Opinión | Berlín, Avenida del Führer, 10/03/2017

Por Luis Aneiros, ilustración de El Koko

Alemania, 10 de marzo de 2017. Por una cuestión de forma, el partido de Angela Merkel consigue que un juez ordene el cambio de nombre de una calle de Berlín, llamada hasta ahora Calle de la Libertad, y que pasará a llamarse Calle de las SS, como se la conocía durante el mandato de Adolf Hitler y el imperio del nazismo. Por el mismo motivo, otras calles deberán cambiar sus nombres, y sus habitantes podrán afirmar orgullosos que viven en la Calle Rudolph Hess, la Plaza Leibstandarte Adolf Hitler, o la Avenida del Führer. La CDU, partido conservador alemán, considera importante y, sobre todo, acorde a las necesidades sociales y culturales de la población, que los nombres de las calles y plazas vuelvan a sus orígenes nazis, ya que pertenecen a un período de la historia del país que no se puede ignorar y que, pese a quien pese, ha dejado una imborrable huella en su carácter como nación. Es por eso que no podía pasar por alto los errores formales que se habían producido durante los cambios de nombres en los últimos años.

Somos muchos los que consideramos que Merkel y sus compañeros de partido representan un neoliberalismo usurero y un modo de entender la política europea excesivamente ligado a los intereses económicos más ocultos y negros, por encima de las necesidades de la población europea, y la alemana incluso… Pero jamás podríamos creernos la anterior crónica. Estoy absolutamente convencido de que nadie en España, ni en ningún otro país europeo, podría leer o escuchar el apoyo de la CDU alemana a la vuelta de los emblemas y nomenclaturas nazis sin pensar que se trata de una broma del día de los Santos Inocentes.

“Vuelven las calles franquistas a Alicante gracias al Partido Popular. El ayuntamiento, dirigido por un tripartito del PSPV-PSOE, Guanyar y Compromís, ha repuesto este viernes la plaza dedicada a la División Azul, en lugar de la actual de Igualdad, para acatar un auto judicial que invalida la reciente sustitución en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. El recurso ante la Justicia fue presentado por el Partido Popular, que esgrimió que el tripartito no cumplió con todos los procedimientos legales y requisitos que marca la Ley en la retirada del callejero franquista”. (Diario Público.es, 10 de marzo de 2017). Esta sí es una noticia real, y no es tan sólo una anécdota o algo que deberíamos pasar por alto, sino que es otra muestra más de lo que se puede esperar del Partido Popular, sus dirigentes y sus votantes.

Sus nada disimuladas simpatías hacia todo lo que huela a franquismo, a España rancia, machista y atrasada… los convierten en un estorbo democrático, una verdadera enfermedad que, de no erradicarse a la mayor brevedad, terminará por convertir este país en un cadáver del que nos avergonzaremos por su olor a caspa y naftalina

Están crecidos y son peligrosos. Semana a semana comprueban cómo no se cuestiona su lugar en lo más alto, a pesar de las informaciones  diarias sobre los cada vez más escandalosos casos de corrupción que ha conocido Europa. Sus nada disimuladas simpatías hacia todo lo que huela a franquismo, a España rancia, machista y atrasada; sus negativas a la restitución del buen nombre de tantos represaliados políticos, y al descanso de sus restos donde las familias puedan honrar su memoria dignamente; sus faltas del más mínimo sentido del respeto hacia las instituciones democráticas, con las que juegan a un extraño ajedrez lleno de reyes y reinas azules, mientras que en el otro bando sólo ven peones rojos de los que se pueden burlar porque para eso son los vencedores; su chulería de barra americana, reconociendo que firman acuerdos con otros partidos que nunca pensaban cumplir, y consolándose a micro abierto de que “menos mal que estoy bien pagado” cuando tienen que dar explicaciones de su trabajo… Todo eso y mucho más los convierten en un estorbo democrático, una verdadera enfermedad que, de no erradicarse a la mayor brevedad, terminará por convertir este país en un cadáver del que nos avergonzaremos por su olor a caspa y naftalina.

A decir de las encuestas, el voto al PP es el miedo a la izquierda. Hemos tenido 40 años de gobierno de una dictadura católico-militar que convirtió a España en el hermano pequeño que heredaba la ropa raída de los demás países. Y ahora, casi 80 años después, a quien tememos es a la izquierda que pudo haber cobrado 1200 euros al mes de trabajos en la universidad, o pudo haber vendido un piso de protección oficial por encima de su valor legal.

El PP podría haber mirado hacia otro lado cuando detectó simples errores de forma en el cambio de nombre de una plaza que se llamaba hasta hoy “de la Igualdad”. Pero lo consideró demasiado importante, ya que es inadmisible que un sitio se llame “de la Igualdad”, cuando lo más conveniente es que se llame “de la División Azul”. Y es verdad, todos sabemos que el Partido Popular es más de la División Azul que de la igualdad.

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