Cine | Mommy y el cine de Dolan

Por Eduardo Nabal

“ON NE CHANGE PAS”: DOLAN SE ENFRENTA A LA INSTITUCIÓN FAMILIAR

“Hace falta conservar algo de caos interior para dar a luz a una estrella danzarina”

Frederick Nietzsche “Así hablo Zaratustra”

Según Bruce LaBruce “Los EEUU son el vecino ruidoso que Canadá tiene que soportar. El vecino ricachón. Al menos hasta hace unos años Canadá estaba alienado con los valores democráticos y hasta cuasi- socialistas de la Europa del Norte”. Una generación posterior a Cronenberg y una anterior a Xavi Dolan, LaBruce hace un cine poco convencional, iconoclasta y provocador, redefiniendo géneros como la pornografía o el post-porno, el gore, el cine político -heredero de gente como Godard, Anger o Derek Jarman-  o la comedia satírica de enredo sexual.   Pero el que realmente está, en estos momentos,  en boca de todos y luciéndose en festivales, para bien o para mal, es Xavier Dolan un director, guionista y actor extremadamente joven, visualmente imaginativo, muy desigual hasta la fecha y extremadamente prometedor que ha sorprendido por el atrevimiento formal de sus propuestas.

“Mommy” es la penúltima y, seguramente, mejor película del ya mítico y controvertido   Dolan hasta el momento. El la ha definido como una reflexión sobre el papel de “la madre”, y la mujer,  en nuestra sociedad contemporánea pero su apuesta es más atrevida y se enfrenta a los dictados de la “normalidad” en un sentido muy amplio en el que los personajes chocan con extraña pasión, virulencia e ingenuidad contra muchos muros reales y simbólicos y también entre ellos, de diversas maneras.  Si el realizador de “Los amores imaginarios” hubiera nacido en España hubiera despertado mayores, más tempranas y sutiles envidias y ataques de los que ya ha despertado al dirigir y protagonizar sus propios filmes. El cine, la “máquina de juguete” de Welles le sirve al joven canadiense para exorcizar sus fantasmas personales, familiares y su lugar en una sociedad superflua y  heteropatriarcal como le sirvieron a Ozon para escandalizar un poco a la Francia conservadora, clasista, homófoba y profundamente racista de nuestros días.

En “Mommy” Dolan no aparece como actor (delegando sus funciones en un espléndido Antonine-Olivier Pilon que ya fue protagonista de su cortometraje y video-clip musical “Indochine”, sobre el bullyng homofóbico) y además pone su cámara al servicio de sus dos protagonistas (esplendidos ambos): La madre y el hijo, bien secundados por una vecina (Suzanne Dorval) en plena crisis laboral y matrimonial, estableciéndose una suerte de amorosa batalla campal. El joven se comporta de una manera irracional, disruptiva e impulsiva poniendo a la madre (que tampoco es muy racional) en situaciones terriblemente violentas, pero el realizador parece decirnos que detrás de tanta virulencia hay dos corazones grandes aunque demasiado peculiares.

“Mommy” es un filme narrativamente rico, valiente y, a ratos, barroco (con esos ralentíes y composiciones elaboradas que tanto gustan al realizador y que aquí no estorban mientras que en otros filmes anteriores suyos podían agobiar) pero sobre todo el director y guionista sabe que tiene que conseguir que sus intérpretes (Anne Dorval y Antoine-Oliver Piton como Diane, la madre, y el joven Steve, ambos inmensos) logren el más difícil todavía sin rozar el ridículo para que la película funcione en su plenitud, mezclando ingenuidad y crueldad, humor y ternura, amor y horror . Y lo consigue. Es posible que  el director de “Lawrence Anyways” todavía haga trampas visuales y argumentales, pero le salen bastante bien. Entre las trampas encontramos un final melodramático precedido por un periodo de asueto y comunión entre los protagonistas y algunos elementos de la trama poco desarrollados en aras del efectismo en la banda sonora. No obstante es su película más vigorosa desde un punto de vista estrictamente cinematográfico.

No obstante, estamos ante su película más incómoda, potente e iconoclasta aunque también más animada y más teñida de su colorido habitual que su sombría, inquietante y estilizada “Tom à la ferme”, y a su manera mucho mas sentimental, visceral, imprevisible, delirante y al final desesperanzada. Como en algunos filmes de Gregg Araki, Dolan nos presenta a un personaje masculino joven “que no acaba de encajar”, mezclando ironía, crueldad y ternura. Un filme cuya madurez, inteligencia y creatividad no se repitieron con su fría y engolada adaptación de la obra de teatro de Jean Lagarde “Just le fin du monde”, una decepción para sus seguidores, a pesar de contar con un gran reparto.

Es posible que la sensibilidad del mejor Dolan esté, en algunos aspectos, más cerca de “les enfants terribles” del cine francés y belga (Ozon, Baier, Ducastel) que de otros realizadores canadienses (Bruce LaBruce, David Cronenberg) que también levantan revuelo y se niegan a integrarse en la maquinaria industrial de sus vecinos estadounidenses, dando a sus últimos filmes,( “Gerontophilia,” “Maps to the stars”) casi siempre, un aire “extranjero” y un punto de vista “poco complaciente”. Como extranjero es el joven protagonista de “Mommy” incapaz de controlar sus impulsos pero que logra vivir un tiempo tormentoso y a la vez lleno de amor con su joven madre y conquistando el corazón de una vecina casada, profesora de universidad en horas bajas.
Recientemente el realizador ha sido acusado ya en su territorio de narcisista a lo que ha respondido con el mismo descaro que lo haría el bello protagonista hiperactivo, disruptivo  y border-line de su última película, la más sólida y la única en la que el fondo y la forma se equilibran.

Es un filme narrativamente rico, valiente y, a ratos, barroco; pero sobre todo el director y guionista saben que tiene que conseguir que sus intérpretes

Dolan se dio a conocer con su comedia negra y autoreferencial “J’ai tue ma merè” – con matices autobiográficos-  donde mostraba una juventud alienada y a la vez en transición  pero sobre todo una extraña comunicación-incomunicación entre diferentes generaciones. En ella el actor y director trataba por primera vez temas referentes a la diversidad sexual y amorosa en la juventud de su tiempo y coordenadas vitales o geográficas. La transexualidad será el eje argumental  de la valiente y colorista pero algo afectada y altisonante “Lawrence Anyways”, una nueva juventud brillará en la inteligente  “Les amours imaginaries” y en la mas sombría en “Tom à la ferme” se adentra en el thriller adaptando una obra de teatro sobre el duelo, la pérdida amorosa y la homofobia en pequeñas comunidades rurales, donde los secretos salen a la luz de forma indirecta o violenta.

En “Tom á la ferme”, narcisista o no, conseguía el mismo  una gran interpretación como Tom  en una obra de teatro bien filmada y difícil de sacar a flote sin estridencias, algo que no se ha repetido en su último filme, protagonizado por un inesperadamente frío, tristón y deslucido  Gaspar Uliell. En la intensa “Mommy” como en sus primeros filmes se sitúa en el terreno de la estridencia para acabar mostrándonos, de forma impúdica y hasta porno-melodramática, la frágil e inestable humanidad de sus criaturas. Es precisamente en la única película sin personajes homosexuales donde Dolan se acerca mas que nunca al cine queer y/o inconformista, poniendo un personaje marginal en un entorno bastante plano e incluyendo los mecanismos tradicionales de exclusión del diferente y la medicina o las fuerzas escolares como aliados de la policía de los regímenes de lo “normal” que se reafirman en la adolescencia y que se encuentran en cambio para mujeres de nuevas generaciones y jóvenes que se niegan a ser definidos. Dolan nuevamente toma elementos de que podemos considerar autobiográficos con otros que desde la extranjería sabe hacer suyo, como la soledad disimulada de esas dos mujeres que cuidan y se cuidan del joven Steve. También le gusta rozar el exceso y una misma secuencia, nuevamente en su cine, puede resultar divertida y/o desgarradora. Xavi, como, en mucho mayor grado, su joven protagonista, no tiene pelos en la lengua, pero para rodar su historia de forma tan fluida y brillante hay que tener mucho temple, nervio y seguridad narrativas.

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