Libertad de criminalización

Por Eme de Mister

Leo atónito como en España han ordenado prisión incondicional a dos titiriteros acusados de apología del terrorismo. Una apología que ni existe ni es real. Una apología que no es más que la excusa de la ideología dominante para perseguir a la disidencia. Para acallar voces incómodas. Para seguir violando a la democracia.

El viernes 5 de febrero se representó la obra La Bruja y Don Cristóbal de la compañía titiritera Títeres desde Abajo y que fue contratada por el Ayuntamiento de Madrid para el Carnaval de Tetuán. Dicha obra contiene grandes dosis de sátira. La misma que podemos encontrar en cualquier capítulo de ‘Padre de Familia’ o en el semanario Charlie Hebdo. También en la revista española El Jueves, cuyo número 1573 (18 de Julio de 2007) fue secuestrado por la Audiencia Nacional al considerar el juez Juan del Olmo que incurría en injurias a la corona al satirizar en portada la medida electoralista del “cheque-bebé” de Zapatero.

La sátira, entendida como género literario, no es más que la ridiculización de una persona y/o colectivo o la burla de determinadas situaciones. ‘El gran dictador’ de Charles Chaplin es una sátira a la Alemania nazi y a Adolf Hitler. ‘Padre de Familia’ y ‘Los Simpsons’ satirizan el conservadurismo e idiosincrasia estadounidense. La sátira apela a la ironía, al sarcasmo y a la burla para lograr la meta de expresar rechazo hacia aquello que ridiculiza. Lewis Carroll la usaba, Roald Dahl la usaba y Títeres desde Abajo también la usó.

La obra que representó la compañía titiritera, y como bien nos explica IU Tetuán en un comunicado, es “una obra del tipo Títere de Cachiporra, al estilo guiñol, un género en el que destacó Federico García Lorca y su Retablillo de Don Cristóbal, donde ya se narraba las vivencias de este personaje” y que en ella “se refleja la caza de brujas tradicional sufrida por determinadas personas a lo largo de la historia y cómo han sido objeto de criminalización, represión y difamación”. Es por eso que a la bruja, protagonista de la obra, le colocan el cartel que dice “Gora Alka-ETA”, para incriminarla y así elaborar la acusación. Algo parecido al Macarthismo de los años 50 en Hollywood.

Pero que de ninguna manera puede interpretarse como exaltación del terrorismo, porque ni “Gora Alka-ETA” significa Gora ETA ni significa nada. Tan sólo es un juego de palabras para situar el trasfondo de la obra en el contexto actual del uso de ETA y Al-Qaeda como arma arrojadiza hacia otras formaciones o colectivos. Dicha interpretación, la de exaltar el terrorismo etarra, solo es posible bajo el paraguas de la crucifixión insidiosa.

De “JeSuisCharlie” a Guillermo Zapata: El precedente de la crucifixión mediática.

El 07 de Enero de 2015 dos hombres enmascarados, armados con fusiles de asalto y al grito de «Al·lahu-àkbar» efectuaron 50 disparos asesinando a 12 personas en París. Los 2 hombres armados pertenecían a Al-Qaeda. La mayoría de los asesinados trabajaban en el semanario satírico Charlie Hebdo. Ese día París lloró, aún llora.

Europa entera se volcó con el pueblo francés, Juncker, Cameron, Merkel, Renzi, Putin, y hasta Nicolás Maduro, al otro lado del charco, condenó el ataque terrorista. 3,7 millones de personas salieron a manifestarse en las calles de Francia. La prensa europea también se solidarizó, numerosos periódicos publicaron caricaturas de Charlie Hebdo; y el hashtag #JeSuisCharlie inundó la red. Todos reivindicaban la libertad de expresión, sin importar si era polémica o no.

Diferentes portadas de Charlie Hebdo y la portada de El Jueves por la que los dibujantes fueron multados con 3.000 euros

Una libertad de expresión que sin embargo desapareció, una vez más, cuando nos tocó de cerca. España, que había dado una lección tremenda de condena y solidaridad haciendo sendos despliegues informativos a un París de luto y acongojado, caería en el más absoluto cinismo con el caso de los tweets de Guillermo Zapata.

La noticia saltaba el 13 de Junio de 2015, el mismo día de la toma de posesión de Manuela Carmena como alcaldesa de Madrid. Daniel Lacalle, economista del PP, y Percival Manglano, concejal del PP en el Ayuntamiento de Madrid, fueron los encargados de viralizar unos tweets que Guillermo Zapata publicó en 2011 (enmarcados dentro de un debate en la red sobre los límites del humor a raíz del caso Vigalondo). Pedro J. Ramírez, director de El Español, el encargado de pedir la dimisión del edil. La cacería se había desatado.

Prácticamente todos los medios de alcance nacional se hicieron eco de la noticia. El Mundo y ABC fueron los primeros, luego llegarían El País, El Confidencial, El Español, La Razón, entre otros medios de menor relevancia. Todos a su manera contaban la noticia, en presente pues ningún medio aclara que son tweets antiguos, y con una clara ruta marcada: Zapata debe dimitir por neonazi. Y Zapata dimitió. Poco importó que esos tweets tuvieran 4 años. Poco importó las explicaciones del propio Zapata. Poco importó considerar la pregunta obligada de cómo esos tweets salieron a la luz.

Ese día, en menos de 24 horas, destruyeron todo lo que habían reivindicado en París, fulminaron la libertad de expresión y crucificaron a Guillermo Zapata tergiversando absolutamente todo alrededor de esos tweets. Exactamente como están haciendo ahora con la obra titiritera. Pero esta vez no hay alguien directo a quien disparar, esta vez Manuela Carmena no es un blanco tan visible.

Contribuye también que Celia Mayer, delegada de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, haya escurrido el bulto culpando (y cesando) a los programadores del Carnaval plegándose al discurso de la derecha de denunciar ante los juzgados a la compañía titiritera por incumplimiento de contrato y legitimando así el doble rasero imperante. Con eso el consistorio, de momento, se salva pero la derecha gana.

De la derecha hacia la izquierda todo vale.

La vieja hipótesis histórica del todo vale contra la izquierda hoy parece cobrar más fuerza. Todos los días vemos como referentes de la derecha (periodistas, políticos, tertulianos, pensadores) dedican exabruptos a sus homólogos de la izquierda sin que suela repercutir de forma contundente. Es casi una norma establecida y la derecha campa a sus anchas.

No hace mucho escuchamos a Federico Jiménez Losantos decir alegremente en su programa de ‘esRadio’ que de llevar una escopeta, dispararía a Iñigo Errejón y a Carolina Bescansa. Le hemos escuchado también llamar zumbada a Manuela Carmena y es uno de los que no para de catalogar los atentados terroristas de 11-M como golpe de estado de la extrema izquierda. Sin embargo, y salvo contadas ocasiones, nunca le pasa nada y sigue en sus andadas verbales.

No hace mucho también, escuchábamos a Eduardo García Serrano, presentador de El Gato al Agua en Intereconomía, calificar de puta, traidora, amargada y mal follada a la diputada de la CUP Anna Gabriel. A Eduardo García Serrano tampoco le ha pasado nada, semejante atropello parece pasar inadvertido y no se han abierto diligencias judiciales como sí sucedería con la izquierda por mucho menos.

Hemos visto y oído a políticos burlarse de los familiares de las víctimas de la represión franquista, de las víctimas de la violencia machista y de los parados. Hemos visto y oído a políticos decir que a los de Podemos habría que aplicarles Memoria Histórica en el más estricto sentido arqueológico. Hemos visto y oído a políticos decir que bombardearían ideologías porque no les gusta. Hemos visto y oído una ingesta de vejaciones contra la izquierda sin que nadie parece inmutarse y sin que los órganos que se encargan de sancionar estos comportamientos hagan algo.

Por ver hemos visto homenajes a la División Azul (unidad de voluntarios españoles que lucharon al lado del ejército nazi) por parte de la delegada del Gobierno en Cataluña, a 23 agentes de los Grupos Rurales de Seguridad (GRS), los antidisturbios de la Guardia Civil, fotografiados con gestos sonrientes ante la estatua del dictador Francisco Franco en el puerto de Melilla, y exposiciones en un colegio público de Quijorna (Madrid) con exhibición y venta de símbolos de la dictadura y esvásticas nazis.

Pablo Casado, Markel Gorbea Pérez, Rafael Hernando, Andrea Fabra y José Luis Ferrando del PP, Carina Mejías de Ciudadanos e Inma Sequí de VOX, entre muchos otros de partidos de derechas, se han ido de rositas. Al igual que periodistas como Alfonso Rojo, Alfonso Merlos, Hermann Tertsch, Eduardo Inda, y demás que siguen cómodamente en sus puestos sin que se les cuestione ni se les exija disculpas y dimisión.

Pero eso sí, la maquinaria mediática y política se pone a millón cuando desde la izquierda se satiriza o se hacen comentarios desafortunados. Tweets, obras de teatro, manifestaciones por la laicidad. Da igual, todo lo que provenga de la izquierda se penaliza, proceda o no, y si no procede siempre se tergiversan y manipulan las imágenes y los hechos para poder justificarlo. Tal cual denunciaba en forma de sátira el espectáculo titiritero y que El Mundo hizo tan bien en Agosto de 2011 al relacionar una manifestación en Bilbao de la izquierda ‘abertzale’ con ETA.

Portada de El Mundo del 27/08/2011 e imagen real de la pancarta con el lema “inposaketarik”, imposiciones en euskera

Je Suis Títeres desde Abajo

Alfonso Lázaro y Raúl García son los dos titiriteros enviados a prisión de forma provisional sin fianza por el juez Ismael Moreno. Les imputan enaltecimiento de terrorismo, que en nuestro Código Penal está tipificado en el artículo 578. Alfonso y Raúl están detenidos, acusados y señalados como etarras.

El único error que Alfonso y Raúl cometieron fue representar esa obra en una función destinada para niños. Hasta ahí llega su responsabilidad dado que el enaltecimiento del terrorismo es totalmente falso. La pancarta no significa nada y solo se puede entender en el desarrollo de la obra.

Que hubo un error de programación es algo que se puede reprochar sin necesidad de criminalizar a nadie, sin necesidad de censurar a nadie. Asumir errores es algo que también se puede hacer sin necesidad de criminalizar a nadie o de servir en bandeja esa criminalización. Era un espectáculo para adultos, sí, así lo estipula en su web la propia compañía titiritera y así lo dieron a conocer en el perfil de Facebook los programadores. Pero la sátira jamás puede ser delito; y la torpeza tampoco.

Lo de hacer autocrítica frente a la más que evidente negligencia por parte de la delegada de Cultura del Ayuntamiento de Madrid es algo que de momento brilla por su ausencia. Y es que independientemente de que los programadores fueran los encargados de estudiar la sinopsis de la obra, y a partir de ahí considerar si es apta o no para un público infantil, es obligación de ella supervisar que ese trámite y trayecto se haga concienzudamente.Así que estamos frente a un nuevo atentado a la democracia por parte de la derecha española que solo se consumará si la izquierda sigue mostrando debilidad.

 

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