Opinión | La confianza de Rajoy en la oposición

Por Luis Aneiros

Asisto fascinado estos días al espectáculo pre-Presupuestos del Estado. Siempre me ha parecido un gran ejercicio de “magia-teatro-circo-peliporno” que demuestra la volatilidad de nuestros votos, y que constata la ligereza con la que se manejan conceptos como voluntad popular o coherencia política. Al igual que la sesión de investidura, los Presupuestos Generales del Estado  demuestran que la ideología y los proyectos están sólo en las cabezas de los ciudadanos, y que los responsables de decisiones tan importantes miden sus actos con otros raseros menos altruistas.

El Partido Popular ha conseguido el voto decisivo de Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, para llevar adelante unos presupuestos que, a priori, no se le presentaban nada fáciles. Si nos dejamos llevar por la lógica política (si eso existe), todos aquellos partidos que dedicaron ingentes esfuerzos durante las campañas electorales a convencernos de que tumbarían un gobierno del PP siempre que fuera posible, deberían de intentar un acuerdo para formar un gobierno alternativo que sacara a España de la situación vergonzosa en la que se encuentra. ¿Qué partido no afirmó su voluntad de, en todo o en parte, derogar la LOMCE, la Ley Mordaza o la reforma laboral? ¿Cuántos no se ofrecieron como garantía de lucha contra la corrupción y nos afirmaron que, si de su apoyo dependiera, Mariano Rajoy no sería presidente del gobierno mientras se sucedieran, como se suceden, los casos de políticos populares involucrados en delitos económicos o de venta de favores? Pues llegado el momento, como se podría esperar, cada promesa y cada golpe de pecho terminaron en los retretes del Congreso. Quienes realmente pueden hacer algo esconden sus manos, en las que sólo llevan piedras destinadas a la única oferta sólida de cambio.

Podemos es el enemigo a batir, para el PSOE por una cuestión de espacio electoral, y para Ciudadanos por su papel de perro guardián de los intereses mercantiles de quienes nos han traído hasta aquí

Y no critico a Pedro Quevedo ni a Nueva Canarias. Han puesto en venta su voto, y lo han vendido a un precio que estimo acorde con su posición, tanto en el Parlamento como ante su ciudadanía. Es un voto. Es decisivo. Y los canarios sacarán provecho. Lo mismo que los vascos gracias al acuerdo con el PNV. No seamos hipócritas, la labor de los partidos nacionalistas no independentistas es lograr sacar al gobierno central lo máximo posible. Y el PNV no es un partido que se caractericen por su tendencia a la izquierda, precisamente. Y ya ha dado probadas muestras de sus intenciones a lo largo de nuestra historia, arrimándose a quién se sentaba en la Moncloa y llevando a sus votantes resultados contantes y sonantes. Y Nueva Canaria es sólo el primo coloradito de Coalición Canaria. Foro Asturias, Coalición Canaria o UPN se limitan a cumplir con su papel de satélites eternos del PP.

Pero… ¿qué ocurre con Ciudadanos y el PSOE? ¿Dónde van sus promesas, sus compromisos, sus garantías anticorrupción, por las libertades y la democracia? ¿Qué ganamos los españoles con la venta de sus votos de apoyo o su abstención? Y nada más lejos de mi inocencia que esperar a que acepten sin más una moción de censura presentada por Podemos, ya que hay que ser muy de otro planeta para esperar que los intereses de España estén por encima de los electorales y de los problemas internos de cada partido. Podemos es el enemigo a batir, para el PSOE por una cuestión de espacio electoral, y para Ciudadanos por su papel de perro guardián de los intereses mercantiles de quienes nos han traído hasta aquí. Pero, ante esta situación, la postura socialista es, con casi total seguridad, la de abstenerse. Otra vez, sí. Una nueva abstención, pero esta vez de la mano de quien prometió ser la izquierda para ganar las primarias de su partido.

Dos ocasiones de oro para poner las cartas sobre la mesa. Una moción de censura al gobierno más antidemocrático que jamás hemos tenido, muy a pesar de Aznar, y unos presupuestos generales que, de no contar con Ciudadanos, no saldrían adelante. Ya tenemos foto de carnet del PSOE y de los muchachos de Albert Rivera. Ya sabemos que la regeneración que traía en su mochila de progre Sánchez se queda en el brillo de su dentadura y en sus patillas perfectamente recortadas. Y a quienes esperan una moción de censura presentada por el PSOE en otoño, sólo decirles que de aquí a setiembre los socialistas encontrarán muchos motivos en forma de encuesta para que esa posibilidad no cuaje.

Y si no… al tiempo.

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