Opinión | Imbecilidad culinaria

Por Carmen Sereno | Ilustración de Bezerradas Nocturnas

“Los chefs deberíamos cobrar derechos de autor por cada plato que diseñamos”. Es la última estupidez que ha salido de la boca de uno de estos cocineros de la nueva ola que tanto han proliferado en nuestro país en los últimos tiempos. Me estoy refiriendo, naturalmente, a los conocidos como “chefs mediáticos”, o lo que es lo mismo, los que se pasan más tiempo bajo los focos de un plató de televisión que entre fogones. O los que nos deleitan -nótese la ironía- cada 23 de abril con un nuevo libro de cocina, ya sea alta, rápida o para torpes, porque el caso es estar ahí, entre Javier Cercas y Lorenzo Silva. Sí, los mismos que se erigen en jueces y verdugos de un concepto tan puramente subjetivo como es el gusto y sobre el que nadie -ni siquiera un tío al que otro tío ha colocado en una cosa llamada Guía Michelin- tiene la verdad absoluta.

Lo preocupante es lo que subyace bajo la estela de arrogancia y superioridad que envuelve a muchos de estos personajillos que se hacen llamar a sí mismos artistas, cuando deberían llamarse empresarios. Por no decir negreros

Llevo tiempo diciéndolo: España es un país que va de burbuja en burbuja. Primero, la inmobiliaria. Luego, la turística. Ahora, nos invade la culinaria (¿cuál será la próxima? ¿La de los Youtubers?). Y esta última es, cuando menos, preocupante. Y no lo digo porque hayamos llegado a un extremo en el que pareciera que el sueño de la gran mayoría de compatriotas es llegar a ser el amo y señor de las algas y el nitrógeno, a juzgar por la cantidad de talents-realities de cocina que inundan la parrilla televisiva. Eso, más bien, me la trae al pairo, porque al final pasará, como acaban pasando todas las modas, le pese a quien le pese. Lo preocupante es lo que subyace bajo la estela de arrogancia y superioridad que envuelve a muchos de estos personajillos que se hacen llamar a sí mismos artistas, cuando deberían llamarse empresarios. Por no decir negreros.

La semana pasada, Jordi Cruz -para los que no estéis familiarizados con el nombre, un pesado de estos de la comida minimalista, que lo mismo te hace una deconstrucción a la inversa de huevo de codorniz, que te sale en la portada de Men’s Health enseñando pectorales, o te anuncia el Pharmaton Complex que tanta falta le hace a él para soportar esas durísimas jornadas de trabajo- prendió la mecha cuando afirmó que, si no fuera por los becarios que tiene en plantilla, su restaurante no podría tirar para adelante. Becarios a los que no se molesta en pagar porque, total, para qué, si en realidad son unos privilegiados. Porque claro, cualquier aprendiz de cocinero que se precie sueña con pasarse 18 horas al día soportando la imbecilidad culinaria de un egocéntrico que se cree que ha inventado la penicilina sin cobrar un duro sólo por poder llevar en su currículum, cual insignia militar, que ha sido stagier en un restaurante de 200 euros el menú. Personalmente, me indigna, pero no me sorprende. ¿Acaso no es este el modelo productivo por el que se empeñan en apostar los empresarios y políticos de nuestro país? Trabajo precario, ni más ni menos. Y la hostelería no deja de ser un espejo en el que nos hemos de ver forzosamente reflejados el resto de sectores: Medios de comunicación, editoriales, telecomunicaciones… Por desgracia, en España lo de trabajar sin cobrar se lleva mucho, tengas la edad que tengas y te dediques a lo que te dediques. Por algo somos el país de la zona euro donde más han crecido los contratos de formación en plena crisis. Ojo, que el dato es muy grave.

Lo jodido, lo verdaderamente jodido, es que ese discurso tan de la CEOE (¿Os acordáis de aquello de Trabajar más, para ganar menos?) con el que parecen sentirse muy cómodos no sólo ciertos cocineros, sino toda la patronal en bloque, ha acabado moldeando la forma de entender y aceptar el mercado laboral de nuestra sociedad. ¿Cuántas veces hemos tenido que oír eso de “Mejor un trabajo de mierda que nada”? A montones. ¿Y cuántas salimos a la calle a reivindicar que no queremos ser sólo un país de camareros que se contratan en Semana Santa para los chiringuitos de playa de Benidorm? A mí no se me ocurren muchas. ¿Y a vosotros?

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