Las ovejas negras van al centro

Por Earl Kiji @elkiji | Ilustración de LaRataGris @LaRataGris

Aunque no vaya a hacerlo en estas líneas, no descarto seguir criticando directamente al bipartidismo, su servicio al poder económico o el control que ejercen ambos en el electorado mediante la manipulación mediática; pero, el foco de la crítica en esta ocasión será para el españolito de a pie. Sí, el muy español y mucho español.

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He atizado más duramente al PsoE, pues los considero los máximos responsables de no tener un gobierno progresista (difícil conseguirlo contando con ellos, pero a algo cercano se hubiera podido llegar); al PP, cargando en mi último artículo contra la figura del presidente en funciones, el MR de los papeles de Bárcenas. No me ha dado tiempo afilar mis teclas contra Ciudadanos, seguramente porque los consideraba más inofensivos, atisbando que eran lo mismo de siempre pero sin tanto bagaje institucional en sus espaldas (en la espalda de Felisuco igual, a lo máximo, algún pinzamiento de cuando bailaba, o algún resquicio de colleja de Amparo Baró en el cogote del vividor congresista e interpretador de Cantó). Y es que muchos somos conscientes de lo que son y para lo que los han empujado hasta su posición. Sin embargo, hay un cierto murmullo de todos esos “apolíticos” (liberales que no saben lo que es tal doctrina, pero lo maman) que se definen como hartos de ir a las urnas cuando reniegan de la política cada vez que se les da la ocasión, que no tardan en posicionarse en el centro en el que sitúan a Ciudadanos cuando las conversaciones en la calle son un canto de sirena a la justicia social y por ende una crítica al PP.

En mi opinión, en estas tertulias de cafeterías o puertas de patio o de colegio, la marcada denuncia a los abusos del PP es un error que deja fuera a quienes compartes sus medidas de ensalzamiento del capitalismo, una forma de terrorismo social atenuado, pero martilleante. En este “falso centro” se encuentran C’s y la parte más rancia y vividora del PsoE, esos, cada vez más numerosos, que les están jodiendo las siglas. En el caso de los primeros, a pesar de llevar poco tiempo en el juego y, aparentemente, no les haya dado demasiado tiempo a hacer grandes barbaridades (aunque no están totalmente exentos de tretas o  malas intenciones) se han ganado a pulso el nombre de pinza. Resulta escalofriante ver como los dos partidos que llevan hundiendo paulatinamente a España desde que pudo instaurarse la democracia en tal nación de percusión- y no digo que los tiempos anteriores no fueran escalofriantemente más oscuros, sólo que no hemos podido alcanzar todo el progreso que un pueblo libre merecía por la lacra de sus gobernantes- no sólo no desaparecen ante alternativas más modernas y honestas, sino que pueda llegar a calar el rumor de su perpetuación incluso con su retroconsentimiento, facilitado por unos actores que no dejan de ser un instrumento del poder fáctico contra los anhelos de libertad de la gente, un partido del que en poco tiempo no quedaban más que unas brasas que los medios de manipulación se encargado de intentar aupar para contrarrestar la aparición de la ilusión y la esperanza en las Europeas, lo que podría haber supuesto el final vertiginoso de la era de los vividores.

Quizá parezca exagerado hablar de libertad en temas políticos y más concretamente en lo económico, pero no es así. Llevamos tiempo apretándonos el cinturón porque unos cuantos de los nuestros vivieron por encima de sus posibilidades con el permiso del sistema y de los bancos, pero ahora lo están pagando con creces, y no quiero pensar en justicia al acordarme de aquellos que lo están pagando sin haber siquiera cometido esos excesos en la época de las  “vacas gordas” de panza inflada por una burbuja de metano. Luego están los que no son los nuestros, los banqueros, no el del tipo de la oficina al que despidieron o que sigue en su puesto sometido a una presión asfixiante, sino aquellos que siguen viviendo por encima de sus posibilidades, generando esta presión en estos pobres cajeros y en los clientes en general. No están solos, les acompañan los empresarios y los políticos corruptos que mantiene un sistema en el que sólo ellos pueden seguir viendo a todo tren, endeudándonos a los demás hasta términos que comprometen nuestra supervivencia. Porque el dogma del liberalismo consiste en privatizar las ganancias, pero nacionalizar la pérdidas. Vuelvo a matizar que no exagero, pues hay gente que se ha quedado sin la capacidad de cubrir necesidades vitales que probablemente podrían ser gratis con el desarrollo tecnológico que hemos adquirido (suministros de agua, luz o alimentación básica), con un avance social proporcional al mismo. Y recalco que hablo de necesidades básicas, porque cualquier cínico liberal me dirá que eso no se puede mantener, que habría quien consumiera de lo que se nos da de manera irresponsable o incluso tienen la triste convicción de que hay gente que, por su estatus, merece vivir consumiendo más que otros. Para mí esa opinión refleja la putrefacción moral del hombre que vive dentro y abraza al sistema capitalista, convencido de que es la mejor opción para sus intereses particulares (pocos cínicos hablan de que pueda generar bien común, aunque los hay, y ya les vale…). De este modo, no creo que se pueda decir que una persona que no llega a  cubrir sus necesidades básicas viva en libertad, pues no es más que un prisionero de la pobreza que le viene otorgada por su clase.

Puedo vivir con que haya gente que consiga determinados privilegios por generar para su sociedad un valor que otra persona no pueda producir, pero en el momento en el que sus privilegios alcanzan tal exceso que dejan sin cubrir el mínimo vital de cientos o miles de los nuestros, tal idea me resulta nauseabunda. Uno de los grandes ejemplos a este respecto es el mercado eléctrico, que sitúa en sus extremos a multimillonarios (los de las giratorias) que no aportan más que una cartera de clientes adinerados y un sinfín de polémicas territoriales que llegan a violar los derechos humanos, y a gente que no puede pagar para tener una nevera funcionando permanentemente o que incluso pierde sus casas por la disputa de una tierra rica en un determinado recurso natural. A estos que quieren vendernos que Amancio Ortega es el puto amo por haber exprimido tal fortuna, porque no hay verbo constructivo que refleje lo que se hace con los derechos laborales y vitales de los que levantan el mausoleo en vida que es la fortuna del magante, que se lo hagan mirar, o por lo menos que recuerden que también denominaban a Rato como el “milagro económico español”.

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Cuando en la calle, en mi entorno, escucho criticar el ego de Pablo Iglesias, las “irregularidades” de Monedero, Errejón o Echenique, lo del niño de Bescansa o alguna sandez de las que airean Pantuflo (casos contra Podemos que se han archivado judicialmente) o Marhuenda (que dice que cuando va a la sanidad pública aún lo atienden), me doy cuenta de que queda mucho por cambiar. Los que entendemos que la política es para facilitarnos la existencia, para darnos la libertad de no tener que morir de inanición y la responsabilidad de no vivir por encima de nuestras posibilidades -sin renunciar a que “las posibilidades” se consigan con méritos y no con herencias y chanchullos, y que no es un juguete de dominación de clases- no nos avergonzamos de criticar el sistema en el que vivimos. La respuesta del liberal, si no en su entorno, “avergonzado”, es el silencio (en los que calas inmediatamente como votantes agazapados del PP) o lo que antes era el decir que se es apolítico y situarse en el centro y ahora se ha convertido en la crítica fácil a Podemos sin ningún tipo de remordimiento,  construida en los medios de comunicación y no en su propio raciocinio (en la que podemos encasillar al fiel del PsoE, que no socialista, o al cuñado que se las da de moderno y pone sus esperanzas en la regeneración del régimen con una nueva derecha más joven pero igual de corruptible). En este juego de los medios, mención especial a la Sexta, considerada antaño como la tele de Podemos y que lamentablemente parece haber mantenido tal título. Lamentablemente porque a pesar de seguir denunciando los abusos del sector más radical del capitalismo, ha dejado de criticar que los que se autositúan en el centro sigan las mismas directrices que estos. Así, con la peor de las intenciones, intentan tratar a todos los partidos por igual para dárselas de neutrales, cuando lo que están haciendo, sospechosamente, es intentar relanzar al PsoE en la línea de los medios controlados por Cebrián.

El españolito, que ve los mazazos a la verdadera fuerza del cambio en los medios públicos, en el programa de la Griso, de AR y que ahora ve la hostilidad en la que decían ser la “casa” de Podemos, con el característico matrimonio que trata de vendernos que su crítica es “Objetiva”, cuando “no se nota nada”  que beben los vientos, de forma que sólo el dinero puede explicar, por La Faraona de Al-Ándalus; tiene claro que ha de situar a Unidos Podemos en el extremo “radical” opuesto al PP y en el caso de que no le convenzan las dos alternativas a ambos, la balanza pueda decantarse más fácilmente por los que, a pesar de estar robándonos el dinero y los derechos, tienen el apoyo de tantos de “nosotros”.

Porque carajo, si soy español, ¿por qué no muy español y mucho español? Y hasta quiero que el vecino del alcalde…

La opinión pública es más moldeable con cada “reality” que emite Tele5 o cada sonrisita cargada de cinismo de Pantuflo y “Sancho Panza”. Sinceramente, no corren buenos tiempos para el juicio crítico del españolito de a pie, al menos mientras no asuma el reto de informarse de manera independiente, de querer ver la luz que se atisba en el interior de la caverna.

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