“En Marruecos se folla mucho”

Por Adaia Teruel @adaia_teruel

Tengo una cita con Claire. Hemos quedado esta tarde en uno de los barrios periféricos de Tánger. Es un lugar de difícil acceso, donde es fácil perderse, así que decido dejar el coche en casa y coger un taxi. En cosa de veinte minutos nos encontramos los dos —el taxista y yo— cerca del lugar, pero completamente perdidos. Desorientados por completo, no paramos de dar vueltas, pasando una y otra vez por los mismos sitios. Calles. Callejones. Y callejuelas. A esta hora de la tarde, las terrazas de los cafés están llenas de hombres. Las aceras, hasta los topes de mujeres. Vendedores ambulantes ocupan las esquinas y en un portal, sentado a ras de suelo se ve a un ciego pidiendo limosna.

Marruecos. Una madre soltera sostiene a su hijo recién nacido en brazos. Foto: A.T

Aunque tengo la dirección bien escrita e incluso me he dibujado un pequeño mapa en lalibreta antes de salir, al taxista le cuesta orientarse. Yo ni lo intento. Él, resignado, para el vehículo y baja a preguntar a un par de transeúntes. Pero no. No hay manera. En menos de dos minutos, vuelve a subir refunfuñando.

—Viven aquí pero no saben ni los nombres de las calles… ¡Hay que ver!

En el barrio de Florencia —que es así como se llama el lugar— todas las calles tienen nombres de mártires del Islam. Nosotros buscamos a Stitou y, de momento, no tenemos suerte. Cuando ya hemos agotado todas las demás posibilidades, llamo a la Asociación 100% Mamans —mi destino—, y una de las voluntarias nos indica como llegar. Cinco minutos después el taxi me deja en la puerta y esa misma chica me da las buenas tardes.

Claire todavía no ha llegado. Así que la voluntaria me acompaña a ver a Rhimou, la responsable. Ella es la encargada de presentarme al personal y enseñarme las instalaciones. Rhimou me cuenta que empezaron su andadura en 2006 y, que desde entonces, han acogido a más de mil madres. Chicas jóvenes. Solteras. Y embarazadas. Repudiadas por sus familias. Marginadas por la sociedad.

En Marruecos las relaciones sexuales fuera del matrimonio están penadas por ley y castigadas con la cárcel. Aunque es raro que los jueces dicten sentencia, la estigmatización y el rechazo que sufren estas mujeres es su peor condena. Ser madre soltera es una deshonra.
A la chica se la considera una puta y al bebé, bastardo.

La Asociación 100% Mamans se gestó hace tiempo en la cabeza de Claire, que ideó un proyecto con la intención de ayudar a las madres y a sus hijos y que actualmente cuenta con tres locales. Rhimou y yo empezamos el tour por las oficinas. A parte de las más de treinta voluntarias, aquí trabajan dieciocho personas entre educadores, médicos, administrativos y otros profesionales. Justo en este momento una chica está impartiendo un curso sobre
sexualidad.

En la planta superior han montado una guardería. Tienen capacidad para cuarenta niños. Abren a las seis de la mañana y no cierran hasta las ocho de la noche. “Las madres necesitan trabajar para poder salir adelante y, sin marido ni ayuda familiar, es muy complicado conseguirlo. —dice Rhimou—. Aquí pueden dejar a sus hijos mientras ellas van a trabajar y recogerlo cuando salen del trabajo. Todo sin coste alguno”. Situado a tres o cuatro calles de distancia se encuentra el piso de acogida. Un lugar donde las chicas embarazadas pueden quedarse hasta que den a luz y se conviertan en personas autónomas. Ahora residen en él diez jóvenes. La mayoría analfabetas y menores de edad.

Cuando me ven entrar corren a darme la bienvenida. Recibo muchos besos. Todas quieren mostrarme a sus bebés. Ahora todavía lo desconozco pero una de ellas perderá a su hijo la próxima semana. Será un golpe duro para ella pero al menos ahora no está sola. “Esto no es una cárcel. Funciona como una gran casa familiar—. Me explica Rhimou. —Las madres se organizan entre ellas. Unas ayudan a las otras. Es importante que se responsabilicen y que
trabajen su autoestima, que suele estar muy dañada cuando llegan”.

Rhimou y yo dejamos a las chicas en el piso y andamos quince minutos hasta llegar al tercer local, donde se imparten los talleres y la formación profesional. “El objetivo es conseguir que las madres sean autónomas. Independientes. Que puedan hacerse cargo de su vida, sacar adelante a sus hijos y hacerlo de una forma honrada”. Me explica Rhimou de camino a las oficinas y ahora sí. Claire acaba de llegar. Es menuda, guapetona y desborda energía. Me saluda rápidamente y lo primero que hace es disculparse.

—Ahora no te puedo atender. Tengo una entrevista telefónica con Radio Nacional de España. Tendrás que esperar a que termine. Lo siento.

Mientras espero me fijo en su bolsa de mano. Lleva un texto escrito en francés. Traducido al español sería, más o menos: Hoy nada es imposible. La observo hablar por teléfono. No para de gesticular. En cada uno de sus movimientos se puede ver la pasión que siente por lo que hace. Termina. Vuelve a disculparse y nos sentamos en un rincón. Dispone de poco más de una hora, después tiene otra reunión con los demás miembros de la asociación. Así es
ella; siempre con prisas y citas pendientes.

Claire me cuenta que es francesa de origen español. Sus abuelos se refugiaron en Argelia durante la guerra. Allí nació su madre y, también allí, vivió hasta cumplir los veinte. Después se trasladó a Francia, que es donde dio a luz a Claire y donde ésta estudió derecho y se especializó en temas de derechos humanos.

AT: ¿Cómo se te ocurrió la idea de crear una asociación para madres solteras en Marruecos?
C: Con veinticinco años empecé a trabajar en Ceuta en un centro de acogida para menores. Estuve cinco años coordinado el proyecto y allí fui consciente de esta problemática. Me impactó mucho.
AT: ¿Por qué en Tánger?
C: Porque en el norte del país no había nada. Y me lancé a la aventura. Sin más. Sin saber lo que me esperaba.
AT: No te ha ido mal…
C: Sí. Desde que empezamos no hemos hecho más que crecer.
AT: Hace algunos años se aprobó el nuevo código de familia. ¿Ha mejorado la situación de las madres solteras con la nueva ley?
C: Ha permitido legitimar su situación. Ahora pueden registrar a sus hijos, cosa que antes era impensable. Aún y así no hay responsabilidad alguna para el padre o sea que queda mucho por hacer.
AT: Si el sexo fuera del matrimonio no está permitido e incluso puede ser motivo de cárcel ¿Cómo puede ser que haya tantas chicas solteras embarazadas?
C: Porque es como todo. Una contradicción. Mira, en Marruecos se folla mucho. Más de lo que la gente se cree. Aquí los ginecólogos ganan mucho dinero con dos cosas: los abortos clandestinos y las reconstrucciones de himen.
AT: (silencio).
C: Por eso nosotros trabajamos tanto en temas de educación. Vamos a los institutos, a las universidades. Organizamos charlas. Damos información. Incluso repartimos preservativos en las escuelas, eso sí, a la salida y de forma discreta, no sea que nos acusen de fomentar la prostitución.
AT: ¿Habéis tenido algún problema con el gobierno?
C: No. Ninguno. No nos ayudan pero tampoco nos impiden hacer nuestro trabajo, que ya es mucho.

Claire me cuenta muchas cosas. Charlando con ella te das cuenta que existe otro Marruecos. El que no sale en las guías turísticas. Claire me habla de asociaciones y personas que luchan para mejorar todas estas realidades escondidas bajo la superficie. Situaciones difíciles. Tristes. Todas son iniciativas personales. Llevadas a cabo por gente con muchas ganas y pocos recursos pero que están consiguiendo grandes logros; como ella.

 

 

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