Larry está aquí

Por Puertos

Hoy ha llovido, mañana puede que llueva, pero seguro que llueve en Londres. La total información es una herramienta más para no estar preparados, para dejar pasar todo. Conocer todo, al final, es no conocer nada. Nuestra relación bulímica con la información nos invita al exceso y al vómito.

Oliver Stone, —conocido director que se atreve a hablar de Snowden en el cine— desvela que Pokemon Go es una herramienta de información, del famoso big data. Es un ejemplo más de miles de “descubrimientos” o “destapes” del capitalismo, es un ejemplo más de una política propagandística pasiva. Lejos queda la propaganda del siglo XX en contra de la otra ideología, en contra de la otra cosmovisión: El socialismo. En su camino hacia la hegemonía política, como si no la tuviese ya, el capitalismo ha descubierto que ya nadie sueña en américa; que nadie cree en los sueños.

En la política propagandística de nuestro contexto, Larry es necesario. —Larry es el nombre de pila que recibe el pájaro de TW— Facebook es necesario, la conexión interpersonal instantánea y, explícitamente, a distancia; es necesaria. El capitalismo puede desnudarse y mostrar sus miserias, puede prostituirse al conjunto de la civilización y seguir en la cresta de la ola. No hace falta entrar en el análisis rupturista Foucaltiano del Estado, porque el Estado ya no es un problema. Dentro de la vertiente infantil de la izquierda política está la necesidad de entender el Estado como solucionador de problemas, sin comprender las esposas que el propio Estado tiene —un Estado estético carente de poder, es dejado en muchas ocasiones en manos de la izquierda para que sean los mejores gestores de la miseria— Es imposible velar por los obreros a la par que se mantiene una UE pervertida y perversa, una UE que no es ni unión, ni europea. Y aquí se acepta la idea de romper con la UE, para superar la UE que diría, esperó, el filósofo francés.

Sabiendo las limitaciones de un Estado en nuestro contexto, en nuestra tierra, es decir, habiendo superado el proceso de niñez de la izquierda. Nos encontramos con una propaganda que no responde a los patrones de Goebbels —patrones que uso la Alemania Nazi contra sus enemigos, mediante los cuales actuaba de una forma activa y negativa— El capitalismo no necesita escupir al socialismo para abatir al socialismo. La propia izquierda escupe sobre sus cimientos. El discurso hegemónico se sabe desnudar, sabe que parte del cuerpo mostrar y sabe que no hay, hoy en día, alguien que le toque y conozca su cuerpo —Se anhelan analistas marxistas lejos del entramado gubernamental—.

Se acepta la violencia, la desigualdad y el cambio climático. Se filtra la corrupción, la manipulación y los bombardeos indiscriminados; también un nacionalismo —ahora más que nunca actual—. Se sabe que es una ideología corrosiva, el propio capitalismo es anticapitalista. Pero también se sabe, que no hay respuesta. La contra-política, el discurso que ha de superar al capitalismo no está construido, no tiene la velocidad de construcción que el momento exige. Si creemos que la respuesta tiene que ser también instantánea, o sea, si creemos que el discurso opuesto no tiene la obligación de pararse y observar. Y dentro de la observación, generar una observación selectiva. Un análisis que obvie, un análisis que analice, que no escupa.

La montaña de humo es tan densa, que cuesta verse los pies. Larry vuela tan rápido y sin ningún nido que no se sabe dónde va a posarse esta noche. El cazador —socialista— mueve tanto la escopeta “teórica” que no sabe a qué apuntar, y falla. Así pues, el problema de la izquierda radica en la respiración, en la especialización científica. Claro, el infantilismo estatal no es únicamente estatal, es un infantilismo teórico. La necedad de un todo-caminos socialista, es la necedad del socialismo. Lenin escribe, acertadamente, en “¿Qué hacer?” que la acepción tradeunionista inglesa conseguía más apoyos porque era una acepción propia del capitalismo, de una ideología completa y formada. A continuación, escribe sobre el socialismo, lo cual nos interesa más, que es una ideología en construcción e incompleta, una ideología que necesita una vanguardia. El capitalismo se ha dado cuenta de ello, sabe que el ejemplo comunista no ha tenido éxito entre la gente; en parte a su política pasada activa, en parte a su práctica. Pero la derrota del socialismo no es la caída del muro, no es su “fallo”, el error está en su abandono europeo.

En esas últimas palabras de Lenin encontramos la falta de la izquierda, la falta de la respuesta. Palabras que unidas, y aviso, descontextualizadas a las que Stalin pronuncio años después: “Hemos visto lo que el capitalismo ha conseguido en 100 años, nosotros tenemos que lograrlo en 6”. Se puede entender la estupidez querer correr más rápido que el capitalismo —en el terreno casi-teórico— y querer ser vanguardia. Casi teórico, por lo segundo. A 160km/h tu presencia en un punto casi ni existe, al segundo estas en otro punto.

Se acepta la violencia, la desigualdad y el cambio climático. Se filtra la corrupción, la manipulación y los bombardeos indiscriminados; también un nacionalismo —ahora más que nunca actual—. Se sabe que es una ideología corrosiva, el propio capitalismo es anticapitalista. Pero también se sabe, que no hay respuesta.

El socialista tiene que entender y defender todas las posturas consecuentes que el socialismo conlleva, pero el socialista no tiene que argumentar todas las posturas consecuentes que el socialismo conlleva. Es decir, es necesaria la especialización dentro del militante socialista. El discurso exige una respuesta argumentada del ejemplo, sabiendo que el ejemplo pertenece a un conjunto, pero sin caer en el maximalismo del conjunto. El socialismo ni se adapta ni conoce como adaptarse al vuelo de Larry, pero sabe que Larry siempre vuela. Es necesario un conglomerado de intelectuales capaces de presentar batalla, es necesaria la vanguardia, pero la vanguardia especializada. Que se siente, que sepa donde sentarse, y que hable. Una respuesta quieta, que atraviese la velocidad. El cartel del radar, la luz del radar.

El socialismo, como ya he dicho, conoce el vuelo de Larry —vive en el progreso tecnológico— y tiene que aprovecharse de Larry. Debe ser una rama para él, verter información, pero obligando a parar a Larry. Lo describe bien el comité invisible en “A nuestros amigos” —Aunque a Rendueles le moleste—: También para la revolución pueden usarse las redes sociales. Sabiendo cómo usarlas, y sabiendo que la quietud —en términos ideológicos— es seguir a 160km/h sin freno.

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