La tecnología: premio o condena

Por Jacinto Domínguez @FloresDeAcero


1º parte: Principios básicos del capitalismo

2º parte: El valor del trabajo

3º parte: Diferencias económicas

4º parte: El precio del producto

5º parte: Adulteración de valores


Cada vez más las tecnologías tienen más presencia en nuestras vidas, y no sólo en nuestra vida social sino también en la laboral. Estas tecnologías empiezan a sustituir a las personas, vemos programas, máquinas o robots que realizan funciones encomendadas anteriormente a personas, estos avances no son nada novedosos, han ido creciendo exponencialmente desde la Revolución industrial, pero en un principio estas tecnologías que sustituían al hombre creaban a su vez nuevos puestos de trabajos que remplazaban a los destruidos, la llamada “destrucción creativa”, pero hoy en día están empezando a crear menos trabajos de los que destruyen, empecemos con ejemplos, cuando vamos a los supermercados vemos que existen unas nuevas cajas automáticas que te cobran sin la necesidad de cajera, suele haber una para todas ellas, ya sean 4 o 6, y sí, estas cajas automáticas se estropean y necesitan programación, pero los técnicos encargados de su mantenimiento no sustituyen a todas las cajeras que han sustituido estas maquinas. Este ejemplo usa Conor Lynch: “En 1990, los fabricantes de automóviles estadounidenses obtuvieron $ 36 mil millones en ingresos en total, y emplearon a más de un millón de trabajadores, en comparación con Apple, Facebook y Google hoy en día, que en conjunto consiguen más de un billón de dólares en ingresos pero, sin embargo, sólo emplean 137.000 trabajadores”.

pobre

Es verdad que la tecnología ayuda a producir más y a que sea más accesible a todo el mundo, pero resulta que los sueldos no suben a la par que aumenta la producción y además se destruyen puestos de trabajo, mientras los beneficios a causa de estos avances siguen en aumento, y esto debe a que los medios de producción y estos avances son de propiedad privada, evitando que los avances sociales a la mano de los tecnológicos sean disfrutados plenamente por la sociedad, ya que la sociedad los disfruta en la medida que ese disfrute le genere un beneficio al dueño de los medios que los producen.

Empezamos a apreciar la existencia de máquinas que producen máquinas y de programas que crean programas, pero no olvidemos que estas creaciones a manos de entes tecnológicos son gracias a la anterior mano de obra humana, es decir, alguien ha tenido que usar su fuerza de trabajo en desarrollarlas y fabricarlas, por lo que cuando se compra el producto de una máquina o programa, lo que pagamos es la fuerza de trabajo que ha hecho posible esta creación. Por lo que seguimos dependiendo de la fuerza de trabajo. Pero a este ritmo llegará el día en que las máquinas harán todo el trabajo o casi todo, y esto tiene dos finales posibles, dependiendo de la propiedad de estas máquinas, si siguen siendo privadas y no sociales condenarán a que el mundo pertenezca a los dueños de las máquinas y al resto a subsistir de una forma pobre, o si se socializan estos medios de producción y se ponen a disposición de los intereses del pueblo, esa riqueza sería distribuida y equitativa, pudiendo sacar el mayor rendimiento y producción a los recursos naturales sin perjuicio de nadie y satisfacer las necesidades básicas de todo el mundo. El mismo físico y cosmólogo Stephen Hawking dijo: “Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo se distribuyen las cosas. Todo el mundo podrá disfrutar de una vida de lujo ociosa si la riqueza producida por las máquinas es compartida, o la mayoría de la gente puede acabar siendo miserablemente pobre si los propietarios de las máquinas cabildean con éxito contra la redistribución de la riqueza. Hasta ahora, la tendencia parece ser hacia la segunda opción, con la tecnología provocando cada vez mayor desigualdad”.

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