Mariano Rajoy, un lobo con piel de cordero

Por Roberto Santos @nenedenadie | Ilustración de ElKoko 


Mariano Rajoy es ese hombre que en principio pasaría desaparecibido para todo el mundo, porque no hay nada en él que llame la atención o sea especialmente carismático y a priori tampoco parece el más inteligente de la manada. Pero ojo, porque Mariano no es para nada eso que proyecta, no es esa caricatura en la que se esconde y de la que todos nos reímos, y esa es justamente su estrategia para ir metiéndonosla doblada una y otra vez. Parece que todos pensamos que Rajoy es ese segundón al que le toco la lotería el día que Aznar los escogió para sucederle, pero ese segundón ha resistido derrotas electorales y ha enfrentado y vencido a gente con poder y/o carisma como Gallardón, Pedro Jota, Mayor Oreja, Esperanza Aguirre… Y ahí sigue, sin despeinarse.

A Don Rajoy parece que las cosas le vienen solas, quizás porque él mismo potencia esa imagen de pobre hombre guiado por las circunstancias y a merced de los caprichos del destino, que todo lo hace porque no tiene más remedio y al que la suerte le sonríe.

Pues no, ese no es el auténtico Mariano Rajoy. El auténtico Mariano es un lobo con piel de cordero, un hombre capaz de anteponer sus intereses personales y electorales a los del país que preside, cosa que hoy los hechos nos demuestran.

Tras la debacle socialista, que les ha llevado a una deriva impensable en un partido político a pocos meses de unas posibles nuevas elecciones, han decidido inmolarse y estallar por los aires, ante la mirada atónita de su militancia y de todos los españoles y ante un PP que desde que todo estalló no ha dejado de frotarse las manos.

La cosa ha llegado al punto de que hoy es el PP el que le pone las condiciones al PSOE para que se abstenga y le deje gobernar o asuma la responsabilidad de llevarnos a terceras elecciones, tras quedar descartada la opción de un gobierno del cambio, con Unidos Podemos y los nacionalistas.

En el PSOE ahora mismo hay varias almas, algunas, porque aún quedan algunas, de izquierdas, que ven con estupor la posibilidad de que su partido facilite un gobierno de Mariano Rajoy y que encima lo hagan aceptando la humillación en forma de condiciones del mismísimo Rajoy para que le dejen gobernar.

Hoy por hoy, haga lo que haga, el PSOE esta perdido. La ambición de Susana Díaz, las luchas de poder internas y las venganzas personales han destruido a un partido que lleva años sin saber leer la realidad social de un país en el lo han sido todo y que hoy les mira con rechazo y desaprobación.

Y mientras tanto ahí tenemos a Mariano Rajoy Brey , tan tranquilo, con esa imagen de señor al que todo le viene rodado, moviendo los hilos y manteniéndose al margen de las presiones de su partido a un PSOE moribundo, porque ahora hagan lo que hagan le beneficia y porque sabe que si presiona demasiado y vamos a terceras elecciones, saldrá beneficiado electoralmente y tendrá mucho más fácil la formación de un Gobierno para que nada cambie, pero también sabe que si se mantiene al margen el único responsable de esas terceras elecciones será el PSOE. El mismo que será responsable de que tengamos un Gobierno que continue con los recortes y las reformas estructurales que el señor Rajoy ya comenzó hace casi 5 años.

Gracias al PSOE, tenemos asegurados 4 años más de sufrimiento y de destrucción del ya mal herido Estado de Bienestar.

Lo único que nos queda, es que Unidos Podemos sea capaz de mostrar una unión clara dentro de las izquierdas para capitalizar el voto que sin duda huirá despavorido del PSOE, tras el triste espectáculo que han dado, y que sea capaz de tener la suficiente fuerza como para hacer frente al PP o incluso ganarle, que aunque parezca improbable no es imposible.

Y mientras todo esto pasa, Mariano seguirá en la Moncloa, riéndose de todos los que piensan que es un necio, sin darse cuenta de que es ese presidente del Gobierno que pidió un rescate millonario para los bancos, se fue al fútbol y consiguió que hablásemos más de eso que del rescate. Ese hombre que en su carrera política ha sido de todo: diputado, presidente de una Diputación, vicepresidente de un Gobierno autonómico, secretario de organización del PP, vicepresidente y presidente del PP, ministro de tres ministerios, vicepresidente del Gobierno y finalmente Presidente del Gobierno. No parece el curriculum de un imbécil y deberíamos de dejar de pensar que lo es. Lo que si es, es un político mediocre, pero un mediocre inteligente, un lobo con piel de cordero que ha sabido moverse y esperar el momento adecuado y al que por alguna razón el PSOE se lo ha vuelto a poner en bandeja.

Si queremos evitarnos el desastre, puede que la mejor opción sean unas terceras elecciones en las que la ciudadania pueda dar fuerza a Unidos Podemos para hacer frente a ese PP que hoy tiene todo a favor para alzarse nuevamente con el poder.

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