendimiento, y en esa búsqueda todos ganan. La izquierda debe demostrar que un nombre no es un partido, que una palabra no es una ideología. Pero el PSOE ha dejado de ser izquierda cuando se le han abierto las puertas a los consejos de administración. El PSOE debe, y cuando debes tienes que pagar. Hoy en día, el Partido Socialista Obrero Español es una empresa, no un partido. Ya no se buscan soluciones a los problemas del pueblo, sino privilegios y soluciones personales para sus dirigentes. La España de Francisco Franco Bahamonde construyó un andamio al que no han dejado de subirse ni desde el PSOE ni desde el PP cuando se han puesto el “casco” de gobernantes.

Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López son tan sólo la demostración de lo que es un partido cuando deja de ser un partido y se convierte en una ruleta rusa. Pase lo que pase, el PSOE saldrá perdiendo. Y si el PSOE pierde, todos perdemos. “Susanistas” o “Sanchistas” no reflejan diferentes pensamientos, sino diferentes intereses personales. ¿Dónde está el socialismo en el arrodillamiento del PSOE actual? ¿Dónde está la izquierda de un Pedro Sánchez que pacta con Ciudadanos y espera de Podemos que acepte un programa de derechas?

Las primarias no serán la solución, terminen como terminen, sino que acentuarán el problema. No se trata de que el PSOE elija líder, sino de que se defina ideológicamente. Pero para definirse ideológicamente hay que tener una ideología previa, y eso no existe en ninguna de las distintas corrientes que acuden a esas primarias. “Perdedor” frente a “soberbia” no son proyectos, son venganza y miedo. El PSOE ha dado los pasos necesarios para su hundimiento como alternativa y, lo que es peor, como ayuda para el tan necesario cambio político y social que necesita nuestro país.

El PSOE ya sólo es útil al PP. En un tiempo en el que las mayorías absolutas se contemplan como figuras del pasado, el partido más votado aplaude cada estupidez que cometen los demás. Y cuando la posibilidad de un verdadero protagonismo popular se hace cada día más real, los soldados del sistema se unen y, por encima de las diferencias ideológicas, levantan barricadas parlamentarias o legales para devolver cada cosa a lo que ellos creen que es su sitio. Eso es Susana Díaz. Eso es Pedro Sánchez. Eso es Patxi López. No quieren un nuevo reparto del pastel, sólo quieren SU trozo del pastel.

Mientras tanto, la moción de censura planteada por Podemos recibe el rechazo del PSOE, desde cualquiera de sus facciones. Dentro del partido no parece haber ninguna corriente que apoye abiertamente dicha moción. ¿Nadie en el PSOE cree necesaria y urgente una moción de censura al gobierno formado por el partido más corrupto de la democracia europea? ¿Ya no queda izquierda en el PSOE? ¿Ya no hay socialismo en el PSOE? ¿O ya no importa ni la S ni la O ni la E? Un obrero socialista español no quiere un gobierno del PP. Un miembro de un partido, seguramente si.

3 thoughts on “Opinión | Los aplausos populares a la estupidez socialista

  • 18/05/2017 at 6:15 pm
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    Gracias por compartirlo, es verdad todo lo que dices, gracias por tu generosidad. Me da tristeza lo que se ha vuelto el psoe, fui soñadora con la Democracia y me ha resultado una mentira. Solo existe para ellos el valor del $ los valores humanos no los valoran y en este gran problema que tenemos la HUMILDAD puede poner las cosas en su sitio!!!!!!!!!!!

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  • 08/05/2017 at 3:55 pm
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    Es lo que el PSOE está haciendo desde el mismo día en el que se nombró a Pedro Sánchez secretario general del partido. La pérdida de identidad de las bases ideológicas de un partido supone siempre su suicidio, a un plazo más o menos largo. De ahí que los partidos más volátiles sean los de la izquierda, ya que tienen una ideología a la que renunciar cuando sus dirigentes aspiran a metas personales, véase Felipe González en España o Tsipras en Grecia. La derecha carece de más ideología que la acumulación de riquezas en sus cuentas personales, y eso nunca cambia. A quien une el dinero no lo separa ni dios, eso está claro. Y los partidos liberales, con sus altibajos, se mantienen siempre en la cúspide y van teniendo un montante de votantes casi fijos, gracias al despliegue de su armamento electoral.

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