Divulgación | Menos inglés y más castellano

Por Marta González @ClarissaBlair84

El inglés está de moda. Las mejores canciones de moda son en inglés, incluso las escritas por españoles, las camisetas tienen frases en este idioma, hay quien mezcla términos ingleses a medida que habla, la filología hispánica se ha convertido en un burdo circo plurilingüe -ni que fuera nuestra lengua, vamos a mezclar su estudio obligatoriamente con otras-, y vale más impartir una asignatura medio mal y en inglés que bien y sólo en castellano. Porque ahora tienes la opción de escoger, en diversos cursos, matemáticas en inglés, filosofía, conocimiento del medio… En fin. Que como la moda es la moda, y una lengua fácil sirve mejor para andar por el mundo que una más elaborada, a estudiar en inglés lo que no se sabe bien ni en castellano sólo. Porque preguntemos a quien va por la calle si recuerda tal teoría de tal filósofo, y seguramente no lo haga, pero espera a que lo haya estudiado en inglés, y quizás ya no sepa ni realmente, en algún momento de su vida, llegó a estudiar a ese filósofo. Cuando yo di matemáticas en inglés las clases eran mucho más lentas y avanzamos considerablemente menos que los demás grupos. Eso sí, repasamos los nombres de los números y aprendí que el símbolo “+” se pronuncia “plas”, por ejemplo. Luego tenía una asignatura de inglés, pero bueno, estuvo bien hacer esas matemáticas.

Diccionario

Que las camisetas lleven frases en inglés o no es algo que, con permiso, nos la refanfinfla, pero lo de las asignaturas debería chirriarnos un poquito más. Sobre todo ya no por el inglés, y maldito el sentido que tiene que ya no exista una filología hispánica pura, de nuestra lengua, que es nuestra, la de aquí, rica, inmensa, maravillosa, sino por otra cuestión: los españoles, en general, no sabemos hablar ni escribir correctamente en castellano. Y esto es una lacra, también para la profesorucha de inglés que luego te suelta con la boca bien abierta un sonoro “Hacerme el favor de estar callados”.

Los españoles no sabemos hablar nuestro idioma, ni escribirlo, y luego nos sentimos muy buenos padres al llevar a nuestros hijos a un colegio bilingüe o al ponerles películas en inglés, o lo que demonios hagan, sin importar que luego aprendan un farragoso idioma materno plagado de soberanas burradas. Pero claro, no puedes exigir mucho en un país donde te compras una edición de “Los Miserables” y el traductor, y el supervisor, y el entramado de personas que trabajen para sacar adelante esa edición, te la presentan en el mercado con cuestiones como “Habían bocas abiertas y bocas cerradas”.

La lengua castellana parece no aprenderse bien nunca. En el colegio encuentras faltas, lo cual es lógico, sobre todo cuando las maestras hablan peor que los niños que empiezan a escribir. Luego llega el instituto, y sigue habiendo faltas… Pasas la ESO, en bachillerato continúan, y entras en la universidad… Y siguen, siguen irremediablemente durante toda la vida. Porque en la universidad, centros de especialización en una disciplina concreta, lugares serios, adultos, profesionales, se encuentran situaciones que, la verdad, avergüenzan, y dan bastante pena. No saber hablar, ni escribir, es algo que verdaderamente supone una desgracia, a los extensos niveles que hoy se observan. Una alumna muy arreglada, muy participativa en clase, muy comprometida con la universidad y muy seria en sus responsabilidades, dice, sin pelos en la lengua, “Sentaros hacia delante que hay poca gente”. Y luego esa misma alumna, en concordancia con otros compañeros de la clase -gente que acaba ese mismo año su grado en Derecho-, muestra una presentación donde se van sucediendo multitud de faltas ortográficas, tan simples como ponerle una tilde a ese descarado “mas” en letras mayúsculas. Porque las mayúsculas también se tildan, al contrario de lo que una profesora de fagot me indicó una vez.

¿Realmente hay que tener una filología para usar correctamente nuestra lengua? ¿Realmente hay que disculpar al de Tecnología, que repite “fijaros” una y otra vez, porque su carrera fue otra?. Marta González.

Pero estoy hablando mucho de alumnos, y ahora creo que es el momento de centrarnos en el profesorado. Aquellas personas que se plantan delante de un público cambiante año tras año y empieza a contar lo que sea que deba contar. Y lo hace como si en su vida hubiera tocado un libro, o, desde luego, sin prestarles demasiada atención. (Claro que si los libros tienen perlas como la anteriormente referida, igual es mejor que no se acerquen a ellos). Al menos he de reconocer que ninguno de mis profesores de Lengua y Literatura Castellana -que están juntas, porque no hay suficiente lengua ni suficiente literatura como para llenar una asignatura sola, eso sí, Educación para la Ciudadanía y babosadas semejantes son muy útiles- ha hablado de manera incorrecta, y menos escrito. Pero, ¿realmente hay que tener una filología para usar correctamente nuestra lengua? ¿Realmente hay que disculpar al de Tecnología, que repite “fijaros” una y otra vez, porque su carrera fue otra? O las faltas de ortografía que te pone en los apuntes la mujer de cierta asignatura de Derecho instrumental, o que otro, ya de Derecho no instrumental, diga “Yo en castellano hablo perfectamente, pero perfectamente, y ahora, por cuestiones políticas, ¿voy a tener que dar la clase en gallego? Y fijaros que…”. Aunque estaba de acuerdo con su tesis, eso es un ridículo espantoso. Pero el hábito de coger un diccionario se ha perdido, si es que existió en algún momento, y también el hábito de darle a la lengua la importancia que verdaderamente tiene. Hablar y escribir bien no es una virtud, como dar las gracias cuando te hacen un favor. Sino que debería tratarse de algo habitual, y la excepción, aquél que cometa una falta ortográfica, sobre todo si ya hablamos de personas con estudios universitarios, con un nivel cultural que se presume elevado. Nuestra lengua es el bien más preciado que poseemos, el más importante y vasto patrimonio cultural, y es una responsabilidad y un deber protegerlo, cuidarlo, respetarlo. Al menos, que pongamos algo de empeño en no dañarlo como lo estamos haciendo, a todos los niveles. Porque tendrás todos los estudios superiores que quieras, un doctorado en biomedicina o un séquito de admiradores que esperan para escuchar tu conferencia sobre los sistemas jurídicos continental y anglosajón, jornadas en las que te desplazas a Inglaterra para dar clases y salas llenas de gente deseosas por escuchar tu virtuosidad al piano que, mientras no sepas hablar y escribir correctamente, no eres más que un lastimoso ignorante. Y que ello exista es terriblemente triste. Ojalá, poco a poco, todo esto vaya desapareciendo y no haiga nadie que suelte un fijaros cuando corresponda un fijaos. O, al menos, que esto nos rechine a la mayoría.

2 thoughts on “Divulgación | Menos inglés y más castellano

  • 04/04/2016 at 11:14 am
    Permalink

    Yo debo de ser una mala cabeza, porque estas faltas populares, aunque la mayor parte de las veces las identifico, a veces las pongo queriendo, como por solidaridad con el uso corriente y vulgar, o por reírme de ellas yo solo, o lo que digo, por hacer el mal. Ejem, no soy un ejemplo a seguir.

    Reply
    • 04/04/2016 at 6:44 pm
      Permalink

      Jajaja, desde luego, y así echamos una mano al inglés también! Aunque eso de la solidaridad igual lo estudio yo también, además, si no puedes con ellos…

      Reply

Deja un comentario

Uso de cookies

Nueva Revolución utiliza cookies, no podemos evitarlo. Al seguir navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies