Opinión | A mí también

Por Carmen Sereno

A mí también me han discriminado por ser mujer.

También me han preguntado si pensaba tener hijos en una entrevista de trabajo.

O me han contratado por un sueldo más bajo que a otro compañero que hiciera lo mismo.

O me han excluido de alguna reunión. ¿Lo entiendes, verdad guapa? Es que ya somos muchos en la sala.

A mí también me han dicho que tengo suerte de que mi marido me ayude en casa. Como si él pasara por allí. Como si mi hogar no fuera su hogar también, con todos los derechos y obligaciones que ello implica.

También me han aconsejado que nunca le diga que no porque si no, rapidito se busca a otra que le caliente la cama. Como si el sexo fuera un deber y no un momento de intimidad suprema entre dos personas que se desean.

A mí también me han venido con eso de que las mujeres somos el sexo débil. La falacia más grande de la historia.

O que el amor duele. Otra mentira tolerada.

También me han hecho esa bromita tan recurrente pero no por ello menos ridícula. Uy, qué cara de mala leche traes. ¿Qué te pasa? ¿Que te ha venido la regla? Como si ellos supieran/entendieran/pudieran hacerse a la idea del desbarajuste hormonal al que nos vemos sometidas cada mes de nuestra vida.

O me han contado chistes machistas de los que me he tenido que reír, no vaya a ser.

O me han tratado como si fuera una inútil. Tú no sabes lo que es un fuera de juego. Tú no sabes cambiar una rueda. Tú no sabes de política. Tú no sabes. Tú no. Tú. A la cocina. A fregar. A hacer encaje de bolillo. A ver Sálvame.

A mí también me han registrado el correo electrónico.

También me han dicho cómo me tengo que vestir.

También me han amenazado con darme de hostias.

También me han mandado callar y obedecer.

Igual que a ti, que estás leyendo estas líneas. Y a ti. Y a ti. Porque siempre tiene que aparecer en nuestras vidas algún hijo de puta acomplejado y cobarde que nos maltrate.

Que nos haga sentir pequeñas.

Maleables.

El sexo débil.

A mí también me han intimidado en algún callejón oscuro.

Y también se me ha pasado por la cabeza pensar que la culpa es mía. Que a quién se le ocurre andar sola por la calle a esas horas de la noche. Que claro, luego pasa lo que pasa. Y con esa falda tan corta. Si es que vas provocando.

Yo es que a veces también soy un poco machista.

También me han llamado zorra, puta, calientapollas, estrecha, frígida.

Y me han engañado. Me han dicho que me querían cuando en realidad me estaban usando como a un objeto. Como si necesitara que me edulcoraran las verdades, no vaya a ser que, como soy del sexo débil, no sea capaz de lidiar con ellas.

A mí también me ha dado vergüenza escuchar a hombres que se defienden de no sé qué cada vez que se habla de violencia de género. No es que vosotras. No es que las denuncias falsas.

A algunos hasta se les calienta la boca. Dos hostias bien dadas y verás cómo te respeta la parienta.

No se dan cuenta de que la violencia de género es una jodida forma de terrorismo.

A mí también me han soltado a la cara que el feminismo es otro tipo de machismo y se han quedado tan anchos.

O que todas las feministas son lesbianas.

Que todas las lesbianas son marimachos.

Y que las marimachos no son mujeres. Bueno sí, pero que quieren ser hombres y por eso se follan a sus mujeres con vibradores en forma de polla enorme. Claro, claro.

Y también me han hecho creer que la feminidad no es más que una ridícula pose.

Que si eres mujer, tienes que ser guapa.

Y tener un cuerpo de medidas insostenibles.

Los dientes y el pelo de una estrella de Hollywood.

La piel más tersa del mundo.

Y pasar hambre, que no hay nada menos femenino que una mujer tragona.

Que si no, no vales nada.

Aunque con los años he ido comprendiendo que no. Que la feminidad no entiende de corsés.

Porque no hay nada más femenino que la diversidad.

Ni nada más diverso que la feminidad.

A mí también me han obligado a escoger alguna vez.

También me han hecho sentir que no era libre.

Y cada vez que han insultado, agredido, violado o asesinado a una mujer por el simple hecho de serlo se han llevado un trozo de mí también.

Porque podría ser yo.

Sólo porque soy mujer.

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