La Guerra de las Dos Rosas

Por Claudio de Prócer @rojo_y_blasfemo | Ilustración de Iñaki y Frenchy @inakiyfrenchy76


En el conflicto desatado en las filas del PSOE no sólo están en juego los liderazgos, sino las posiciones políticas, las relaciones con otros partidos y el futuro de la formación.

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No es que me guste especialmente ponerme dogmático, más bien al contrario. Pero en estos aciagos (o no) momentos de convulsión de la centroizquierda española, es preciso recordar a uno de los grandes pensadores del marxismo-leninismo; tan grande que añadió su propio nombre al de Marx. Así, en vísperas de la revolución rusa de 1917, Vladimir ÍlichUliánov, Lenin, decía: “Las masas están mil veces más a la izquierda que los mencheviques, y cien veces más a la izquierda que los bolcheviques”.

Los mencheviques, escisión de los bolcheviques y entonces apasionados defensores de la convergencia política con los partidos del régimen liberal postzarista, se mostraban a juicio de Lenin totalmente desplazados de la consciencia política de la población rusa, que pedía más. Para él, los bolcheviques también estaban lejos, pero nada comparable con el pacto antinatural de una fuerza considerada de izquierda con los que habían estado saqueando la tierra eslava durante siglos. En su cabeza, ser menchevique era ser enemigo de las bases, de los socialistas obreros, de los revolucionarios que acababan de derrocar a un despótico zar. Nada más que traidores para los de abajo y aliados de conveniencia para los de arriba, delante de los cuales se quitaban la careta del socialismo.

¿Nos suena? Es lo que acaba de pasar en el PSOE esta semana. Porque no es una disputa Díaz- Sánchez, no es una bronca González- López. No es un problema de liderazgos, de órganos o de congresos. Lo que se está peleando es el poder, el pulso es entre la democracia interna de un partido que hasta Pedro era más bien una autocracia y la verdadera democracia, el traspaso de poder desde las altas esferas del PSOE a los fundamentos del mismo, que son los militantes.

A ver, sí. Que comparar al PSOE con los bolcheviques y a Pedro Sánchez con Lenin es tomarse una licencia literaria muy seria y un posible insulto pero los segundos, pero es lo que hay. Obviamente el nivel de las reclamaciones sociatas no es el de la Rusia revolucionaria de 1917, pero podemos hacer la analogía, con casi cien años desde los hechos. Es lo que hay, por desgracia. Pero estaría bien recordar que mucha gente, sobretodo mayor, siempre ha considerado al PSOE la izquierda, contrapuesto a la oligarquía, a las empresas, a los ricos. Que no sepan que no es así no significa que la opinión pública está equivocada y que por lo tanto toda esta divergencia en el PSOE es una chorrada porque son lo mismo (vendidos), precisamente lo contrario. El hecho de que los militantes y el PSOE en sí se consideren verdadera izquierda es lo que ha provocado, abierto y agravado esta crisis en el centro neurálgico de la formación. Es el eje de la pelea entre ser fieles a los restos izquierdistas que quedan después de cuarenta años de olvido ideológico, o bien ser rupturistas y abrazar bien al liberalismo burgués de una vez por todas.

Las masas psoecialistas, igual que los revolucionarios rusos de base, ansían en estos días más izquierda, que indefectiblemente siempre ha sido sinónimo de más democracia. Las masas, por primera vez en la historia de este partido del Régimen, jaleadas por la idea de regeneración, reclamaron en 2014 poder elegir a su Secretario General. Y lo consiguieron: Pedro Sánchez es el primero de una larga lista de líderes socialistas elegido por consulta a las bases. Las masas habían hablado. Ahora, en esta guerra abierta de 2016, la amplia mayoría de los militantes siguen apoyando a su Secretario General electo, en movilizaciones y en reuniones locales. Reivindican ese posicionamiento a la izquierda de Sánchez; pero quizás hay que quitarle algo de mérito al elegido. Su posicionamiento es el resultado, la reacción, de la acción de Susana y Felipe, situados claramente a la derecha. No está en la izquierda por gusto, sino por obligación del contexto. Es en la izquierda desde donde puede jugar su mayor y casi única baza: la militancia.

Y en frente, no la escisión pero casi: la oligarquía acomodada del partido, reacia a aceptar las reclamaciones de las bases, de respaldar a su representante elegido democráticamente y de juntarse con la demás izquierda del espectro político español, demasiado “radical” y “dogmática”. Esta oligarquía no está dispuesta a acatar las decisiones de la plebe, pues nunca la han considerado más que eso. Sin embargo, sí están dispuestos a meterse en la cama con cambiapieles del tamaño de Rivera o de forzar, que no tiene otro nombre, las bases a aceptar cuatro años más de Rajoy. Pero si no cuentan con las bases, sí que cuentan con toda la maquinaria empresarial y mediática, reclutada a través de años de fluida relación a través de diversas puertas giratorias. El grupo PRISA, añadido a toda la prensa de derechas, va a escupirle la flema en la cara tanto a Sánchez como a sus bases. Y finalmente, no olvidarse de los barones territoriales, más castizos que Cayetano de Alba, y a los cuales la democracia interna y los giros a la izquierda no les van mucho.

Ya no es una la rosa roja del PSOE, se ha dividido en dos; de una parte las bases, del otro la oligarquía. De un lado Pedro Sánchez, representante de la democracia interna, y del otro Susana Díaz y Felipe González, que representan la esencia del Régimen del 78. Sí, ese espíritu que tanto emula de Adolfo Suárez el Presidente de Ciudadanos, ese espíritu de la transición y las goodvibes “democráticas”. Esa falta de principios que ahora se manifiesta en la macabra intención de unos cuantos golpistas en las filas del PSOE para que pueda gobernar Rajoy, que ha demostrado ser tan digno de confianza. Eso que hace que, de manera irónica, los usuarios de Twitter exijan ver el carné del PP de los Tejeros sociatas.

Esas dos concepciones, la de “partido de izquierdas” y la de “partido del régimen”, son las que se enfrentan estos días en Ferraz. Cada bando prepara su arsenal, sus estrategias y su asalto al poder. La destrucción mutua está asegurada. Pero de las cenizas saldrá un PSOE coherente, afirmado en sus convicciones, sean las que sean. Un PSOE que por lo menos pueda decidir de una vez por todas que va a pasar con el Gobierno de España. Porque ya se sabe; en los momentos de crisis es cuando descubres cuáles son tus amigos de verdad, y ahora Sánchez los está recontando. Y con los que no pueda contar, serán carnaza, pero sólo si vence. Congreso Federal iscoming, y de él dependerá todo el país.

 

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