La herencia que nadie denunció

Por Filosofía Perdida

El gobierno del Partido Popular ha estado utilizando para todas las cosas negativas que no ha sabido, no ha querido o no ha podido afrontar (claro que si no podían, tenían que haber dimitido), una expresión que se ha quedado para siempre con nosotros: la herencia recibida. Una herencia recibida de la que prometieron no quejarse, para pasarse esta promesa por el mismo sitio que su programa, la dignidad de sus conciudadanos o cualquier principio que debiera regir a un político que aspire a representarnos. Marearon tanto este concepto que veo oportuno aceptarlo.

Yo nunca he tenido acceso a más herencia que la calvicie que cada día parece estar más cerca de mi cabeza, pero viendo que tanto se habla de herencia, sería conveniente recordar la herencia que nos dejó el gobierno de Mariano Rajoy. No me estoy refiriendo a un sistema económico planteado en la burbuja inmobiliaria, en el pelotazo, la especulación y el turismo de sol y playa que, una vez nos ha sumido en la peor crisis que hemos vivido en toda nuestra historia, han amenazado con volver a lanzarla en sitios como Murcia, y todavía prometen retomar allí donde aún no han perdido el poder a pesar de sus innumerables casos de corrupción.

Es evidente que la herencia de los años 2000-2008 ha sido igual de horrible tanto por el empeño de un gobierno que negó la crisis, como por la multitud de gobiernos autonómicos como los de Valencia o Madrid. Sufrimos un gobierno que hizo todo cuanto pudo por potenciar la riqueza (propia, no se hagan ilusiones) vendiéndonosla como una riqueza global, y es que, como ya ocurre cada vez que se da la lista de Forbes y se nos muestran a los españoles que han llegado a ella, sin decirnos exactamente con qué métodos (pues con trabajo duro nosotros no llegamos a fin de mes), pretenden vendernos que si le va bien a unos, les irá bien a todos, como ya se hizo en los estados del sur de Estados Unidos antes de la guerra de Secesión, para que los esclavos de los campos de algodón no pensasen en rebelarse contra un amo cada vez más rico a su costa.

La herencia del gobierno de Rajoy que quería hablarles, es en realidad la herencia del gobierno de su padre político, Manuel Fraga. Aquel hombre de “la calle es mía”, de los sucesos de Vitoria, de los Paradores Nacionales para que los ricos disfrutasen del patrimonio nacional, y que no recibió castigo por su labor en el franquismo. Es el mismo gobierno que compartió con el carnicero de Málaga, Carlos Arias Navarro, que, aunque se presentó como senador por el mismo partido en que militaba Rajoy y Fraga, tras el fracaso estrepitoso de su candidatura en las primeras elecciones, no volvió a presentarse, pues el franquismo no daba tantos votos como pensaron.

Sufrimos un gobierno que hizo todo cuanto pudo por potenciar la riqueza (propia, no se hagan ilusiones) vendiéndonosla como una riqueza global

Esta herencia recibida, piensan algunos repitiendo la voz del partido que fundaron los franquistas travestidos de demócratas, ya ha pasado. O como dijo Felipe González a las multitudes que aplaudían su socialismo de privatizaciones, corrupción, OTAN y alianza norteamericana, “no interesa a nadie remover”. Parece que a fuerza de caerle el polvo del tiempo, o de convivir con nosotros, se encuentra tan habituada nuestra vida a ello que ni siquiera nos hemos preguntado por qué seguimos con tantas cosas heredadas de Franco, aquel dictador que, cuarenta años después de muerto, unos siguen celebrando (algo que en Alemania es delito y en España parece ser legal) y otros seguimos sufriendo aunque debajo de una cruz gigante y mucha piedra, solo quedará de él poco más que cadáveres de gusanitos.

Todos hoy tenemos un jefe de estado que, al igual que Franco no fue votado, es más, nos vino impuesto por él. Tras una educación en los valores que Franco quiso darle, tras alabar la figura del dictador y prometer someterse al movimiento, se nos encasquetó en un referéndum del que la única alternativa a la monarquía parlamentaria era la monarquía absolutista falangista, con las cortes elegidas por el dictador y las leyes también. Hoy nos venden como algo bueno y maravilloso un hijo del anterior jefe de estado, otra vez sin la legitimidad de los votos, con un pueblo silenciado y un parlamento que, lejos de reconocer a sus bases, votó por permanecer como antes (algo que podemos achacar al partido antes conocido como socialista).

Pero no solo se trata de esta monarquía, sino también las estructuras del estado y las personas que de ella forman parte. Al fin y al cabo, si los ricos no podían ser contrarios al régimen, ¿quién de los mejores posicionados iba a estar en contra de Franco por muy demócrata que se hiciese llamar después? Así tuvimos tres partidos maravillosos para colocar a los herederos del régimen: UCD, con el que dos miembros de la falange llegaron a presidentes del gobierno en “democracia”, y otros tantos a ministros, senadores, delegados del gobierno y alcaldes; AP, hoy PP, donde el padre de Mariano Rajoy y su familia política, sin necesidad de jugar en el centro, reivindicando la labor de Franco y fingiendo que aceptaban la democracia, se colocaron en la parte derecha de la cámara para luego ir maquillando su discurso hasta alcanzar el poder en el año 1996; y PSOE, donde un partido histórico de izquierdas, aceptó todo lo que le pidió el franquismo en la transición para alcanzar el poder, desbancar al PCE, firmar todo lo que Franco quiso que estuviese atado, y renunciar a todo lo que daba sentido a sus siglas.

El franquismo nos dejó una herencia contra la que no ha luchado ningún gobierno, porque todos los gobiernos se han beneficiado

La transición fue un gran trabajo de propaganda, un juego de luces maravilloso y una gran sesión de fuegos artificiales, donde los franquistas aceptaron que, para seguir enriqueciéndose tenían que perdonarles la vida a los que no pensaban como ellos y dejarles hablar, mientras los que no pensaban como ellos, a cambio de poder alzar la voz, renunciaban a la justicia para sus asesinos, verdugos, jueces, torturadores y demás aparato que les hizo la vida imposible porque se había declarado su pensamiento ilegal.

Todos contentos. Sacamos adelante un gran cuento donde las familias ricas de antes siguieron siendo ricas, los políticos de entonces siguieron haciendo política, la familia real siguió viviendo a cuerpo de rey, quien aceptó las normas pudo estar tan bien como antes (hiciera lo que hiciese unos años antes), el ciudadano y la ciudadana tenían que cantar a Jarcha o Cecilia, pensando que si le apretaban menos el cuello, algo había ganado, y todo cambió de aspecto, pero no lo hizo así de naturaleza.

Esta es nuestra herencia, mientras los franquistas se fueron de rositas, no se acabó con oligarquías y tramas corruptas, se ganaron unas pocas libertades y derechos, pero seguimos viviendo en una democracia deficitaria, sin verdadera democracia formal ni democracia material, un poder desde arriba nos permite hablar o actuar, dentro de la parcela que acota, en lugar de hacerlo al revés; no es el poder del pueblo, sino el poder que los hijos del franquismo permiten que tengamos. El franquismo nos dejó una herencia contra la que no ha luchado ningún gobierno, porque todos los gobiernos se han beneficiado de que no exista una verdadera democracia, mientras los partidos que luchan por conseguirla están silenciados o son atacados duramente si se acercan al poder.

Amig@s, si queremos deshacernos de la herencia recibida, más que un mal u otro en la economía, por culpa de dos nefastos gobiernos, hay que reivindicar el fin del mal recibido de Franco, una nueva constitución que nos traiga una democracia verdadera, con una justicia seria y una política honesta, lejos de las oligarquías aún hoy existentes, y la corrupción que las mantiene. Necesitamos un cambio total, quejas sobre los parches no servirán de nada mientras la nave haga aguas.

 

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