Literatura | Operaciones de falsa bandera

Por Carlos César Álvarez

En 2015 se produjeron varios ciberataques a sitios webs oficiales de países occidentales, como páginas del gobierno de Estados Unidos, de los servicios de inteligencia británicos MI5 y MI6 y diversos medios de comunicación. Los hackers se identificaban como miembros del llamado Ciber Califato de ISIS o Estado Islámico. Llegaron a extraer información de la base de datos del Departamento de Defensa y publicaron en la red los datos de varios cientos de militares estadounidenses destinados en Irak y Afganistán.

La NSA tomó cartas en el asunto y descubrió que el autor de los ataques era un joven británico, Junaid Hussain, que había abandonado su país para unirse al ISIS. Este individuo operaba desde un barrio de las afueras de Raqqa, en Siria. Los norteamericanos enviaron un dron no tripulado desde el que dispararon dos misiles Hellfire aniquilando a Hussain. Sin embargo, pocos días después se reanudaron los ataques a webs occidentales, aparentemente realizados por el mismo hacker al que acababan de matar. Algo raro estaba sucediendo. Los franceses, una de cuyas cadenas de TV había sido objeto de un ciberataque, rastrearon la red con más eficacia y descubrieron que detrás del supuesto Ciber Califato estaba el APT28, grupo ruso de especialistas en internet que oficiosamente recibía órdenes del Kremlin. Es decir, los ataques contra webs occidentales eran lo que se conoce como una operación de falsa bandera, organizada por los rusos para culpar a ISIS.

Este caso es uno de los que se recogen en el libro “Manipulando la historia. Operaciones de falsa bandera: del Maine al golpe de estado en Turquía” (Ed. Temas de Hoy, 2016), del que es autor Eric Frattini, periodista, vaticanista, corresponsal de guerra, aventurero, experto en terrorismo yihadista y, según las malas lenguas, agente del CNI, aunque esto no conste en su curriculum oficial. Frattini -poco sospechoso de ser un izquierdista o un antisistema- aborda el tema con rigor y desde una perspectiva crítica.

El origen de las operaciones de falsa bandera se encuentra en el ámbito naval. Antiguamente un buque podía izar un pabellón falso para poder acercarse al enemigo sin levantar sospechas y atacarlo por sorpresa. Tanto en mar como en tierra, el uso de este tipo de artimañas está aceptado y no se considera que vulnere el Derecho Internacional.

En la época contemporánea, la operación de falsa bandera más célebre es la voladura del acorazado estadounidense Maine en el puerto de La Habana, en la época en que Cuba era colonia española. El suceso se produjo el 15 de febrero de 1898, provocando la muerte de dos oficiales y doscientos sesenta y seis marinos. Aunque hubo numerosos indicios de que la explosión fue interna y no producto de una mina colocada en el exterior, como aseguró la prensa norteamericana, el incidente sirvió al gobierno de Estados Unidos para declarar la guerra a España y arrebatarle los restos de su viejo imperio. Hoy día sigue sin haberse aclarado la verdadera causa del hundimiento del Maine, pero una de las hipótesis más plausibles es que fue un atentado de falsa bandera llevado a cabo por los estadounidenses.7

Las operaciones de falsa bandera utilizadas como pretexto para iniciar una guerra han sido muy habituales. En 1939 un comando nazi disfrazado con uniformes polacos provocó incidentes fronterizos que permitieron a Hitler justificar la invasión de Polonia, originando la Segunda Guerra Mundial. El mismo año, Stalin aplicó una estrategia parecida para atacar a Finlandia. En ocasiones no es necesario realizar operación alguna, basta con no darse por enterado de las que está preparando el enemigo y dejarlo actuar. Ese fue el caso del ataque japonés a Pearl Harbor. Documentos desclasificados han demostrado que el presidente Roosevelt y sus asesores sabían que el general Tojo pensaba bombardear la flota de Estados Unidos, pero le dejaron actuar porque necesitaban poner a su favor a la opinión pública antes de entrar en guerra con Japón.

En otros casos las operaciones de falsa bandera tienen una finalidad exclusivamente política, como puede ser derrocar un gobierno o favorecer un golpe de estado. En 2013, la CIA reconoció que la operación Ajax, organizada en 1953 por la propia CIA y el MI6, tuvo como objetivo deponer al primer ministro iraní Mohamed Mossadeq, que era prosoviético. El método empleado fue la infiltración de agentes entre los grupos opuestos a Mossadeq, que movilizaron a unos pocos miles de manifestantes y sembraron el caos y la violencia en las calles para justificar la intervención militar. Cualquiera que esté al tanto de la situación política actual puede darse cuenta de que este método sigue siendo utilizado hoy día.

Aunque podría pensarse que las operaciones de falsa bandera son más propias de regímenes autoritarios, la verdad es que son más habituales en las democracias. Las dictaduras no necesitan el respaldo de su población a la hora de adoptar decisiones impopulares, mientras que los gobiernos democráticos buscan crear un clima favorable en la opinión pública.

La Red Gladio, creada por la CIA con el apoyo de la OTAN, actuó a partir de 1958 en varios países de Europa, especialmente en Italia, cometiendo atentados de los que se culpaba a la extrema izquierda. Las acciones eran llevadas a cabo en realidad por terroristas de extrema derecha. El objetivo era impedir la llegada al gobierno de partidos de izquierda y particularmente en Italia, del Partido Comunista. El atentado más grave tuvo lugar en 1980 en la Estación de Bolonia donde murieron ochenta y cinco personas. El secuestro y posterior asesinato en 1978 del político democristiano Aldo Moro, que pretendía pactar con los comunistas, se ha relacionado también con la Red Gladio.

Algunas operaciones se han identificado como de falsa bandera cuando al cabo del tiempo alguno de los agentes involucrados ha hablado. Otros casos han sido probados o se ha reconocido la verdadera autoría mediante documentos desclasificados de los servicios de inteligencia implicados. Frattini aporta en su libro varios de esos documentos. Sin embargo, por su propia naturaleza, son actividades cuya autoría es muy difícil de probar. En muchas ocasiones no hay pruebas que permitan afirmar con seguridad si una operación ha sido o no de falsa bandera. Uno de los casos de este tipo recogido en “Manipulando la historia” es el de la llamada operación Kryshia, serie de atentados cometidos en Rusia en 1999 y atribuidos a terroristas chechenos. Numerosos indicios permiten sospechar que tras ellos se encontraba el Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso, agencia heredera de la célebre KGB, que en esa época estaba dirigida por Vladimir Putin. La carrera ascendente de Putin es meteórica. En agosto de 1999 es nombrado primer ministro y desencadena la Segunda Guerra Chechena. En diciembre se convierte en presidente interino de Rusia, tras la dimisión de Boris Yeltsin, y en marzo de 2000 gana las elecciones a la presidencia. En 2002 se crea una comisión de investigación de los supuestos atentados chechenos y en los años siguientes muchos de sus miembros o de los testigos llamados a declarar mueren en extrañas circunstancias: Sergei Yushenko asesinado a tiros, Yuri Shchekochikhin envenenado con talio, Vladimir Romanovich atropellado por un vehículo que se da a la fuga, Otto Latsis al ser embestido su vehículo por un desconocido. Además el asesor Mikhail Trepashkin es detenido por agentes del FSB acusado de revelar secretos de estado y condenado a cuatro años de cárcel. Por último, el caso que más espacio ocupó en los medios, el del coronel Alexander Litvinenko, envenenado con plutonio. En Rusia, quien se opone a Putin tiene problemas muy serios. ¿Pruebas de la implicación del FSB? Ninguna.

             Documento del Parlamento Europeo sobre la Operación Gladio


Los que acabamos de comentar son algunos de los casos más conocidos de operaciones de falsa bandera que Eric Frattini describe con detalle en su libro, junto a otros, como los numerosos intentos de asesinato de Fidel Castro, el incidente de la Bahía Tonkin, que inició la Guerra de Vietnam, o los atentados con los que Ronald Reagan justificó el bombardeo de la Libia de Gadafi en 1986. “Manipulando la historia”, que recoge un total de veinticuatro casos de operaciones de falsa bandera, se cierra con el análisis del reciente autogolpe de estado dado en Turquía por Erdogan.

Hoy día, cuando intentan asustar a la población mediante ataques terroristas, conviene recordar las palabras del nazi Hermann Goering: “Con voz o sin voz, las personas siempre pueden ser dirigidas. Es fácil. Todo lo que tienes que hacer es decirles que están siendo atacados y denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y por poner al Estado en peligro. Funciona de la misma manera en cualquier país.”

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